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Real Zaragoza

Xiscu, el último descubrimiento

El joven jugador del filial ha brincado con fuerza al primer equipo. Incisivo, dinámico y profundo, aporta frescura y solidez a la banda izquierda.

Xiscu, entrenando con una venda en su ceja.
Xiscu, entrenando con una venda en su ceja.
Toni Galán

Si los números ordinales expresan orden, los cardinales determinan una cantidad. Qué mejor indicador con el dorsal que lucen los futbolistas para diferenciar un número cardinal de un ordinal. Xiscu es el número 37 del Real Zaragoza, pero en modo alguno es el trigésimo séptimo futbolista del plantel que gestiona Raúl Agné. Su rebeldía, su ilusión, su hambre, le han otorgado a un rol mucho más cercano a la titularidad que el que denota su número de camiseta. Sin duda, constituye el último hallazgo de Agné en su anhelo de estirar cuantitativa y cualitativamente la plantilla. Términos tan abstractos, tan abiertos a diferentes interpretaciones en el diccionario del fútbol, como rebeldía, ilusión o hambre, Xiscu los ha logrado trasladar a situaciones concretas sobre el terreno de juego. Conceptos esenciales en el catón balompédico como velocidad, amplitud y profundidad, el Zaragoza puede desarrollarlos ahora con la frescura y el descaro del talento balear. Eso es lo mejor de Xiscu, resolver la necesidad futbolística que demandaba la pizarra zaragocista, solucionar sobre el césped las carencias dinámicas del esquema del Real Zaragoza.

El conjunto aragonés ha espabilado después del repaso del Cádiz en la Tacita de Plata. Esa reacción coincide en el tiempo con la irrupción en ataque de Xiscu como agitador de la banda izquierda. En defensa, el regreso de Marcelo Silva también fue determinante; pero la solvencia del central charrúa ya era conocida. Xiscu ha constituido un hallazgo. Porque junto a José Enrique ha construido una banda izquierda muy competente, un flanco con ida y vuelta, con capacidad para tapar y crear. Xiscu estira a lo largo (profundidad) y a lo ancho (amplitud), pero también se encoge para cubrir.

Hasta zurra para cortar. Valiente como el acero, Xiscu. Ha mostrado más virtudes, como saber moverse entre líneas. Y otra propiedad esencial: en un equipo en el que sus mejores jugadores juegan al pie (Cani, Lanzarote y Ángel), Xiscu juega al espacio. Esto es, encarna la ruptura, un valor absolutamente diferencial en el fútbol, mucho más en la Segunda División.

Xiscu es el alias futbolístico de Francisco Martínez Anglada (Ciutadella de Menorca, 6 de marzo de 1995). Formado en los juveniles del Menorca, saltó a la Tercera División balear con el Mercadal. Allí fue captado por los técnicos del Real Zaragoza. Llegó a la capital aragonesa en el verano de 2015. Nada más pisar la Ciudad Deportiva, comenzó a entrenar con el primer equipo a las órdenes de Ranko Popovic. El técnico serbo-austricaco lo citó para la pretemporada en Boltaña. Su primera actuación destacada fue en un amistoso entre el Real Zaragoza y el Deportivo Aragón en Boltaña. Xiscu jugó con el Aragón un partido en el que el primer equipo se impuso por 4-0 con goles de Kilian, Rico y Ángel (2). Ese día se vieron los primeros detalles de Xiscu. Sin embargo, pese a ir citado a varios encuentros de la pretemporada del Zaragoza, regresó al filial a las órdenes de César Laínez. Cesó Popovic y llegó Carreras, pero el destino de Xiscu no varió el pasado curso. Tras el desastre de Palamós, la necesidad de una renovación en la plantilla zaragocista se hizo más evidente se cabe. Llegó Luis Milla, y Xiscu integró la nómina de canteranos citados con el primer equipo para la pretemporada de Boltaña. La suerte abandonó a Xiscu, que sufrió una rotura de fibras al tercer día, abandonando la concentración en el Pirineo. La alternativa del filial para enriquecer al primer equipo comenzó a ser Sergio Buenacasa.

El salto

Pasaron las semanas. Xiscu cayó de nuevo al filial. Pero el chaval supo entender la Tercera como un trampolín, no como un cementerio. El primer equipo empezó bien, pero no supo reaccionar cuando el percal comenzó a torcerse. Acabó pronto la etapa de Milla. Llegó Agné con un verbo nuevo. Menos sutil. Más directo. Más o menos, como Xiscu, directísimo. El muchacho regresó a los entrenamientos del primer equipo. Debutó en partido oficial con el Zaragoza el 23 de noviembre de 2016 ante el Mirandés (2-0). La imagen de la sustitución por Juan Muñoz destila aroma simbólico. Apenas fueron unos minuticos. Ausente ante el Getafe y el Reus, Xiscu fue citado ante el Cádiz. Allí disfrutó de otros pocos minutos. Agné apostó definitivamente por él ante el Oviedo, su partido más redondo con la camiseta del Zaragoza. Estuvo pletórico Xiscu, demostrando que dejó Menorca para triunfar en el Real Zaragoza. La afición de La Romareda lo despidió con una ovación repleta de cariño. El zaragocismo quiere ver a este chaval, necesita de futbolistas con este entusiasmo. En Vallecas también dio la cara. Otras veces ha jugado mejor el Zaragoza a domicilio. En Getafe, por ejemplo. Pero en el feudo del Rayo quedó claro que un equipo que lucha y compite siempre tiene opciones de sumar. Si el portero rival ayuda, mucho más, por supuesto. Pero el Zaragoza de Vallecas es un buen punto de partida para pensar en algo serio en la clasificación. Y ahí estuvo Xiscu dejándose la piel. Eso es lo que hace siempre, como la venda que cubre su ceja izquierda demuestra. Así ha llegado al primer equipo. Así quiere ascender a Primera con el Real Zaragoza.

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