Real Zaragoza
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Canción triste en La Romareda

El Real Zaragoza vuelve a poner de relieve su impotencia y complica aún más la opción del ascenso.

Montañés, en el partido del Real Zaragoza con el RM Castilla
Real Zaragoza - RM Castilla_3
TONI GALáN/A PHOTO AGENCY

En La Romareda, la tristeza tiene forma de balón y se viste con el blanco y el azul del Real Zaragoza. Un equipo sin ideas ni juego; y sin ni siquiera fortuna en las pocas ocasiones de las que dispuso, encadenó su cuarto partido sin ganar, que le aleja un paso más de su aspiración de ascenso. Un modesto Castilla, que sufre con razón en las calderas de Segunda, a pesar de su progresión, se llevó los tres puntos que le brindó un Zaragoza despistadísimo, sin argumentos futbolísticos y sin capacidad de afrontar la pelea por el ascenso.

Un partido tremendo, terrible, sólo pone de relieve una realidad: que así es imposible pelear por el objetivo del ascenso. Todo lo demás se envuelve de dudas e incógnitas de compleja (de imposible) explicación. ¿Hacia dónde va el Real Zaragoza? ¿Qué piensa el vestuario? ¿Cuál es la inquietud institucional?

El hartazgo del zaragocismo es profundísimo y abarca todo el ámbito de la entidad. Cansan las incomprensibles obsesiones de Paco Herrera –por más que el técnico sea de lo poco identificable de la esencia blanquilla-. El entrenador, cuestionado siempre, se encuentra en la diana. Ahora es ya la ley del fútbol la que lo señala, tras lograr tan solo uno de los últimos 12 puntos posibles.

Las críticas se expanden también al director general, en el centro de la inmensa mayoría de las polémicas extradeportivas que sufre el club; y, por supuesto, Agapito Iglesias. El propietario, con mil frentes de batalla abiertos, fue de nuevo el protagonista ausente del estadio municipal. Gritó y pitó el estadio en el minuto 32, aunque muy pocos secundaron la propuesta de abandonar el campo en el descanso. Hasta en eso está agotada la afición.

Se adelgaza el número de virtuosos que aún se afana en acudir al estadio; y la imagen de este domingo era el desfile de los cientos de seguidores que abandonaban las gradas tras el segundo gol del filial blanco. Aficionados desolados, cansados y muy hartos por el incomprensible manejo que los actuales rectores realizan del patrimonio del Real Zaragoza.

El proyecto blanquillo se desploma ante la desesperanzada mirada de los amantes del equipo. Aunque quién sabe si todo esto forme parte de un guión previsto…

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