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El Casademont Zaragoza se reencuentra (83-92)

El equipo aragonés se impone en Andorra tras completar una actuación formidable. Mobley (21 puntos), Radoncic (17),  Waczynski (16) y Hlinason (14) resultaron capitales en el triunfo.  

Compromiso, constancia, sacrificio, generosidad. La fuerza del grupo, el rendimiento del colectivo por encima de las individualidades, la implicación de todos los jugadores en un proyecto común. Cuando el Casademont aplica esas máximas, alcanza una dimensión sobresaliente en su juego y es capaz de cuestionarle el triunfo a cualquier rival y en cualquier escenario. El conjunto aragonés completó una primera mitad notable, con un juego ágil, dinámico, rápido y alegre, brillante por momentos, que desarboló por completo la resistencia de su rival; y después, tras el descanso, resistió con entereza cada una de las embestidas de un oponente tenaz, siempre presto al combate, para acabar conquistando una victoria de mérito en el Principado (83-92). El triunfo termina con una negativa secuencia de cuatro derrotas consecutivas, al mismo tiempo que rearma anímicamente al grupo para futuros compromisos.

Matt Mobley (21 puntos), Dino Radonvic (17), Tryggvi Hlinason (14) y, sobre todo, de Adam Waczynski (16 tantos, 6 asistencias y 21 créditos de valoración) resultaron capitales en la victoria de los zaragozanos.

El Andorra anotó con facilidad en los primeros compases, favorecido por la desidia defensiva del conjunto aragonés. Los locales acertaron en sus dos primeros triples, ambos totalmente liberados, ejecutados por Hannah y Miller-McIntyre, y después aumentaron su renta con una canasta bajo los aros de Olumuyiwa. Y aunque el Casademont se sobrepuso inicialmente con los puntos de Yusta y Radoncic (8-8), los de Ibón Navarro volvieron a distanciarse nuevamente, sin excesiva oposición, con cuatro tantos de Crawford y un contundente mate de Amine Noua. En los peores momentos del equipo visitante, Thompson y Bone salieron al rescate para igualar otra vez la contienda, con buenas acciones individuales, para volver a creer. Al cierre del primer acto, los andorranos gobernaban el marcador con un punto de ventaja (23-22), gracias sobre todo a su acierto desde el perímetro (4 de 9 en triples).

Posteriormente, Hlinason ocupó el centro de la escena. El islandés intimidó atrás, modificando los tiros de sus oponentes, al mismo tiempo que sumaba puntos y rebotes con una autoridad manifiesta. En esos momentos, el Casademont dispuso de hasta cinco tiros cómodos para haberse puesto por delante (26-26), pero exhibió un desacierto inusual en sus lanzamientos. Sobre todo desde más allá del arco, donde presentaba un 0 de 8 en triples al cuarto de hora de partido. Radoncic, con una gran jugada individual, y Adam Waczynski, con un tiro exterior, no solo rompieron la igualada poco después, sino que establecieron la máxima ventaja a favor de los zaragozanos (26-32), que se tradujo también en el tiempo muerto de Ibón Navarro. Por entonces, los locales contabilizan tres únicos puntos, cuando habían ya transcurrido seis minutos del segundo acto.

El Casademont, muy incisivo, no desaprovechó concesiones de tal magnitud. Y aunque Arteaga acertó, por fin, con una canasta cerca del aro, los aragoneses respondieron con contundencia y prontitud: primero lo hizo Waczynski, con otro triple convertido; luego Mobley, con una penetración; posteriormente Radoncic, con otra acción de fuerza, casta y perseverancia; y más tarde de nuevo Mobley, con una canasta que amplió la renta visitante hasta los 13 puntos (28-41). Pese al notable desempeño de los visitantes -muy afilados, sobre todo, en el ámbito ofensivo-, el Andorra pudo reaccionar al filo del descanso, con un 7-1 de parcial (35-42), con Amine Noua como brazo ejecutor.

El Andorra intimidó en los primeros compases de la reanudación. Endureció el juego, aplicándose con mayor intensidad y vehemencia en cada una de sus acciones, lo que neutralizó los primeros ataques del conjunto aragonés. En este escenario, el Casademont tardó tres minutos y medio en anotar su primera canasta en juego -un triple de Matt Mobley-, pero al menos se mantuvo firme gracias a su solidez defensiva y a su puntería desde la línea de personal (4 de 4 en los tiros libres). Pese a todo, el empuje de los locales era enérgico, constante, sin tregua, y los de Ibón Navaro se situaron a solo tres puntos de distancia (48-51), rebasado el ecuador del tercer cuarto. 

Eran instantes especialmente comprometidos para el cuadro aragonés, que, sin embargo, pudo recuperar nuevamente el pulso con las canastas de Tryggvi Hlinason, Matt Mobley y Jordan Bone (50-59), todas ellas como resultado de grandes jugadas colectivas. A la media hora de partido, los zaragozanos habían edificado una sólida renta (54-64), con todos los jugadores sumando, con todos los jugadores remando en la misma dirección. El marcador, por entonces, era el justo premio a la formidable actuación de todo el equipo.

En el tramo definitivo, el Andorra nunca bajó los brazos, sostenido por la insistencia de Amine Noua, Crawford y Miller-McIntyre. Sin embargo, el Casademont nunca se descompuso, y acabó firmando una victoria de mucho mérito en rodeo ajeno. El equipo aragonés se ha reencontrado; vuelve a sonreír (83-92).

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