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Real Zaragoza, un año sin goleador

Álvaro Vázquez es el máximo artillero del Real Zaragoza con menos dianas tras 36 jornadas en el actual ciclo de seis temporadas en Segunda División

Álvaro Vázquez, en la celebración de uno de sus dos goles con el Real Zaragoza ante el Oviedo.
Álvaro Vázquez, en la celebración de uno de sus dos goles con el Real Zaragoza ante el Oviedo.
José Miguel Marco

El triplete de Marc Gual al Córdoba, por lo inusual del caso y lo excepcional del protagonista, ha devuelto a la primera línea del Real Zaragoza el que, posiblemente, haya sido, y siga siendo, el meollo de su temporada fallida: la ausencia de un goleador de referencia. Una figura que, durante el actual ciclo en Segunda del conjunto aragonés, ha tenido cierta presencia en los nombres de Borja Bastón, Ángel Rodríguez y Borja Iglesias. Tres delanteros con el pulso de gol vivo en años concretos, capaces de meterse entre la flor y la nata de los rematadores de la categoría y ganarse, gracias a ese instinto conjugado con acierto, un billete en la Primera División. Al Zaragoza le han faltado y le han sobrado muchas cosas esta temporada, pero, sobre todo, se le ha extrañado ese referente. Pasadas 36 jornadas, ninguno de sus delanteros, según se adivina, asaltará la frontera de los 20 goles en un año como hicieron Ángel y ‘los Borjas’. Puede decirse, en todo caso, que a duras penas, si lo consiguen, Álvaro Vázquez y Marc Gual cruzarán la barrera de los 10 goles si, en las seis jornadas restantes, la pólvora entra en combustión en sus cañones y la mirilla afina su puntería.

Ninguno de los dos ha estado a la altura de las exigencias y expectativas, especialmente Álvaro Vázquez, quien por trayectoria, recorrido, valor de mercado y coste salarial debía erigirse en protagonista del gol en este Real Zaragoza. Su tren ha descarrilado. Con apenas ocho goles, es el máximo artillero del equipo, pero esa cifra se revela pobre si se contrasta con las de sus antecesores. A estas alturas de la temporada, todos los goleadores principales que ha tenido el equipo aragonés en su actual ciclo de seis temporadas en Segunda División presentaron mejores números que el punta catalán. Como es obvio, también dejan muy pequeños los cinco goles de Marc Gual, que no ha funcionado como plan B.

En la campaña 2013-2014, Roger Martí, cuyas cifras fueron discretas también, sumaba 9 de los 12 goles con los que cerró la temporada. Al año siguiente, Borja Bastón rompió moldes: acumulaba 20 tantos de los 22 que casi le dan el ‘pichichi’ de la categoría. Su sucesor, Ángel Rodríguez, tuvo un primer año gris, incluso Ortuño, en la primera vuelta (7 goles), antes de ser relevado en la plantilla por Dongou, tuvo mejores promedios. Ángel llevaba 9 goles en la jornada 36 y acabaría esa primera campaña con 11. Al curso siguiente, el menudo delantero canario explotó de tal modo que el Zaragoza, prácticamente, se agarró a él para salvarse. Totalizaba 20 goles a estas altura, y finalizó el año con 21. El siguiente eslabón en esta cadena fue Borja Iglesias. Su temporada fue brillante en todas las facetas, también en el remate: marcó 22 goles, de los cuales 17 ya los había metido en la jornada 36.

Y así se llega a Álvaro Vázquez. En los últimos tres meses solo ha marcado dos goles, en Las Palmas y al Almería en La Romareda. Antes le había metido dos al Oviedo, y entre medio, en la celebración, se tapó los oídos en un gesto de aparente reivindicación que el tiempo le ha devuelto como un revés. Después, Álvaro Vázquez encadenó tres encuentros con errores letales en el gol, con un peso crucial en el desarrollo de los partidos o en el resultado. Contra el Lugo, el punta desperdició tres claras ocasiones en la primera mitad –incluido un penalti–, antes de que los gallegos se adelantaran y obligaran al Zaragoza a nadar contra la corriente. Frente al Albacete , también con 0-0, Álvaro se estrelló contra Tomeu Nadal en un mano a mano que pudo resolver de mil maneras, una ocasión que pudo girar por completo el guión de un encuentro igualado y también el destino del Real Zaragoza en la temporada, entonces en clara línea ascendente y aún con opciones de promoción. Una semana más tarde, contra Osasuna, también falló un gol decisivo.

En las últimas jornadas, su frecuencia rematadora ha bajado, en parte, por el nuevo papel que le ha asignado Víctor Fernández, arrinconándolo en la banda izquierda y alejándolo de la zona de remate. Álvaro ha perdido naturalidad –su verticalidad y carrera al espacio en dirección a la portería–. Entre unas cosas y otras, el gol se le resiste.

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