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Casademont Zaragoza: una caja fuerte en Andorra

Casademont Zaragoza se reencuentra así mismo con una victoria coral y consistente y rompe una dinámica peligrosa de derrotas frente al Morabanc Andorra.

MoraBanc Andorra vs Casademont Zaragoza
MoraBanc Andorra vs Casademont Zaragoza
Fernando Galindo

El baloncesto que conduce a la tranquilidad y que marca el camino de las victorias y los rendimientos sostenidos apareció en la vida del Casademont Zaragoza. Un juego fortificado en defensa, poblado de compromiso, de implicación, de tensión, de ayudas y trabajo oscuro, de buenos y peleados rebotes; apoyado en la estructura, en la firmeza coral y en la resistencia; protegido por todos y cada uno de los jugadores en un cofre, en una caja de caudales que guardaba un botín poderoso, una victoria. Al menos, una victoria para respirar y aguardar que las aportaciones de Cook, Bones o Yusta enderecen el rumbo del equipo.

A Casademont Zaragoza no se le reclamaba más que esto, un triunfo, un destello convincente, con argumentos de que su baloncesto adquiere consistencia, sentido, identidad, sobre todo, lo más importante, fuerza competitiva. En Andorra, frente a Morabanc, esos atributos vertebraron la victoria.

Después de un pasaje de 11 partidos con 2 victoria y 9 derrotas, las últimas cuatro consecutivas, el Casademont cuajó un partido completo, edificado, primero, por el buen tono colectivo y una defensa muy mejorada en todos los ángulos (debajo del aro en el rebote, en la protección del perímetro, en el ritmo posicional…) , y también, cuando tocaba, por el desequilibrio de dos individualidades con todo para marcar la diferencia cada uno en lo suyo, pero que suelen transitar por terrenos inciertos, irregulares y guadianescos: Matt Mobley y Hlinason. El americano, desidioso en defensa, pero escupiendo fuego con sus 21 puntos y el islandés atacando el aro como debe, sin miedo, agresivo, confiado e intimidante, sin mirar atrás ni abajo, solo arriba, con los brazos en alto. Ellos sostuvieron la ventaja en márgenes de seguridad cuando tocó.

Antes de ellos, el partido lo cavaron de verdad, lo blindaron, tres figuras secundarias habitualmente, con un baloncesto menos lucido, pero capital. Adam Waczynski no se quitó el mono de obrero en toda la tarde. Su mejor tarde en Zaragoza: firme en defensa, influyente en ataque: 16 puntos, 6 asistencias y 21 de valoración. Lo mismo puede afirmarse de Radoncic, muy presente en la victoria con la mejor valoración (23), fabricada con 17 puntos sin fallo en tiros de 2 (5/5) y tres rebotes. O de Thompson, poderoso en lo suyo y su zona: 8 rebotes defensivos, 9 puntos, 1 tapón y 16 de valoración. Ellos cimentaron el triunfo.

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