Real Zaragoza
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Pombo y los de casa

El Zaragoza se convierte en un halcón en Los Pajaritos y vuela hacia la cabeza con un triunfo barnizado de sangre aragonesa: Pombo, Lasure, Delmás, Guti y Zapater lucieron en la victoria

Jorge Pombo grita con rabia y emoción tras marcar el 3-2 ante el Rayo Vallecano.
Jorge Pombo grita con rabia.
Aránzazu Navarro

A lo largo de esta dura y frenética temporada, Natxo González ha debido enfrentarse a decisiones de todo tipo y calibre. Unas le salieron mal, otras le salieron -y le están saliendo- bien… Es lo natural en alguien a quien su oficio pone habitualmente al borde de un desfiladero porque los juicios en el fútbol casi siempre se mueven al golpe del resultado. Pocas veces se pone el énfasis en el cómo se hacen las cosas y muchas en el qué. Natxo, como todos los entrenadores, se ha sometido a esas fuerzas. Su trabajo es tomar decisiones, mucho más que acertar en ellas, pero, ante todo, su cargo es una cuestión de responsabilidad y su ejercicio una gestión continua de posibilidades y riesgos. Y esto precisamente es algo innegable en la identidad de Natxo como entrenador: el riesgo. Es un técnico atrevido en diversas facetas. Desde la táctica, al método (sin ir más lejos, el Zaragoza actual es el resultado de una prueba de ensayo-error), pasando mismamente por la gestión humana.

En este punto, el entrenador del Real Zaragoza nunca ha tenido dudas: no hay condición de clases en su vestuario. Por eso, a los líderes, antes de nada, se les exige que ejerzan de tales. Y por eso, cualquiera puede abrirse espacio en el equipo. Dani Lasure es el ejemplo más rotundo y la manifestación exacta de que a Natxo González no le tiembla el pulso ni mira las fechas, lugares de nacimiento o partidos en Primera.

Todo esto explica lo que sucedió en Soria, en Los Pajaritos, mientras el Real Zaragoza cogía el vuelo de un halcón: cinco canteranos, cuatro de ellos recién desembarcados en el fútbol profesional, barnizaron con su sangre aragonesa la victoria del equipo. Cinco canteranos, cuatro de ellos con apenas unos meses en la elite. Se dice rápido, pero se había dicho muy poco por estos pagos.

Ha sido Natxo quien le ha dado al Zaragoza el derecho de que sean los suyos quienes lo reconstruyan. Empezando por la voluntad impagable de Zapater, el guía espiritual de todos los demás: Lasure, Guti, Delmás o Pombo. Todos ellos tuvieron su peso en el triunfo de ayer y todos ellos se han consolidado como mucho más que material de relleno en la plantilla.

Fue en Soria, con más de 2.500 zaragocistas encima, donde este componente propio, donde esa conexión se encendió como nunca, como si una artería bombeara desde corazón de la grada y recorriera los capilares del equipo. De Lasure a Pombo, de Pombo a Guti… Natxo González apostó por ellos, midió y administró los tiempos y momentos de cada uno de ellos, hasta que ahora ha redoblado su apuesta.

Cuando las cosas más difíciles venían, los siguió poniendo. Aún más. Lo ha hecho de modo similar con otros jugadores, inexpertos, nuevos en estos ámbitos de exigencia, llegados de otros mundos y categorías… El tiempo ha hecho su función como el fuego lento.

Pombo es mejor futbolista que hace tres meses. Lasure, también. El mismo Julián Delmás. Y qué decir de Guti, un producto genuino del entrenador. A todos ellos les alumbra el capitán Zapater, su nobleza, entrega y compromiso. Otras cosas faltarán, pero nunca esas.

Con ellos, el Real Zaragoza ganó y crece en la liga. Con ellos, al equipo nunca le faltará carburante. Nunca le faltará hambre ni tampoco defensas. Ellos se han comprometido a levantar al Real Zaragoza, al suyo, de sus ruinas. Y no hay mejor garantía que esa.

Porque Guti, Zapater, Pombo, Lasure o Delmás son nuestros, son de aquí.

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