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Real Zaragoza

Arrasate, el general del Numancia que abatió al Zaragoza en junio, vuelve a La Romareda

El nuevo entrenador del Osasuna dirigió a los sorianos hasta hace 3 meses y firmó la capitulación del equipo aragonés en la promoción en la nefasta última tarde de Natxo González.

Jagoba Arrasate, el 9 de junio, en el partido Real Zaragoza-Numancia de la promoción de ascenso, que ganaron los sorianos 1-2 contra pronóstico para eliminar a los aragoneses de su lucha por llegar a Primera División.
Jagoba Arrasate, el 9 de junio, en el partido Real Zaragoza-Numancia de la promoción de ascenso, que ganaron los sorianos 1-2 contra pronóstico para eliminar a los aragoneses de su lucha por llegar a Primera División.
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Jagoba Arrasate volverá este lunes a La Romareda, al banquillo visitante, al vestuario de los forasteros. El actual entrenador del Osasuna fue el general que abatió, al frente del CD Numancia, al decepcionante Zaragoza de Natxo González en el partido de vuelta de la semifinal de la promoción de ascenso a Primera División, el pasado 9 de junio. Habrán pasado, pues, apenas 3 meses -menos un día- desde la anterior vez que el técnico vizcaíno (nació en la localidad interior de Berriatúa, la misma del exportero zaragocista Irureta) pisó el campo municipal zaragozano para ser el que firmase, ganando 1-2 contra todo pronóstico, la capitulación de aquel Real Zaragoza que se las prometía felices en grado sumo tras el 1-1 de la ida en Los Pajaritos pocas horas antes.

Después, su sorprendente Numancia, caería en la final decisiva ante el Real Valladolid, que fue el que ganó la lotería de los 'play off'. Pero, entretanto, dejó sembrado el disgusto en Zaragoza para largo tiempo. Todavía duele aquel episodio duro y, metafóricamente, cruento, el del segundo y definitivo gol del exblanquillo Diamanka fuera de tiempo, después de un segundo tiempo donde el equipo zaragocista falló hasta media docena de ocasiones claras para rematar a los sorianos, en un día aciago de Borja Iglesias y Papunashvili ante el marco de Aitor Fernández. Y todavía sangra la brecha del 'no ascenso', del volverse a quedar en puertas, con el viento de cola y el papel de favorito tras quedar 3º en la liga en una segunda vuelta sobresaliente, que el Real Zaragoza arruinó en esa tarde tormentosa de junio ante el equipo... de Arrasate.

Pues bien, ese entrenador al que, tras el terrible y letal 1-2 del Numancia en La Romareda, todo el mundo calificó de auténtico ideólogo y gestor táctico de aquella remontada soriana, maniatando a los zaragocistas en la primera mitad y teniendo el tino de acertar en las contras cuando el partido estaba en su fase culminante, Jagoba Arrasate, se sentará en el mismo lugar, en la misma butaca del mismo banquillo el próximo lunes al frente del Osasuna. 

Vuelve a llegar Arrasate a La Romareda en teórica inferioridad. Entonces, con el Numancia, porque el 1-1 de la ida, la superioridad mostrada en aquel partido de Soria por el Zaragoza y, sobre todo, la dinámica ganadora que arrastraban los de Natxo González desde meses atrás, hacían presagiar que los zaragocistas apuntillarían la eliminatoria a su favor en la vuelta, ese 9 de junio. Ahora, cuando Jagoba está al mando del Osasuna, le toca venir al estadio municipal zaragozano en una fase de la liga, la inicial, en la que los osasunistas son los peores visitantes de la competición, habiendo perdido los 3 partidos fuera de casa y con el agravante de que no han logrado marcar un solo gol a domicilio (1-0 cayeron en Mallorca y Tarragona; y 2-0 en Granada).

Así que, si tenía rostro de víctima propiciatoria cuando llegó con el Numancia hace un trimestre, ahora la situación de Arrasate no varía en exceso de ese perfil. El vasco, de 40 años, reaparecerá en La Romareda con la necesidad de dotar de vida a un equipo, el osasunista, que viene tocado por andar muy por debajo de las expectativas generadas durante el verano, donde el fichaje del propio entrenador (con pasado en Primera al frente de la Real Sociedad) tuvo una intención estimuladora para el club navarro tras fallar estrepitosamente el año anterior en su empeño de regresar a la élite, pues no se metieron ni en la promoción.

Tiene su morbo esta figura de 'déjà vu' que se verá el lunes en Zaragoza. Por todo este tipo de matices, de intersecciones del destino. Arrasate, quede constancia, tuvo aquella tarde nefasta del 9 de junio en La Romareda, palabras elegantes entre el llanto de miles de zaragocistas, entre el soponcio mayúsculo que dejó helada la sangre a la afición más ferviente de la categoría, la aragonesa. Tras celebrar con sus muchachos numantinos la proeza, sobre el césped, saludando a su afición en el rincón del fondo sur donde habitualmente se ubican los forasteros, Arrasate acudió a sala de prensa, atendió a la televisión. Y, en su reposado análisis (él es así), dejó un guiño que muestra su talante personal: "Ver a Javi Ros o a Zapater llorar, hace que se te quiten las ganas de celebrar", espetó con seriedad y sinceridad Jagoba. Cualquier otro hubiera desbordado euforia, hubiese soltado las riendas de sus sentimentos. Arrasate tuvo esta mano izquierda que, ciertamente, fue de agradecer. Saber ganar es un arte que muchos no saben practicar ni ejercer. El de Berriatúa, elegante, sí lo hizo en un momento tan difícil por estos lares.

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