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Paola Cebollada: "Ser árbitra engancha, aunque no sepa explicar muy bien por qué"

La joven árbitra aragonesa dirigió el pasado fin de semana el derbi de la Primera División Femenina.

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Paola Cebollada, con las tarjetas en la mano.
Aránzazu Navarro

El primer gran derbi del fútbol español, el que enfrenta al Barça y al Real Madrid, ya ha llegado al fútbol femenino tras la asimilación del CD Tacón por parte del club blanco. Se disputó el pasado fin de semana y lo arbitró la aragonesa Paola Cebollada.

Su designación es un indicador diáfano de muchísimas cosas…

Para mí era un partido más. La preparación fue la misma que para el resto de partidos. Previo a los encuentros, intentamos buscar la máxima información posible acerca de los dos equipos para prever posibles situaciones en el terreno de juego. Nuestro trabajo no dura solo 90 minutos como la gente piensa.

Había un ambiente fantástico.

Eso es cierto. Se jugó en el campo Johan Cruyff de Barcelona, con 5.000 espectadores. Pero yo estaba concentrada en el terreno de juego, no escuchaba nada que estuviera fuera del partido.

Ídolos de nadie, culpables de todo... Ser árbitro tiene su aquel…

Soy una apasionada del fútbol en todos los aspectos. Empecé como futbolista, pero me atraía también la idea de conocer el fútbol desde otra perspectiva. Esto de ser árbitra engancha, aunque no sepa explicar muy bien por qué, y acaba siendo una forma de vida.

Ustedes son la coartada de todos los errores, la explicación de todas las desgracias…

No siempre. Los auténticos deportistas saben valorar la labor del árbitro. Y respetarla. Somos tan deportistas como los futbolistas. En el campo todos podemos cometer errores.

Estamos hablando de cultura, de educación, además de deporte.

Por supuesto. Creo que la palabra más acertada es respeto. Respeto hacia todas las partes.

La presencia de mujeres árbitros de fútbol lamentablemente es poco común. ¿Se han sentido arropadas?

Sí, mucho. Tanto por parte del Comité Aragonés como del Comité Técnico de Árbitros (CTA), aunque tenemos que seguir creciendo en número. Actualmente en el Comité Aragonés somos 30 árbitras.

¿Alguna vez ha tenido que escuchar algo no deseado?

Sí, por desgracia siempre hay espectadores que recriminan al árbitro; pero dentro del terreno de juego los jugadores nos tratan igual que a nuestros compañeros.

¿Las pruebas de ascenso son comunes para hombres y mujeres?

Sí, es cierto. Ser árbitro exige una preparación tanto física como técnica. En mi caso, entreno cuatro días a la semana, dos de ellos con el preparador físico que nos facilita el comité. Uno de mis objetivos es llegar a Segunda B y estoy trabajando duro para ello. Es una meta complicada ya que el nivel en Aragón es muy alto. La temporada pasada fueron tres compañeros al curso de ascenso y uno de ellos, Armando Ramo, consiguió el ascenso. Ahora hay nueve árbitros aragoneses en Segunda B.

¿Su gran referente es Marta Frías?

Es una gran suerte poder trabajar al lado de una de tus referentes en el arbitraje. Ella lleva 19 años arbitrando y siete siendo internacional. Me ha ayudado mucho en todos los aspectos. Tengo la oportunidad de formarme al lado de una de las mejores.

¿Pensaba llegar a esta cota?

Empecé con mucha ilusión, igual que cuando comencé a jugar. En mis inicios, con 15 años, tampoco imaginaba que iba a llegar donde estoy ahora. Desde hace tres temporadas, la Primera División Femenina es pitada exclusivamente por árbitras. Desde el CTA se está haciendo un gran trabajo. La pasada temporada en Aragón hicieron un curso exclusivo para mujeres con la intención de aumentar el número de árbitras.

Este año ya ha ascendido una mujer a Primera como asistente…

Así es, la extremeña Guadalupe Porras. Es una alegría ver a una mujer en Primera División. A su vez, Marta Huerta es la primera árbitra en ascender a Segunda División. Las dos son un aliciente y una esperanza de que, con mucho trabajo, todo puede ser posible.

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