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¡Bravissimo Teruel!

El CAI Teruel roza la épica en un partido vibrante que se adjudicó la mayor experiencia del Cuneo (2-3). La lectura final es positiva: el equipo de Novillo suma un valioso punto.

Batista vuela para rematar un balón ante la defensa italiana, en el encuentro de ayer jugado en Los Planos
¡Bravissimo Teruel!
ANTONIO GARCÍA

'¡Mamma mia!', vaya manera de empezar el espectáculo de la 'Champions League'. Un duelo apasionante, vibrante... CAI Teruel-Bre Banca Lannutti, dos campeones frente a frente en el mejor escenario, el pabellón Los Planos de un intenso naranja. Más de 2.000 aficionados disfrutaron de un partido eléctrico que se decidió en la suerte del quinto set. Como hace unos meses, cuando la escuadra italiana visitó por primera vez Teruel en el duelo de octavos de final de la Copa CEV. Entonces, el Cuneo sudó para arrebatar la victoria al bloque de Óscar Novillo. Ayer, con la lección aprendida, el equipo de Alberto Giuliani estuvo a punto de sucumbir ante un CAI que hizo méritos para merecer la gloria del éxito. Como entonces, Nikolov acudió al rescate en un choque delirante que se decantó del lado piamontés. La lectura final tiene su lado positivo: con el nuevo sistema de puntuación en la competición, el conjunto aragonés arrancó un punto de muchos quilates. El CAI se quedó con la miel en los labios. La experiencia es un grado. Y el campeón de la Copa CEV lo ratificó.

Decía el capitán del Cuneo, Wijsmans, antes del partido que "hay una gran diferencia entre la teoría, la práctica y la ambición de los equipos". El hipótesis de la que se partía en el partido que abría el Grupo B de la 'Champions' es que el conjunto italiano estaba en una escala superior. El Cuneo reforzó su condición de superioridad en una primera manga que se rompió después del segundo tiempo técnico (13-16). Los dos equipos se miraban con respeto, se trataban con cuidado, sin hacer daño. Cáceres encendía el electrónico para el CAI, y filósofo Wijsmans lanzaba a sus compañeros con su ímpetu. Hasta entonces, todo funcionaba bien, aunque sin alcanzar el brillo. El Cuneo había puesto la primera marcha y cambió a la segunda, pero sin darse prisa. El CAI empezó a moverse más ansioso. La recepción no era clara; Hernán no gestionaba el balón a su gusto y el brazo de Cáceres se encontró con la muralla italiana (intenso Parodi). El CAI se empeñaba en rematar contra el bloqueo italiano, pero la técnica no funcionaba. Ni el cambio de piezas en la recepción (Oroz y Rojas entraron por Subiela y Batista) cuando la sangría empezó a ser importante. Seis puntos consecutivos (14-22) dejaron en pista a un CAI cariacontecido.

Wijsman (enorme ayer) hablaba también de la práctica, y el ejercicio de superarse ante la adversidad lo tiene muy bien aprendido el CAI. Que se lo pregunten al Belchatow polaco, al Unicaja Almería, hasta al mismo Cuneo. El público entendió que tenía que dar un poco más de calor al equipo de sus amores. Y redobló los gritos. El partido entró en una dinámica trepidante, con un ambiente asfixiante. Y surtió efecto. El CAI se engrandeció al ritmo de "¡Teruel, Teruel!" y la máquina funcionó a plena potencia. "Puntooo para Batista", "puntooo para Subiela", "puntooo Cáceres", "puntooo Suela, García-Torres", "puntooo para el público". El CAI fue capaz de lo más difícil: voltear el marcador en dos sets magníficos que noquearon al Cuneo con un inmenso trabajo colectivo, poderoso en defensa, efectivo en ataque. Fortunato por el centro y el 'capi' sostenían a un Cuneo donde su estrella principal, el opuesto Nikolov, daba pequeños chispazos. El CAI Teruel, con las nuevas reglas, ya tenía un punto en la clasificación.

Otro esfuerzo más. Malas noticias para el CAI. Nikolov volvía a la pista. El búlgaro había recuperado energías en el banquillo en la tercera manga. Su participación es una cuestión de estado para el Cuneo. Más disgustos. El alemán Jungen la lía desde la atalaya con el silbato (ay esos dos puntos de saque robados a Cáceres). Contrariedad. Guerra dialéctica. El colocador Gbric calienta al personal. También dirige con maestría. Barro. El Cuneo se mueve bien en ese terreno. La muerte súbita. "Este partido lo vamos a ganar", coreaba el pabellón. No. Gbric y Nikolov, el único que mantuvo la calma, remataron el trabajo.

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