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Teresa Perales, la chica de oro

La nadadora aragonesa posee un palmarés único: 26 medallas en los Juegos Paralímpicos, 20 en los Campeonatos del Mundo y casi medio centenar en los Campeonatos de Europa. 

Teresa Perales, con su medalla de oro
Teresa Perales, con su medalla de oro
Comité Paralímpico Español

Desde que a los 19 años le diagnosticaron una neuropatía por la que perdió la movilidad en las piernas y que le hizo inseparable de su silla de ruedas o de sus muletas, Teresa Perales (Zaragoza, 1975) comenzó a forjar una leyenda deportiva única e inigualable en la que lucen, con histórico esplendor, 26 medallas en los Juegos Paralímpicos, 20 en los Campeonatos del Mundo y casi medio centenar en los Campeonatos de Europa. Las últimas hace solo unos días, muestra de que para Perales, a sus 46 años, el Premio Príncipe de Asturias recién concedido, no es un reconocimiento de pasado, sino todavía de un presente muy vivo y que tendrá en Tokio su siguiente capítulo.

Teresa Perales ha contado siempre que una de las últimas veces que no se apoyó en unas muletas fue el día que el Real Zaragoza ganó la Recopa de París en mayo de 1995. Tras el comienzo de su enfermedad, necesitó semanas de adaptación y asimilación antes de enfocar su vida hacia la piscina. Allí, encontró su paraíso y un caldo ideal con el que construirse una leyenda del deporte paralímpico.

En 2012, fue la abanderada de la delegación española en los Juegos Paralímpicos de Londres y, de paso, dio el pregón de las Fiestas del Pilar, dos de las ilusiones de su vida. Un año después se quedó solo un voto del reconocimiento que precisamente ahora recibe, el Príncipe de Asturias. Sus triunfos deportivos y la infinidad de galardones institucionales le otorgaron una gran popularidad, una aceptación que le abrió las puertas de la política en 2003, cuando fue elegida diputada autonómica por el PAR en las Cortes de Aragón. Desde entonces, ha estado muy ligada a cargos de gestión y responsabilidad pública: diputada en las Cortes de Aragón por el PAR, directora general de Atención a la Dependencia del Departamento de Servicios Sociales y Familia del Gobierno de Aragón; asesora del Departamento de Servicios Sociales y Familia y asesora del Área de Fomento y Deporte del Ayuntamiento de Zaragoza.

Teresa Perales es también diplomada en Fisioterapia y experta en ‘coaching’ personal y deportivo. Suele participar también en conferencias para entidades públicas y privadas. Ha sido profesora en materia de fisioterapia y discapacidad en la Universidad de Zaragoza y en universidades de verano como las de Teruel o Colindres, en Cantabria. Y ha sido miembro del Consejo Asesor de la Fundación Princesa de Gerona y embajadora de Fundación Telefónica.

En 2018, fue galardona por Heraldo de Aragón con el premio Heraldo en la categoría de Valores Humanos. Con motivo de esta distinción, ofreció una entrevista a este periódico repasando su vida. Afirmaba que su experiencia estaba marcada por dos hechos fundamentales, la pérdida de su padre con 15 años -"lo peor que me ha pasado en la vida"- y una neuropatía a los 19 que la dejó en una silla de ruedas, que le privó de movilidad en las piernas, recurrió a la piscina como un medio en el que lograr mayor libertad, aunque la natación no había sido hasta entonces su deporte favorito. "Nadie nos imaginamos la vida con un trasto debajo del trasero o con cualquier otra discapacidad sobrevenida; o con cualquier problema que te pueda surgir. Sabemos que la vida está llena de baches y siempre piensas ¡eso les pasa a los otros! En mi caso, haber perdido a mi padre a los 15 años me hizo ver que era muy egoísta si no seguía disfrutando de la vida. No quiero decir que tuviera mis momentos al principio, porque pasé las fases que tenía que pasar de negación, ira… pero llegó un momento en el que me aburrí de mirar mi propio ombligo".

Durante las dos últimas décadas, Teresa Perales ha sido también una de las mayores impulsoras de la apertura a la sociedad del deporte paralímpico hasta situarlo como un deporte en sí mismo. Este Premio Príncipe de Asturias es el reconocimiento a ese esfuerzo: nunca un deportivas paralímpico había ganado este galardón. Perales también ha sido una firme defensora de la igualdad en el deporte y de los valores e integración de la mujer.

Para ella, el agua es sinónimo de libertad, el lugar donde se siente libre, donde está frente a sí misma. Aunque aseguraba que "no hubo un antes y un después" de la enfermedad. "No es para mí tan importante la silla de ruedas porque he seguido haciendo mi vida, más bajita, pero igual. La silla no me marca ningún aspecto de mi vida; me puede impedir no subir un escalón y es una faena y en algunos momentos es muy duro no poder subir un puñetero escalón, porque te impide llegar a sitios de acceso sencillo, pero nada más, de ahí no pasa".

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