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Real Zaragoza

Con el de Tarragona, el Zaragoza solo ha marcado 3 goles de cabeza en seis meses de liga

Toquero marcó el primero, al Nástic en la primera vuelta. Grippo hizo el segundo, al Rayo. Y el suizo repitió el sábado para anotar el tercer tanto aéreo. Éste es un método infrautilizado hasta ahora.

Grippo acaba de cabecear a gol el 0-1 en Tarragona el pasado sábado.
Con el de Tarragona, el Real Zaragoza solo ha marcado 3 goles de cabeza en seis meses de liga
LFP/Nástic web

¿Se han parado a pensar los pocos goles de cabeza que marca este año el Real Zaragoza? El de Grippo, tan bien ponderado por su espectacularidad, del pasado sábado en Tarragona es solamente el tercero de lo que va de temporada, ya seis meses de liga. Tres de 31, apenas el 9 por ciento de toda la cosecha. La media no llega ni a uno de cada diez.

Hasta hoy, el equipo de Natxo González solo ha celebrado tres dianas fruto de testarazos a balones aéreos. La primera llegó precisamente contra el Nástic, en la primera vuelta en La Romareda, y la firmó Toquero a la salida de un córner al primer palo botado por Buff (entonces, en la 6ª jornada, titular indiscutible todavía) Fue el 1-0 en un partido que acabó 1-1. La segunda la obró Grippo, también en el estadio municipal zaragozano frente al Rayo Vallecano (el 1-0 del 3-2 final), al cabecear otro córner, sacado en primera instancia en corto por Eguaras, que acabó centrando medidamente para que el suizo se estrenara como goleador blanquillo en la jornada 14ª. Y la tercera, bien caliente está todavía, tuvo lugar en el Nou Estadi tarraconense hace unas horas cuando, de nuevo Grippo, llevó a la red un saque de esquina templazo al área por Eguaras.

Y nada más caído del cielo. Todo el caudal ofensivo del Real Zaragoza viene, normalmente, por tierra. La estructura del equipo, la pizarra de Natxo González, se fundamenta sobre todo en llegar al área rival a base de combinaciones, penetraciones verticales o diagonales, que dejan muy orillados en el rango prevalente los centros por alto en busca de cabeceadores para culminar los ataques. De hecho, llama la atención que el Real Zaragoza tenga un delantero centro como Borja Iglesias, de 1,87 de estatura, cuyo juego por alto presenta unos datos de incidencia en el juego realmente residuales a estas alturas. Por arriba, el gallego no percute prácticamente nunca.

Esto no es ni bueno ni malo en esencia. Simplemente define un carácter, uno modo de ser como equipo. Se puede ser campeón sin apenas marcar goles de cabeza, como bien demuestra el FC Barcelona desde hace más de una década y media, o como lo hizo Brasil en sus tiempos más luminosos. O, al contrario, ser una ametralladora a la hora de anotar tantos por arriba a base de testarazos y ocupar posiciones mediocres en la tabla clasificatoria. No es este un parámetro que tenga relación directa con el éxito final de un equipo. Pero, eso sí, suele ser una ayuda indispensable para ese éxito.

Tratándose el Real Zaragoza actual de un equipo de Segunda División que aspira a estar en la zona noble, esta no deja de ser un arma útil que, quizá, debería tener mayor grado de uso en determinados momentos del curso de los partidos. Mucho más cuando el devenir de la temporada no ha llevado al equipo hasta ahora a los puestos más altos y se requieren todo tipo de recursos para intentar un último coletazo de reacción en la recta final de la competición.

Con estos escasos 3 goles de cabeza en 27 jornadas, el Real Zaragoza está por debajo de la producción de los cuatro años anteriores, los que viene militando en Segunda desde el último descenso, que no han sido demasiado prolíficos en este ámbito precisamente, por lo que tampoco le resultará difícil igualar algunas marcas precedentes recientes.

El año pasado, el Real Zaragoza de los Milla, Agné y Láinez únicamente marcó 5 goles aéreos: Cabrera al Córdoba; Dongou en Huesca; Marcelo Silva al Numancia; Ángel al Mallorca y, finalmente, de nuevo Ángel al Cádiz. Esa plantilla tampoco funcionó demasiado ágilmente de hombros para arriba.

Hace dos campañas, el Zaragoza de Popovic y Carreras que se acabó estrellando en Palamós el último día, hizo 10 goles de cabeza. Una cifra, ya sí, aceptable en las medias de la categoría y de la propia idiosincrasia del equipo aragonés en los últimos tiempos. Curiosamente, fue un tutifruti de cabeceadores, en el que solo Cabrera repitió para anotar dos testarazos, uno al Mirandés en el inicio liguero y otro al Almería. Los otros ocho goles por alto tuvieron ocho padres distintos: Wilk al Almería; Ortuño al Albacete; Ángel en San Mamés al Bilbao Athletic; Isaac en Tarragona; Pedro al Llagostera; Guitián en Elche; Dorca al Mallorca; y Javi Ros al Alcorcón.

Si se miran los datos de hace tres ligas, el curso que inició Víctor Muñoz y acabó Popovic en la promoción de ascenso, a 7 minutos de Primera, ahí el Real Zaragoza también cantó 10 dianas de cabeza. Una cifra aceptable, de mínimos. Pedro abrió el curso así ante el Osasuna. Borja Bastón, el '9' del equipo, consumó tres tantos con la frente, al Sabadell, el Alcorcón y la Ponferradina; Rubén González, el central, le marcó uno al Tenerife; Alberto Aguilar, central de la Ponferradina, en pugna con Bastón, se marcó bajo palos uno en propia puerta; Willian José rubricó un par, uno inútil en Las Palmas y otro de oro en Girona el día de la remontada en la promoción, donde Cabrera también repitió minutos después de igual factura; y, también en esas finales por el ascenso, acabó la serie Rico, en La Romareda, en la ida frente a Las Palmas. Goles de cabeza, estos tres últimos, en días clave, en días grandes. Un ejemplo de la potencialidad que tiene este tipo de armamento en un equipo cuando de hacer cosas importantes se trata.

El año anterior al ahora referido, el del reestreno en Segunda, con Paco Herrera y, al final, Víctor Muñoz al mando, el Zaragoza se quedó en 7 goles en cabezazos al marco rival. Víctor Rodríguez hizo uno en Riazor ante el Deportivo de La Coruña; Roger marcó dos, uno en Las Palmas y otro al Mirandés; Arzo metió uno en Tenerife; Luis García dio el triunfo por alto en La Romareda ante el Eibar; Cidoncha marcó otro tanto ganador por alto en El Arcángel de Córdoba; y, por último, Henríquez dejó su huella leve con un gol en Murcia que valío el 1-1 final y practicamente la permanencia en aquel final histérico de la era Pitarch con Agapito ya agonizando.

Hecho este recorrido ilustrativo de este lustro vigente en Segunda, cabe terminar con un cotejo que define, con rotundidad, en que consiste el buen uso de este modelo de ataque aéreo en un equipo con buenas hechuras para ello. No hay que irse más allá de la última presencia del Real Zaragoza en la categoría de plata antes de la actual era de los años 10 del siglo XXI fuera de la élite. Aquella en la que el equipo zaragocista que entrenó Marcelino García Toral subió a la primera a Primera por última vez.

Ese año, los goles que se cantaron entre el zaragocismo marcados de cabeza fueron ¡19¡ (sí, diecinueve). Muchos aún los recordarán por la simple mención. Ewerthon, que no pasaba del 1,75 de altura, enchufó 6: a la Real Sociedad, Las Palmas, Eibar, Huesca, Levante y Alavés. El central Ayala gritó gol de cabeza hasta 3 veces: al Eibar, Murcia y Nástic de Tarragona; el otro central, Pavón, hizo 2, uno al Murcia y otro al Rayo Vallecano; asimismo, el punta Arizmendi aprovechó su espigada figura para cabecear 2 veces a la red, una al Sevilla Atlético en el Pizjuán y la otra en Eibar; a uno por barba salieron Caffa (al Elche), Oliveira (al Murcia), Songo'o (a Las Palmas), Jorge López (en Castellón) y Gabi (en Eibar).

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