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Real Zaragoza

Natxo González "El Zaragoza nunca puede renunciar al ascenso"

El entrenador del Real Zaragoza explica el estado de su equipo, relata sus experiencias desde que tomó el banquillo, y detalla las claves de su fútbol y de sus futbolistas.

Natxo González, en la cafetería en la que se realizó la entrevista.GUILLERMO MESTRE

¿Una jornada de descanso es diferente tras un triunfo?

La rutina es la misma. Lógicamente, cuando se viene de una victoria, el estado de ánimo siempre es mejor. Pero pienso rápidamente en el siguiente encuentro.

¿Ha revisado ya el partido contra el Lugo?

Me falta aún un poco de la segunda parte.

¿Tiene que parar mucho el vídeo?

El análisis de un partido me cuesta unas seis horas. Son muchos cortes, muchas acciones, defensivas y ofensivas. Requiere tiempo.

¿Qué es lo que menos le gustó?

Nada en concreto. Hay cosas buenas, malas… El análisis es más profundo. Por ejemplo, no estoy de acuerdo con que fuera nuestro partido más completo. Hacía mucho tiempo que no ganábamos por más de dos goles de ventaja, pero el partido perfecto nunca se da. Yo soy muy exigente y hay cosas que podemos hacer mejor. Hemos volteado una situación adversa en La Romareda y ahora es cuestión de mantenerse.

¿Hacia dónde debería conducir esta línea de equilibrio entre sensaciones y resultados?

Si las sensaciones no son buenas es más difícil que llegue el resultado. Ahora ambas cosas se están juntando. El juego se traduce en puntos. Nos ha costado. Todo llega en esta vida. Siempre hemos entendido cuál es el camino. Hemos tenido tropezones y hemos debido buscar soluciones, algunas complicadas. Pero hemos vuelto. La experiencia y el trabajo previo, el conocimiento de la categoría y la cohesión del grupo nos deben llevar a más resultados y a un mejor juego.

¿Estamos ante el principio de una reacción sostenida –porque se le observa muy convencido de ello– o el Zaragoza aún no es fiable?

Este convencimiento lo tenía ya hace cinco semanas, cuando la situación llegó al punto más delicado a nivel clasificatorio. Siempre he estado convencido de que el equipo progresaría. Es lo que me transmitía el grupo. Es difícil prever si esta reacción se va a apoyar en una regularidad. Creo que sí. Pero es cierto que hay que demostrar más fiabilidad, sobre todo, fuera de casa. Ahí tenemos que ser más contundentes y consistentes.

Se han recuperado valores que se perdieron, volviendo a los orígenes de la temporada: un estilo reconocible, un disposición táctica estable… ¿Cómo de cerca o de lejos está ahora el equipo del fútbol que proyectó hace seis meses?

En septiembre y octubre, ese Zaragoza reconocible no conseguía puntos. Sobre la marcha, hubo que buscar remedios. Buscamos otras alternativas, con otros matices y variantes. Llegamos a Albacete e hicimos un buen partido, pero no lo tradujimos en resultado. Luego vino el batacazo de Valladolid. Las vacaciones nos sirvieron a todos para limpiarnos emocionalmente y descansar, y a mí, para analizar mucho el trayecto, tanto a nivel colectivo como individual.

¿Qué concluyó?

La primera vuelta tuvimos mucho movimiento y rotación. Fue algo consciente. En un equipo nuevo para mí es importante el conocimiento de los futbolistas.

¿Pero midió el riesgo de esa política? En un equipo, como dice, en construcción, esa inestabilidad parece contraproducente...

Sí. Siempre he actuado de este modo. Sabía de ese riesgo pero debía asumirlo porque a medio y largo plazo siempre me ha dado resultados. Puede salir mal o bien, pero ahora tengo un mejor conocimiento de los jugadores en todas las situaciones y posiciones. Eso ahora permite aumentar los rendimientos individuales.

¿Dudó en ese proceso?

Dudas siempre surgen. Cuando buscas la perfección, siempre las hay. En los buenos momentos y en los malos.

¿No es peligroso que el futbolista pueda ser permeable a esas dudas del técnico o a esa inestabilidad en su rol: de la grada al once, del once al banquillo...?

Cuando eso, si es planificado, da resultados, todo es perfecto. Pero, cuando no, es cierto que cuesta asimilarlo. El jugador vive en ese estado permanente de incertidumbre, pensando que aunque lo haga bien, la semana siguiente no juega.

Los resultados le empujaron a una situación delicada. Nunca aquí se ha tenido tanto temple con un técnico en los últimos años. El director deportivo le ha defendido de puertas hacia afuera, pero sobre todo hacia dentro. ¿Se siente blindado por Lalo?

Me siento protegido, sí. Tiene confianza en mí y lo tiene muy claro. Es una persona que si confía, confía de verdad. En este mundo del fútbol, la confianza suele ser hoy sí y dos semanas más tarde, no. Para mí, eso tiene mucho valor. Quizá sea porque el club viene de experiencias anteriores en las que quizá faltara esa tranquilidad para dar mayor continuidad. Quizá, porque el equipo ha transmitido. Quizá, porque le transmita yo. Es evidente que su confianza es máxima y eso me da mucha fuerza.

¿Cómo gestionó usted descubrirse en el centro de la diana?

A nivel personal, tengo la misma presión aquí que en Reus o Vitoria. Es verdad que aquí la dimensión es mayor. Si te dejas absorber por esa corriente, te arrastra. Tengo que mantener la cabeza fría a la hora de tomar decisiones y no dejarme llevar por críticas. Debo mantener la serenidad.

¿Qué está aprendiendo Natxo en Zaragoza y que está aprendiendo de Zaragoza?

En estos meses, he tenido que tomar muchas decisiones, he debido analizar mucho y buscar soluciones. Eso enriquece al entrenador. De Zaragoza… Sabía dónde venía. Me dijeron que no llegaría a los Pilares y los he pasado. Me dijeron que no me comería los turrones y me los he comido… Soy ya lo bastante mayor, y siempre he escuchado que Valencia y Zaragoza son plazas exigentes. ¿Es bueno o malo? Cuando las cosas van mal, es complicado; pero cuando van bien el equipo va en volandas. Trabajo para que la gente esté orgullosa de su equipo.

Muchas veces las crisis en el fútbol tienen que ver mucho más con las expectativas que con el juego. ¿Cree que ha podido afectarle al equipo que desde el club no se definiera con claridad cuál era el objetivo de la temporada?

No lo sé. Aquí cuesta asumir que se diga que el Zaragoza no podría aspirar al ascenso. Es normal, por historia y por su tamaño. No podemos renunciar a eso nunca. Tenía claro que era un proyecto a dos años y que éste sería muy difícil. Pero nadie ha renunciado a estar entre los mejores y tener opciones de subir. Yo todavía tengo esa ilusión. Es posible. Son dos años de proyecto, pero cuesta aceptarlo, hay necesidad por la situación del club, la gente quiere ascender ya… Quizá si haya habido esa mezcla de no tener muy claros los objetivos del equipo.

¿A nivel de juego cuál es su principal espina?

Nuestro problema ha estado fundamentalmente en la eficacia en las áreas. Son lo importante, pero yo le doy mucha también a cómo llego a la contraria y cómo debo evitar que lleguen a la mía. Le doy mucho valor a la eficiencia en esas fases del juego. Por eso, ha habido veces que hemos perdido y he transmitido que no lo habíamos hecho tan mal porque de área a área habíamos sido eficientes. Sucedió en Granada, por ejemplo, donde hicimos cosas muy bien, teniendo en cuenta también el rival.

¿Por qué sucede eso? Ha habido partidos en los que el equipo se ahogaba en los metros finales…

Porque ese tramo es el más difícil. Somos un equipo en construcción y nosotros, como ha dicho Lalo a veces, no podemos competir con otros clubes económicamente más poderosos. Nosotros no podemos firmar a jugadores ‘top’ de la categoría en esa zona. Tenemos grandes jugadores con talento para mejorarlos y que en breve sean ‘top’. De mediocampo hacia adelante, no tenemos jugadores con un currículo de goles en la categoría. Vino Borja, que es nuestro artillero, pero no había metido ninguno en Segunda. Pombo venía de jugar muy pocos partidos en el fútbol profesional. Papu vino de otra liga, como Buff. Febas no ha tenido nunca mucho gol. Vinícius tampoco venía de marcar mucho. En esos metros finales, tenemos jugadores, buenos futbolistas, que se están formando en esta categoría. Estoy convencido de que muchos de ellos no van a llegar al mejor nivel en este primer año, sino a partir del segundo. Es un peaje que pagamos.

El equipo va mejorando la cifra de goles encajados y deja más veces su portería a cero. Sin embargo, hay días con cortocircuitos. ¿Cuáles son las razones de esa irregularidad defensiva?

Muchos días hemos estado bien en defensa colectivamente, pero hemos sufrido errores individuales que nos han penalizado.

¿Ha podido influir también que el Zaragoza sea de los equipos que menos balones recupera, que más sufre para robarle al rival?

Pero, si analizas, el porcentaje de goles encajados tras pérdida no es alto. Hemos encajado mucho en errores puntuales, por inexperiencia, en balón parado o centro lateral. En esta categoría un 40% de los goles son así. Pero vamos mejorando eso también. Nuestra defensa tan atrás del balón parado ya funciona mejor. Todo exige una adaptación.

Ha recuperado el rombo en el centro del campo, con el matiz de que ahora el segundo punta no pasa al extremo cuando no se tiene la pelota, y ha vuelto a defender más arriba, adelantando la presión. ¿Que le ofrece este sistema?

Ahora el rombo es diferente. Atacamos igual, pero defendemos distinto, como dice. Con los puntas arriba y abiertos y los interiores más abiertos también. Esa distribución ahora no cambia cuando no tenemos balón. Esto nos permite presionar más. Su punto fuerte es que tenemos un hombre arriba más para la presión. Su punto débil es que si el rival sale y nos cambia la orientación del juego, tenemos problemas. En ataque es un sistema difícil de contrarrestar por la superioridad numérica por dentro, porque hay dos puntas para correr al espacio, más metros para laterales… Lo bueno es que cada día defendemos mejor de esa manera. Eso nos permite recuperar antes. Creo que es un sistema que se adecua mejor a nuestros futbolistas. Los interiores, por ejemplo, deben tener mucha energía y resistencia, y ser fuertes en la presión. Ahí tenemos a Guti, Ros o Zapater que se adaptan bien.

¿Qué vio en Guti?

Me llaman la atención los jugadores que entienden el juego. Soy un entrenador complicado porque quiero un fútbol muy determinado y que incorpore variantes y matices. Eso cuesta, pero menos si hay jugadores que entienden el juego. Guti es de esos. Está donde tiene que estar en el campo. Le vi y sabía que había materia prima. Además, tiene tiro y energía.

Lasure se ha consolidado...

Es un ejemplo de lo que debe ser un profesional. Entendió que no podía bajar en su día a día. Por eso cuando le ha llegado el momento ha estado preparado.

¿Quién lanzaría un penalti en Tarragona?

Buena pregunta. La situación es atípica. El día anterior ensayamos en La Romareda, pero en la otra portería. En Alcorcón, le pregunté a Borja. Yo le aconsejé. Creo que no era bueno decirle en ese momento que los tirara otro. Él es maduro y tiene personalidad. El otro día, le dije lo mismo. Contra el Lugo, era el momento para meterlo y quitarse la responsabilidad. Ahora, veremos qué hacemos.





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