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natación paralímpica

Teresa Perales: "No sé si voy a nadar con un brazo o con los dos"

La campeonísima, reciente premio Princesa de Asturias, acude a la cita paralímpica con una lesión en el hombro. Pese a todo, competirá a tope de sus posibilidades.

Teresa Perales, con el brazo lesionado, en su casa de Zaragoza.
Teresa Perales, con el brazo lesionado, en su casa de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Días atrás, la campeonísima española Teresa Perales lamentó que no podría competir al máximo de sus capacidades en los inminentes Juegos Paralímpicos de Tokio. La nadadora aragonesa sufrió el pasado 17 de mayo una luxación aguda en el hombro. Ahora, desde la concentración del equipo español en Sierra Morena, anuncia que peleará como pueda y hasta el final en la cita paralímpica.

Vaya faena, Teresa…

Ya sabía que estaba todo muy complicado. Prefería decirlo. Lo voy a intentar hasta el último segundo. Y nadar, voy a nadar. Lo que no sé si voy a nadar con un brazo o con los dos. El brazo izquierdo no está bien. He estado entrenando solo con el brazo derecho. Temo que se me salga el hombro (izquierdo). Para conseguir medalla, es imposible porque sencillamente no lo puedo mover.

¿Y cómo nada usted entonces?

Es todo un poema, pero nado (sonríe)... Estoy dando un ejemplo de que incluso se puede nadar con un brazo (sonríe, de nuevo).

Con 26 medallas en su haber, es una pena que no pueda estar a tope en Tokio.

Las lesiones surgen cuando surgen. Soy deportista y había tenido hasta ahora suerte de no haber tenido ninguna lesión grave y, sobre todo, de no haberla tenido nunca cerca de ninguna gran competición. Esta vez he tenido la mala suerte de que ha sido cerca de los Juegos. Me lesioné en Madeira. Allí gané las medallas que me dejó ganar el hombro: tres medallas. Después de ganar la tercera, se me salió el hombro.

¿Por qué no se ha operado?

No daba tiempo para hacer cirugía, porque, entre que se recuperan las suturas y tal, era imposible antes de los Juegos. Después de todos los males, es el mal menor. Aunque se me subluxa casi todos los días, lo recoloco y tiro para adelante.

Estamos ante el mismo caso del gran judoka Sergio Domenech: tener que ver en el podio a alguien que es muy inferior.

Lo suyo fue peor.

Ver en el podio a alguien inferior a quien has ganado siempre…

Yo optaba a dos medallas individuales y los dos relevos. En relevos tenemos posibilidades. Voy a nadar las dos individuales. Todo dependerá de cómo evolucione todo hasta la competición. Esto es una contrarreloj… Pero soy muy cabezota. Quiero ir. Es muy importante ir por muchas razones.

¿Qué razones?

La menos importante, la mía personal, que es la más egoísta, y es que quiero participar. Luego hay otra razón más importante y es que hay que poner de manifiesto que a muchos deportistas les pasa que tienen lesiones. La mía, mi lesión, dentro de lo que cabe, tengo la suerte de que no es una fractura, sino que se me sale el hombro. Y lo que tengo que hacer es volverlo a meter y se soluciona el problema mientras se pueda solucionar. Otra cosa es competir a mi nivel habitual.

Los de Tokio serán los quintos Juegos de Pau Gasol. Los suyos, los sextos…

El sueño grande era ganar medallas, y ahora me quedo con el sueño pequeñito, que es estar allí. Estoy entrenando que no se lo puede ni imaginar. Estoy concentrada en Sierra Nevada entrenando doble sesión casi todos los días, siete días a la semana. Voy a estar aquí hasta el día 30. Luego tendré cuatro días de descanso y después me iré en cuarentena a Barcelona, porque allí estamos 15 días antes de ir a los Juegos. No me estoy dejando ni un segundo de preparación para estar lo mejor posible.

Sin ver a su hijo…

El niño vino aquí el lunes, pero porque está apuntado en un campus del Movistar Estudiantes y están cerca de aquí. Así lo he podido ver, aunque sea a través de una cristalera. Estoy fuera de casa, luchando. Hasta el último segundo voy a intentar nadar con los dos brazos. Si no puedo, le juro que nadaré con uno. Y lo tengo más claro que el agua.

Iba a batir el récord de medallas de Michael Phelps (28 metales)… Qué faena, decía al principio, Teresa...

Habrá que esperar a París, siempre nos quedará París, los Juegos de 2024.

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