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Martin Schiller, el sexto entrenador del Casademont Zaragoza en dos años

El banquillo del Casademont Zaragoza no ha tenido estabilidad desde la marcha de Porfirio Fisac en el verano de 2020.

Martin Schiller, nuevo entrenador del Casademont Zaragoza.
Martin Schiller, nuevo entrenador del Casademont Zaragoza.
Eurohoops

Martin Schiller es la apuesta en el banquillo del Casademont Zaragoza. Y se trata del sexto entrenador que contrata el club en apenas dos años, lo que retrata la inestabilidad, la fragilidad y la insconsistencia de sus últimos proyectos deportivos. La entidad, en este sentido, no ha hallado la pieza correcta desde la marcha de Porfirio Fisac en el verano de 2020, tras un exitoso curso que quedó sacudido por la pandemia. Desde entonces, el Casademont ha vivido instalado en un volcán enfurecido que acabó cobrándose un reguero de víctimas. Ceses y dimisiones integran el paisaje habitual de las dos últimas campañas, con actuaciones discretas y resultados inconvenientes, y con el equipo marcado siempre por los rigores de la clasificación.

Ahora es el turno de Martin Schiller, un técnico joven (40 años), sin demasiada experiencia, sin recorrido en la Liga Endesa, aunque provisto de grandes capacidades técnicas y de un amplio conocimiento del juego. Además, propone un baloncesto ágil y dinámico, al margen de ajustarse perfectamente al perfil formativo que perseguía la entidad: un entrenador habituado a trabajar con jóvenes valores, y con valentía para conceder oportunidades sin atender al carnet de identidad.

"En la G-League fue elegido entrenador del año", advierte Toni Muedra, director deportivo del Casademont, en alusión a las tres temporadas de Schiller en el Salt Lake City Stars, en la liga de desarrollo de la NBA. "Y allí demostró su capacidad no solamente como entrenador de equipo, sino para desarrollar jugadores, que es la razón de ser de esa competición", recuerda Muedra, quien también subraya "el gran trabajo" del técnico durante su etapa en el Zalgiris Kaunas, con una propuesta "vistosa, muy interesante", y con una acentuada influencia "del baloncesto norteamericano".

Schiller se incorpora al club aragonés por una temporada. Sustituye en el cargo a Dragan Sakota, el entrenador contratado en el tramo final del pasado curso para rectificar la trayectoria de un conjunto que, por juego, resultados y sensaciones, se encaminaba irremediablemente a la Liga LEB. El serbio, de 70 años, dirigió al Casademont los 10 últimos partidos del campeonato regular –obtuvo 4 triunfos–, y acabó firmando la salvación aunque con una dificultad manifiesta. Sakota sacó adelante los compromisos ante el Obradoiro (80-73), el Barcelona (76-71), el Breogán (82-85) y el UCAM Murcia (72-77), mientras que cedió contra el Burgos (78-56), el Joventut de Badalona (63-77), el Real Betis (79-69), el Bilbao Basket (80-82), el Baskonia (91-59) y el Andorra (80-83).

El preparador balcánico, que se había incorporado en marzo al Casademont, suplió entonces a Jaume Ponsarnau, sentenciado por un balance desalentador: ocho triunfos en los 23 encuentros disputados en la Liga Endesa, y sólo dos victorias en los seis duelos de la FIBA Europe Cup. El catalán fue contratado el pasado verano como sustituto de Luis Casimiro, el tercer entrenador del Casademont Zaragoza durante la temporada anterior.

En este sentido, inició el curso con Diego Ocampo, que fue destituido el 2 de noviembre de 2020; llegó entonces Sergio Hernández, subcampeón mundial con la selección de Argentina, que dimitió el 16 de abril por motivos personales; y cerró la temporada Luis Casimiro, quien guió al equipo hasta la conquista de la medalla de bronce de la Champions League, en mayo de 2021, en la Final a Ocho celebrada en la localidad rusa de Nizhni Novgorod. Además, esa misma temporada, Sergio Lamúa ejerció de entrenador interino en el partido ante el Gipuzkoa Basket, en la jornada 32, que finalizó con un contundente triunfo de los zaragozanos (99-71). Fue el 18 de abril, dos días después de que Sergio Hernández hubiera presentado su dimisión. Posteriormente, Luis Casimiro tomó el mando de la plantilla hasta el término de aquella campaña. Desde la marcha de Fisac, todo han sido turbulencias, agitación, fichajes fallidos. Es ahora Martin Schiller quien asume el gran desafío: dotar de estabilidad, serenidad y sosiego a un banquillo en permanente estado de erupción.

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