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Real Zaragoza

Enésimo tropiezo en La Romareda de un incapaz Real Zaragoza frente a un Reus sin ambición

El 0-0 final provocó muestras de desaprobación del graderío para el equipo de Natxo y supone el sexto fiasco en ocho partidos como local del cuadro aragonés.

Borja disputa un balón en el partido ante el Reus.
Enésimo tropiezo en La Romareda de un incapaz Real Zaragoza frente a un Reus sin ambición
Toni Galán

Nada mejoró. La desorientación del Real Zaragoza sigue creciendo según pasan los partidos y esta vez, frente a un pobre adversario, un Reus obsesionado por defender y con pocas iniciativas ofensivas, los de Natxo González no supieron encontrar un solo resquicio por el que abordar el gol ante la portería tarraconense en los 94 minutos que duró el partido. Este Zaragoza no sabe ganar. Un mal tremendo. No lo hace en general, pero los datos que ya acumula en La Romareda a estas alturas dan pavor de cara al futuro de la temporada. Solo se han visto dos triunfos en ocho citas vividas en el estadio municipal. Las alarmas están rojas, gritando con fuerza que vienen curvas a mansalva en lo sucesivo. Se adivina un colapso serio de no mediar cuanto antes un remedio eficaz. El global del duelo dirimido ante los catalanes deja al entrenador mal posicionado. Pese a los cambios en la alineación -la revolucionó con las novedades de Vinícius, Papunashvili, Eguaras y Verdasca, un cambio por línea- a Natxo el equipo se le está atrancando de muy mala manera.

El primer tiempo discurrió ya según las previsiones. Un Reus muy defensivo, con escasa salida al ataque, y un Real Zaragoza que no supo sacar provecho a su constante dominio del balón y del tiempo de juego. Solo hubo 10 minutos de tanteo, los primeros, cuando los catalanes engañaron al ojo al presionar muy arriba, dificultar la salida de los zagueros y medios aragoneses y provocar cierta zozobra en algunos balones que merodearon el área de un escasamente exigido Cristian Álvarez. En realidad, el mando fue constante de los de Natxo. Pero faltó lo de casi siempre: el último pase, la precisión del toque de gracia para quedarse bien posicionado ante el guardameta rival.

En el minuto 12, cuando los zaragocistas se quitaron de encima la iniciativa engañosa del Reus, Papunashvili rozó el gol. El georgiano, activo en su vuelta a la titularidad, remató al palo a bocajarro un rechazo de Badía a disparo de Febas. El yerro de Papu evitó un escándalo, pues el linier levantó el banderín señalando un fuera de juego que no existía. De haber sido gol, el lío era seguro. Siete minutos después, tras un córner al segundo palo lanzado por Eguaras (los lanzó él en esta ocasión, con poco tino), Miramón tocó el balón con el brazo en un control de Vinícius. Se podía pitar penalti, pero Arcediano no lo consideró así por involuntariedad, aunque estuviese muy despegado del cuerpo.

El Reus, con una amalgama de centrocampistas que ocupaban por acumulación toda la zona ancha del campo, más de 40 metros llenos de naranjas (así vistieron los tarraconenses), se limitaba a romper ataques inconexos de los zaragocistas. En lo referente a combinación, no querían saber nada de nada. Su defensa abusaba del despeje largo y lejano, al gorrazo, según el argot. Y, en esas, el Real Zaragoza intentaba percutir con dispar éxito la tela de araña de López Garai. Hasta el minuto 27 no se vería otra opción blanquilla ante Badía. Borja Iglesias, muy alborotado por la dura marca a la que fue sometido (vio incluso una amarilla en un forcejeo nervioso), recibió en el área un buen pase de Papunashvili y su duro chut lo rechazó a dos manos el portero catalán. Un minuto después, Febas probó de nuevo a Badía desde el borde del área y el arquero visitante sacó a córner un intencionado remate cruzado del de Almacellas.

Pasaban los minutos y no había un agobio serio del Real Zaragoza pese a su manifiesta superioridad. Todo iba a empujones, según se destila siempre del manejo del balón de los zaragocistas. Eguaras no estuvo fino en los balones filtrados. Los laterales, Delmás y Ángel Martínez, tampoco anduvieron precisos. Un centro-chut precisamente de Delmás a la media hora se envenenó y casi sorprendió al portero reusense, que reaccionó a tiempo. Y, de ahí al descanso, además de la inoportuna lesión de Mikel González -que tuvo que ser relevado por Grippo-, solo un cabezazo de Borja Iglesias a centro de Ángel, muy blandito y al centro para que atrapase bien Badía alteró el pulso del partido.

El 4-4-2 planteado con claridad esta vez por Natxo, con Vinícius estrenando titularidad en liga junto a Iglesias, permitió mayor presencia en el área rival, con el apoyo constante de Febas, pero no resolvió las dificultades de llegada a esa zona de los goles. Todos los mecanismos del entrenador zaragocista tienen brillos, cuestiones positivas, pero carecen de lo fundamental: la resolución de las jugadas que se logran hilvanar con criterio. Así se alcanzó el intermedio. Con todo por resolver. Como aquel reciente partido del 0-0 ante la Leonesa. Se parecía todo bastante. Hasta la inoperancia atacante del adversario visitante.

El segundo periodo empezó de manera gemela al primero. Con el Reus un poco más enchufado, como queriendo reaccionar de su vacío futbolístico anterior. Pero solo una penetración de Haro llevó algo de temor al Zaragoza en sus efervescentes 10 minutos de cierto interés ofensivo. El equipo de Natxo no salió espoleado de la caseta. No le sientan bien los parones a los blanquillos. No se ha visto en todo el año un arranque virtuoso en un segundo tiempo. Febas apareció adormecido y Vinícius, directamente apagado. Aun así, en una contra de Ángel Martínez, Borja Iglesias rozó el 1-0 en el 52, pero su disparo cruzado en el área lo tocó lo justo Badía para echar la pelota a córner. Todo estaba igual de anodino.

Natxo no movió el banquillo. Dejó que pasara el minutero a ver si surgía algún instante de inspiración de alguno de sus muchachos. Pero eso no ocurrió con la celeridad necesaria y las prisas empezaron a aparecer. Tanto en el campo como en la expectante grada, calmada y animosa pese al escaso espectáculo que estaba viendo. Era López Garai el que movía su género en busca de un reactivo. Primero metió a Vitor Silva en la medular y, enseguida, dio entrada al tanque Lekic en punta. Declaración de intenciones en busca de los 3 puntos. De entre la falta de chispa generalizada en ambos bandos, era el Reus el que primero movía fichas en pos del triunfo.

Lejos de encontrar la lámpara de Aladino, el Real Zaragoza fue estropeándose cada vez más fruto de la ansiedad que generaba ese 0-0 que todos sabían insuficiente para aplacar la crisis. Y, a falta de 20 minutos se empezaron a escuchar los primeros pitos en las gradas ante la ausencia de mando de los de Natxo. Borja Iglesias se cegó en una contra y, en vez de buscar el apoyo de Vinícius, que le acompañaba, llegó al área de manera individual y disparó mal, taponando Olmo para envíar a córner. No había luces en ninguna de las piezas blanquillas. Tampoco reflejos en el banquillo para remover el partido con las dos sustituciones que aún restaban por hacer.

Lekic amagó el 0-1 en una acción en la que se le señaló un fuera de juego inexistente. Y la temperatura en La Romareda subió varios grados de un solo movimiento. Ahí, Natxo ya sí se decidió. E hizo un doble cambio en la vanguardia, metiendo en danza a Toquero y Buff en vez de los novedosos y, finalmente difuminados, Papunashvili y Vinícius. Faltaban solo 14 minutos. Quizá demasiado tarde. La apuesta era la última. No iba más.

Toquero se estrenó con un buen cabezazo a centro de Ángel a falta de 11 minutos y espabiló al público. Badía se lo paró bien. Un minuto más tarde, fue el otro fresco, Buff, el que lanzó desde la corona del área un remate flojo que atrapó de nuevo el portero reusense. Algo había variado. Se atisbaba una última reacción zaragocista. Sin embargo, el que se vino arriba repentinamente fue el Reus, que acabó metiendo en el área propia al Real Zaragoza en unos instantes de zozobra. Gus Ledes lanzó una falta lateral con veneno en el 83 y Cristian Álvarez sacó a córner en el segundo palo. Y, seguidamente, Carbonell lanzó un centro cerrado que nadie tocó en la poblada área, provocando que la pelota saliera fuera rozando el poste izquierdo del marco. Se mascaba la tragedia mayor (el empate ya tenía mucho de eso ante un rival tan limitado como demostró ser el Reus).

Los últimos lances del choque fueron un desbarajuste, de lado a lado del campo. Un batiburrillo de improvisación. También con un error grave del juez de línea de turno al señalar un fuera de juego que no era en una colada de gol de Toquero, ya en tiempo añadido. Lo que no se hace en 90 minutos es muy complicado solucionar en tres. Y el partido acabó en el área zaragocista. Al revés de lo que mandan los cánones del balompié. La bulla cuando pitó Arcediano el final del choque fue inevitable. El cansancio empieza a cundir en la afición. Razones tiene ya de sobra. En ocho partidos vistos en La Romareda, solo ha degustado dos victorias. Huele a chamusquina la temporada. Urge reparación. El equipo ya no tiene ni aquellas ‘sensaciones’ que se atisbaban con benevolencia y esperanza en los dos primeros meses del curso. A los jugadores se les despidió con sonido de viento. Y también con un silencio que, como en los toros, es la más hiriente de las muestras desde las butacas de la afición. La clasificación, al término de esta 16ª jornada, va a dar todavía más miedo del que ya daba hasta ahora. El fútbol habla con más fuerza cada partido que sus protagonistas durante la semana. Siempre fue así.

Ficha Técnica

Real Zaragoza: Cristian Álvarez; Delmás, Mikel González (Grippo, 41), Verdasca, Ángel Martínez; Zapater, Eguaras; Papunashvili (Buff, 76), Febas; Vinícius (Toquero, 76) y Borja Iglesias.

Reus Deportiu: Badía; Miramón, Olmo, Atienza, Miguel García; Carbonell, Borja Fernández (Vitor Silva, 60), Gus Ledes; Cámara (Lekic, 66), Haro (Tito, 86); y Edgar Hernández.

Árbitro: Arcediano Monescillo (Comité Castellano-manchego). Amonestó a Borja Iglesias (30), Atienza (32), Carbonell (61) y Tito (88).

Goles: No hubo.

Incidencias: Noche fría en Zaragoza, con 9 grados al inicio del partido y algo de viento. El césped de La Romareda no está bien y presentó varias zonas con calvas y una hierba irregular e inestable. En las tribunas, alrededor de 15.500 espectadores.

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