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El Casademont Zaragoza se lleva el bronce de la Champions League (89-77)

El equipo aragonés se sube al podio de la competición europea tras vencer en un partido serio y completo al cuadro francés. Aunque no se decidió el duelo hasta el final, la ventaja tampoco ha bajado de cuatro puntos en el último cuarto.

Fue una jornada memorable, histórica, de un valor incuestionable para el patrimonio deportivo aragonés. Una gesta para la entidad. Un regalo para la afición. El Casademont Zaragoza accedió al podio de la Champions League, tras doblegar con solvencia al Estrasburgo francés (89-77) en el partido que determinaba la tercera y la cuarta plaza del torneo. Un epílogo continental brillante, a todas luces merecido, para un conjunto que se impuso por voluntad, compromiso y actitud, por intensidad y concentración, por fuerza y convicción, por su ambición desbordada. 

En su última actuación europea de la temporada, apareció el Casademont Zaragoza de antaño. Aquel equipo dinámico, alegre, comprometido y solidario de las tres últimas temporadas, que tantos éxitos le ha reportado a la entidad. Aquel bloque arrollador, con una capacidad competitiva admirable, que se coló en las semifinales de la Liga Endesa en 2019; que permaneció en la tercera posición de la tabla un año más tarde, hasta que la pandemia del coronavirus detuvo las competiciones en marzo de 2020; y que acabó cuarto en la anterior edición de la Champions League, en la campaña de su estreno en la competición continental de la FIBA.

El bronce no sólo supone una hazaña deportiva, sino que también conlleva una importante recompensa económica: los zaragozanos percibirán 200.000 euros por haber finalizado el torneo en la tercera posición. Su presencia en el podio, además, retrata la solidez de su proyecto. La ambición de su presidente, Reynaldo Benito; el gran trabajo en la gerencia de Javier Gastón; el elevado porcentaje de acierto de su director deportivo, Pep Cargol, pese a los altibajos protagonizados por el Casademont Zaragoza en el torneo doméstico; la valía de su técnico, Luis Casimiro, que ha recuperado las señas de identidad del equipo; y la capacidad y el potencial de una plantilla que siempre se ha mantenido unida y que ha sabido sobreponerse a todas las dificultades, por muy elevados que fueran los obstáculos a sortear.

El conjunto aragonés se cuelga la medalla de bronce, tras haber eliminado en los cuartos de final al Nizhni Novgorod ruso, el equipo anfitrión (78-86); tras haber doblado la rodilla frente al Pinar Karsiyaka turco, en un duelo de semifinales que se resolvió en los compases finales (79-84); y tras haber doblado al Estrasburgo (89-77), en un batalla por el tercer puesto que gobernaron los zaragozanos de principio a fin. Por detrás del Casademont se sitúan conjuntos de la talla del Lenovo Tenerife, el Nymburk checo, el Nizhni Novgorod ruso y el Hapoel Holon israelí; y también el AEK de Atenas, el Turk Telekom, el Brose Bamberg, el Limones, el Tofas Bursa o el Galatasaray, que ni siquiera fueron capaces de alcanzar la Final a Ocho del torneo. La participación de estos clubes en la Champions League engrandecen aún más la gesta de los aragoneses.

En el inicio, el Casademont fue un bloque firme atrás, sin apenas fisuras, pero tuvo muchas dificultades en cada uno de sus ataques. Transcurridos cuatro minutos, el cuadro aragonés había errado sus tres lanzamientos triples y contabilizaba dos únicas canastas, ambas desde la pintura (4-7). Se mantenía en el partido por su notable desempeño defensivo. Sin embargo, los zaragozanos enseguida serenaron su juego, se despojaron de la ansiedad y se liberaron, por fin, de la desconfianza y las inseguridades que lastraron su rendimiento en el duelo de las semifinales. Un lanzamiento exterior de Barreiro comenzó el despegue. Después llegaron los puntos de Ennis, Wiley, Brussino y Sulaimon, sumados con tiros liberados, tras muy buenas jugadas colectivas, y el Casademont clausuró con ventaja el acto inaugural (20-16).

El conjunto aragonés, cada vez más seguro de sus fuerzas, también emitió señales muy positivas en el segundo acto, con una notable aportación de Barreiro en los dos lados de la pista. El Casademont mantenía su solidez defensiva, neutralizando las virtudes de su rival, mientras que en ataque movía con rapidez y criterio el balón, hallando siempre situaciones muy ventajosas de tiro. Al cuarto de hora, los zaragozanos ampliaron su renta hasta los siete puntos (29-22), lo que se tradujo en el tiempo muerto de Lassi Tuovi, el entrenador de los galos.

Pero las instrucciones del técnico no modificaron el guión. Ennis, desde más allá del arco, y Benzing, tras una asistencia de Rodrigo San Miguel, aumentaron la distancia de los zaragozanos (34-24) ante un rival por entonces aturdido y desconcertado, permanentemente superado, muy inferior en todos los órdenes del juego. Y cuando el Casademont vivía sus mejores minutos, Barreiro tuvo que retirarse a los vestuarios, aquejado de una lesión en el tobillo derecho. El conjunto aragonés perdía al ala-pívot, cuya implicación resulta siempre incuestionable. Su tesón, su insistencia y su compromiso habían tenido un efecto expansivo en el resto de sus compañeros, quienes, en la recta final del primer cuarto, se habían contagiado del ímpetu del gallego para iniciar la reacción. Sin Barreiro en la pista, el Estrasburgo dio un paso adelante y amenazó con remontar, tras dos lanzamientos triples prácticamente consecutivos de Bonzie Colson. Fue entonces Dylan Ennis quien sostuvo al conjunto aragonés con sus habituales acciones de potencia, fuerza, ingenio y determinación. El canadiense aportó 12 puntos y 4 asistencias en 16 minutos de juego. Emergió cuando más presionaban los galos, en momentos especialmente comprometidos, para mantener a su equipo por delante en el marcador. Al descanso, el Casademont seguía gobernando el duelo con autoridad (44-37), tras haber completado un primer tiempo de altura.

El conjunto de Luis Casimiro arrolló en los primeros compases de la reanudación. Harris, con un gran jugada personal, y Brussino, tras culminar un rápido contragolpe, conllevaron un nuevo tiempo muerto de Lassi Tuovi, cuando sólo se habían celebrado 40 segundos del tercer cuarto (48-37). El Estrasburgo era un bloque desnortado, con importantes lagunas atrás y con un juego lento y previsible en sus acciones ofensivas. El Casademont, de esta forma, mantuvo una sólida ventaja en el marcador (56-46), afianzado por sus notable desempeño en las labores de contención y liderado ahora en ataque por las canastas de Elias Harris y Nico Brussino.

Sin embargo, el Estrasburgo es un equipo intenso, enérgico, con una capacidades físicas sobresalientes; y aunque estuvo por momentos muy alejado de su mejor versión, le bastaron cuatro destellos de sus mejores jugadores, Bohacik y Colson, para situarse a sólo seis puntos (61-55) al filo de la media hora. Entonces apareció de nuevo Dylan Ennis, con un certero triple, para rescatar a los zaragozanos en otro instante de máximo riesgo (67-55).

En el tramo definitivo, el Estrasburgo descargó varias trombas. Fue un embate a la desesperada, pero despiadado, vehemente, letal, que desarboló a los aragoneses durante cuatro minutos. Los franceses firmaron un parcial de 8-0 (67-63), al mismo tiempo que Sulaimon era descalificado por sus reiteradas protestas. La trama permaneció abierta hasta el último suspiro, con los galos creyendo decididamente en la victoria y con los zaragozanos, muy cansados, tirando de casta y orgullo para resistir en la tormenta. En los instantes de fragor, fue Barreiro quien ocupó el centro de la escena. Pese a sus molestas en el tobillo, el gallego había regresado a la pista para ayudar al equipo en la recta final. Acertó desde el perímetro, con dos triples consecutivos, y se aplicó en defensa con su perseverancia habitual. Pero el Estrasburgo seguía sin enarbolar la bandera blanca. A cuatro minutos de la conclusión, los dos equipo optaban al triunfo (74-70), tras un intercambio de canastas permanente. Pero los de Casimiro, ahora sí, se manejaron con templanza y seguridad en los últimos compases de la contienda, con Harris y Ennis en su versión estelar, para acabar consumando la gesta. El Casademont se ha instalado entre los grandes.    

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