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Real Zaragoza-Numancia, una finalísima para los aragoneses

El choque del próximo domingo en La Romareda adquiere tintes de solemnidad para los aragoneses ante la envergadura de su crisis.

Zapater, Cani, Edu García, Samaras y Ros, desolados, al término del partido del pasado domingo ante el Nástic en La Romareda, con derrota por 1-2 delos zaragocistas.
Zapater, Cani, Edu García, Samaras y Ros, desolados, al término del partido del pasado domingo ante el Nástic en La Romareda, con derrota por 1-2 delos zaragocistas.
Oliver Duch

El Real Zaragoza recibirá el próximo domingo al Numancia en La Romareda con el envoltorio más incandescente -por pura necesidad- de cuantos se han dado en el estadio desde que el equipo bajó a Segunda hace tres años y medio largos. La derrota encajada en las últimas horas en el mismo escenario ante el Nástic de Tarragona por 1-2 situó a los zaragocistas en un incómodo escenario, tanto para el presente más rabioso como de cara al futuro inmediato salvo que sean capaces de resolver con triunfos los próximos partidos.

Una vez más, el equipo zaragozano cayó en el cepo de los dos partidos consecutivos a jugar en casa, que difícilmente se saldan con sendas victorias para muchos equipos, entre ellos el Real Zaragoza. Un año más, ya no podrá darse esa figura óptima. Pero, para evitar que el doble eslabón en La Romareda acabe en desastre, el equipo blanquillo está en la innegociable obligación de superar al Numancia y lograr esos 3 puntos, que se antojan cruciales para evitar la caída de bruces a las puertas del infierno de las cuatro últimas plazas, que distan a tan solo 4 puntos en estos momentos (el Zaragoza tiene 32 y el 14º, por los 28 que portan el UCAM Murcia y el Mallorca, que ocupan dos plazas de descenso a Segunda B (la 19ª y la 20ª).

Resulta evidente que, para el Real Zaragoza, en lo sucesivo, se han acabado los partidos calmados, esos que se acometen con cierta rutina o que se cubren con un velo de normalidad pese a que sí tienen su punto de relevancia para marcar trayectorias en la clasificación. Las 15 jornadas que restan de liga van a obligar a los zaragocistas a medir al milímetro su solvencia, su actitud, su conducta, sus cálculos, sus 'golaverages', sus aplicaciones en días que se adivinan llenos de tensión, responsabilidad y exigencias.

Frente a los numantinos, todo el zaragocismo, con los futbolistas y los técnicos como punta del pararrayos sobre el césped, van a comenzar a sentir esos vértigos propios del frenesí de una clasificación delicada e inapropiada respecto de los objetivos iniciales. Los números son rotundos y no admiten dobles lecturas. Y, con ellos como hilo conductor, la situación requiere la reacción del Real Zaragoza a base de resultados y puntos. Los edulcorantes ponderando la mejora del juego, las ocasiones creadas, los castigos extremos recibidos para las pocas opciones de gol que tienen los rivales y demás asideros morales de semanas atrás, ya no tienen sentido ni efecto cuando el peligro acecha. Es hora de realidades, de ganar como sea. Los subterfugios no suman en la tabla clasificatoria.

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