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Baloncesto

Cristina Ouviña, ahora en Francia

La jugadora aragonesa continúa con su periplo europeo tras su paso por Cracovia (Polonia) y Oremburgo (Rusia).

Cristina Ouviña, durante un entrenamiento con el Tango Bourges.
Cristina Ouviña, durante un entrenamiento con el Tango Bourges.
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Hablar de Cristina Ouviña es hablar de una trotamundos del baloncesto aragonés. Junto con Estela Royo, con experiencia en Reino Unido, Australia y Argentina, la zaragozana ha sido la otra encargada de ubicar a Aragón dentro del panorama baloncestístico europeo durante los últimos años. Así lo acreditan sus cuatro temporadas en el Wisla-Can Pack de Cracovia (Polonia) y su último curso en el Nadezhda de Oremburgo (Rusia). Ahora, a punto de cumplir 27 años, la base inicia su nueva andadura en las filas del Tango Bourges francés, con el que se ha comprometido una campaña más otra opcional.

"Estoy muy ilusionada y con muchas ganas de empezar a competir, confío en que sea un año bonito. Tenemos jugadoras con un nivel muy alto y creo que podemos llegar lejos, tanto en la liga como en competición europea", asegura Ouviña desde suelo francés. Allí se enfundará la camiseta que años anteriores han defendido jugadoras de primer nivel como Dumerc, Bojovic o la española Laia Palau. "Son bases top y eso hace que tenga un extra de exigencia respecto a otras temporadas", advierte.

Será su tercera experiencia lejos de su Zaragoza natal, donde con apenas 8 años empezó a anotar canastas con el CN Helios. En la capital aragonesa alcanzó la élite del baloncesto femenino español en las filas del Mann Filter, hasta que en 2012 hizo por primera vez las maletas rumbo a Polonia. "Fueron cuatro años maravillosos. Echo de menos el club, la ciudad... Sin duda fue una etapa que me hizo crecer muchísimo como jugadora", rememora.

El curso pasado Ouviña fue un paso más allá. Tras cuatro temporadas en Cracovia, la aragonesa dio el salto a la fría Rusia, concretamente a Oremburgo. A poco menos de 100 kilómetros de la frontera con Kazajistán y a más de 5.000 de la ciudad que la vio nacer, se embarcó en una aventura marcada por temperaturas extremas e interminables viajes a lo largo de todo el país. "El día a día allí es duro. Nadie habla inglés e incluso mis compañeras rusas no tienen un inglés fluido", explicaba la jugadora a este periódico el pasado mes de enero desde Oremburgo, donde llegó a alcanzar los -32 grados. "Deportivamente fue el año más exitoso, pero a nivel personal, sin duda, el más duro", puntualiza ahora desde su nuevo destino.

Zaragoza en el corazón

Una vez dejado atrás el frío, Ouviña disfruta de su nueva etapa en Francia. Donde, a pesar de no hablar el idioma local, cuenta con el factor de que todas sus compañeras se comunican en inglés. "Si me acabé entendiendo con los rusos, con los franceses tiene que ser pan comido", bromea. Sin embargo, a unos 700 kilómetros de España, la zaragozana tiene claro qué es lo que más seguirá echando de menos. "Viviendo fuera te acabas acostumbrando a comer regular, pero a lo que todavía no me he hecho es a no estar cerca de mi familia y amigos. Eso es lo que peor llevo", reconoce.

Un regreso a casa al que Cristina Ouviña no cierra la puerta. "No sé si pronto, pero volveré seguro a Zaragoza. Cada día tengo más claro que si regreso a España es para estar con los míos. Me gusta sentir los colores y en mi país tengo claro que yo soy del verde y amarillo", concluye en referencia al Mann Filter.

En un horizonte muy lejano, además, continúa una selección española a la que cada año es más complicado volver. Un combinado con el que alcanzó el cielo en el Europeo de Francia en 2013, donde conquistó la medalla de oro tras derrotar al cuadro anfitrión en la gran final (69-70). Mientras tanto, Cristina Ouviña continuará portando el nombre de Aragón y de Zaragoza por todo el mundo. Esta vez desde la vecina Francia.

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