Real Zaragoza

El Sadar, un campo donde jugó primero el Real Zaragoza antes que el Osasuna

Su inauguración oficial fue con un Real Zaragoza-Vitoria de Setúbal (Portugal), el 2 de septiembre de 1967, dentro de un torneo triangular en el que también participó, obviamente, el equipo local.

Encabezamiento de la crónica y ficha del Real Zaragoza-Vitoria Setúbal con el que se inauguró El Sadar, el estadio de Pamplona, en septiembre de 1967.
Heraldo de Aragón Documentación

Cosas de la vida. Curiosidades que hoy en día no tendrían razón de ser. Rarezas que quedan para la posteridad y que, con el paso de los tiempos, en la modernidad, no tienen una explicación lógica para las generaciones contemporáneas. Los más jóvenes, alucinan. El Sadar, emblemático estadio de Pamplona, feudo del Club Atlético Osasuna desde 1967, fue inaugurado en septiembre de ese año... con un partido Real Zaragoza-Vitoria Setúbal, club portugués de primer nivel en aquellos años y los posteriores setenta y ochenta del siglo pasado (fue rival zaragocista en la UEFA, en la época de los Zaraguayos).

En efecto. Si se preguntara en voz alta con qué choque amistoso se cortó la cinta de El Sadar, la lógica llevaría a pensar que fue un partido entre el Osasuna y otro. Pues no. La directiva navarra de por aquel entonces, montó un torneo de verano triangular en el que participaban el Osasuna, naturalmente; el Real Zaragoza y el referido club luso del Vitoria Setúbal. Y el calendario que se estableció por la organización programó, de entrada, el Real Zaragoza-Vitoria Setúbal, dejando para los dos días siguientes las citas del club osasunista ante su ilusionada afición, que dejaba atrás para la historia el mítico campo de San Juan para dar paso al moderno El Sadar, a las afueras, en la carretera de Zaragoza precisamente. Hoy en día, a ningún responsable de márketing, director general o responsable de alto nivel de una SAD o club se le ocurriría empezar la andadura de un estadio con un partido en el que no estuviese presente el equipo titular.

De tal manera que, para la posteridad, ha quedado escrito que el primer partido que se disputó en El Sadar fue ese Real Zaragoza-Vitoria Setúbal. Sin el Osasuna como protagonista. En aquella inauguración oficial del estadio rojillo, el Real Zaragoza de los Magníficos empató 1-1 con los portugueses. Era el sábado 2 de septiembre de 1967 y jugaron Yarza; Irusquieta, Díaz, Manolo González; Foncho, Violeta; Canario, Santos, Marcelino, Tejedor e Hidalgo. El entrenador blanquillo, Roque Olsen, reservó para el inicio liguero (que llegaba en breves días) a los tocados Reija, Santamaría, Pais, Villa y Lapetra.

El primer gol en la historia de El Sadar lo marcó, en el minuto 57 de aquel duelo, un portugués de nombre José María. Fue el 0-1. Y el primer tanto con ADN español lo hizo el zaragocista Marcelino, el 1-1 definitivo de aquella tarde de verano pamplonesa. No está nada mal, que fuese el mítico Marcelo el que dejase semejante sello en el estadio navarro.

Fue el día siguiente, el domingo 3 de septiembre de 1967, cuando el Osasuna tocó por primera vez su nuevo césped, en el segundo partido del mencionado triangular. Un día después que el Real Zaragoza. Su rival, también el Vitoria Setúbal. Los osasunistas militaban en Segunda División... y bajaron ese año a Tercera (no existía por entonces, ni remotamente, la Segunda B). Eso sí, empujado por su afición, con el ánimo inflado por las buenas pintas de su nuevo coliseo, los navarros ganaron a un rival de superior categoría, los lusos, por 3-1. Y dejaron todo pendiente de la buscada final con el Zaragoza, que se disputó en la tarde-noche del lunes 4 de septiembre de 1967.

Los Magníficos no tuvieron problemas en ganar aquel torneo, derrotando a los rojillos por 3-0, con goles de Marcelino, Villa y Tejedor. Eran, entonces, dos mundos muy distantes, dos galaxias a años luz de distancia. El Zaragoza, de hecho, jugó con un bloque de nuevo con múltiples reservas: Alarcia; Irusquieta, Díaz, Foncho; Violeta, Manolo González; Canario, Santos, Marcelino, Tejedor e Hidalgo. Después también entrarían en juego Villa, Bustillo y Fontenla. 

Era un Osasuna menor, con unas alineaciones muy restringidas en el recuerdo: Rodés; Not, Aguirre, Ederra, Astrain, Jordana, Escolá, Fanjul, Jiménez, Marcos; Mas, Julio Santamaría, Arroyabe, Pita, Luquin, Jones, Rué, Osaba, Sarasa, Armendariz, Arenaza... y, curiosamente, dos jovenzanos de 18 y 19 años, el burgalés José Luis Rico y el catalán Pablo García Castany, que años más tarde serían santo y seña del Real Zaragoza de los Zaraguayos y que, en esa fase, daban sus primeros pasos profesionales en el cuadro pamplonés. Otra casualidad sorprendente.

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