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Busquets devuelve el orden y el criterio

El capitán, la brújula que necesitaba España para ser reconocible, dio una lección magistral y sacó el compás para hacer jugar a Koke, Pedri, Sarabia.

Euro 2020 - Group E - Slovakia v Spain
Euro 2020 - Group E - Slovakia v Spain
JOSE MANUEL VIDAL

Luis Enrique suspiraba por el regreso de Sergio Busquets y tras lo sucedido en La Cartuja ante Eslovaquia se entiende su anhelo. Después de los dos primeros partidos ante Suecia y Polonia, con una selección desordenada y abonada a un destello o un fogonazo, el capitán devolvió a España sus señas de identidad hasta hacerla otra vez reconocible. El futbolista del Barcelona se convirtió en la brújula que necesitaba La Roja para encontrar siempre el camino adecuado. Fue la referencia de los centrales en la salida de balón, el faro de los centrocampistas cuando las ideas no fluían y era necesario empezar de nuevo y el repartidor de juego a diferentes velocidades para Koke, Pedri, Sarabia... Busquets sacó el compás y dibujó un círculo a su alrededor en el que sucedió todo lo que él quiso. Y todo lo que quiso salió bien.

No fueron necesarios muchos minutos para comprobar que los cambios introducidos por el entrenador asturiano habían surtido efecto. Quería el técnico circulaciones certeras y rápidas y las encontró a través de Eric Garcia, que suplió a Pau Torres, Azpilicueta, que ocupó el lateral derecho en detrimento de Diego Llorente y, por supuesto, Busquets, que, cada vez que recibía, miraba, leía y hacía jugar al resto como una máquina sincronizada. Sus conexiones con Pedri, extraordinario, fueron una constante -quedó claro que se conocen muy bien-, y supo interpretar mejor que nadie los movimientos de Sarabia, un cuchillo en el uno contra uno. A su lado, un incombustible Koke, el compañero perfecto para ensanchar el campo en ataque y estrecharlo en tareas defensivas.

Busquets, elegido el mejor del partido por la UEFA, es uno de los pocos supervivientes de la España que maravilló al mundo con su particular juego de toque y desborde. Sobresalía entonces en el trabajo de destrucción. Hoy su rol ha cambiado. Ya no solo cierra espacios y recupera balones, que también, sino que ha asumido un papel organizador, muy diferente al que estaba acostumbrado. Pero, además, su brazalete simboliza la correa de transmisión de dos generaciones, el eslabón entre la selección que lo fue todo hasta su desgaste y la que busca apuntalar el presente para mirar al futuro. Ayer fue relevado en el minuto 70 para darle descanso de cara al cruce de octavos frente a Croacia y en el 39 vio tarjeta amarilla.

No lo ha tenido nada fácil el capitán en esta Eurocopa de la pandemia. Pocos días después del inicio de la concentración en Las Rozas dio positivo por coronavirus. Un mazazo personal, para el grupo y para Luis Enrique, que había convertido al azulgrana en uno de los ejes de su proyecto. El seleccionador dijo que le esperaría y habló a diario con él mientras estuvo confinado para apoyarle y darle confianza.

Nada más terminar el choque ante Eslovaquia, Busquets se acordó de estos malos momentos y habló sobre ello con ojos llorosos ante las cámaras de Telecinco en el césped de La Cartuja: «Estoy emocionado. Estuve diez días confinado y no sabía si iba a volver». Los dos primeros partidos no pudo jugar, pero tras el empate ante Polonia ya ejerció de capitán vestido de calle. Esperó a sus compañeros en la banda y tuvo un gesto de apoyo y palabras de ánimo para cada uno de ellos.

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