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El inconcebible caso de los entrenadores del Real Zaragoza ante el Numancia

Natxo González, comprometido con el Deportivo de La Coruña días atrás, dirigió al equipo en la banda. Imanol Idiakez, su sustituto, tomó notas unos metros más arriba desde la tribuna de La Romareda.

Natxo González (izda.), este sábado dirigiendo su último partido al Real Zaragoza, frente al Numancia. Imanol Idiakez (dcha.), también este sábado, viendo el duelo desde la tribuna.
El inconcebible caso de los entrenadores del Real Zaragoza ante el Numancia
Oliver Duch/Twitter

Natxo González, entrenador, dirigió al Real Zaragoza este sábado ante el Numancia en la vuelta de la semifinal de la promoción de ascenso a Primera División. Imanol Idiakez, entrenador, observó el partido desde la tribuna, tomando notas unos metros más atrás y más arriba del banquillo zaragocista.

Es un caso para la historia. De esos que se recordará siempre. Por su rareza. Por ser algo inconcebible en circunstancias normales. Algo que difícilmente entra en la mente racional de cualquier observador no interesado. Un hecho que es difícil de comprender o aceptado como bueno, según define el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua el adjetivo referido, inconcebible. Porque en el rol de ambos personajes durante la disputa de ese importante duelo, en su valor como técnicos a la hora del partido en este 9 de junio de 2018 que ya está en la historia negra del Real Zaragoza por lo trágico de su eliminación ante los numantinos, surge la singularidad del asunto.

Natxo dirigió al Real Zaragoza pero hace días que está comprometido con el Deportivo de La Coruña. E Idiakez no dirigió nada y estuvo en una butaca blanca de una fila alta del graderío oeste pero, también hace algunas fechas, ya concretó su compromiso como entrenador zaragocista para iniciar la campaña próxima dentro de un mes. O sea, que ante el Numancia, el que es no era y el que fue no lo será más.

Cierto es que, contractualmente y con los tiempos normativos en la mano, Natxo cobrará del Real Zaragoza hasta el 30 de junio y su última nómina la percibirá vía blanquilla dentro de 20 días. Y que Idiakez, una vez concluido su paso por Chipre (en el AEK Larnaca), es hasta el 1 de julio un desempleado más de este país. Los papeles dicen eso y por eso se dio lo que se dio este sábado en La Romareda. Eso es de cajón de madera de árbol.

Pero, de facto, a ninguno de los dos se les escapaba su papel cambiado en el escenario de los hechos. Natxo tiene el trato atado con el Deportivo aunque la firma, como prometió el propio entrenador después de que todo trascendiese públicamente el pasado 31 de mayo, aún no se haya consumado en documento oficial. Y, del mismo modo, Idiakez lo tiene cerrado con el Real Zaragoza desde un tiempo después de que el citado Natxo le comunicara al Real Zaragoza que se marcha y que no cumple su segundo año de contrato, maniobra que requerirá un acuerdo económico a negociar inminentemente.

En tales circunstancias, para nada normales, afrontó el equipo zaragocista esta importante fase de la competición, la promoción de ascenso. Por eso es llamativo, chocante. Por inusual. Por no haber precedentes en más de 85 años de vida del club. Y por eso, este caso pasa ya a la historia por ser sui géneris. No cabe duda de que esta paradoja en el banquillo no ha jugado a favor de obra.

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