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Cayo Muñoz: "A mis 80 años, jugar al billar es mi gran pasión"

Perito industrial y empresario zaragozano (20 de febrero de 1941), ha sido campeón de Aragón, España e internacional en billar a tres bandas y artístico.

Cayo Muñoz, su inseparable taco y todos su trofeos
Cayo Muñoz, su inseparable taco y todos su trofeos
Guillermo Mestre

¿El billar es un deporte o un arte?

Creo que en sus inicios fue un arte que evolucionó a deporte. Cuando me inicié, hace casi 70 años, era un entretenimiento generalizado. Había muchos aficionados, pero muy pocos consiguieron un cierto nivel. El billar siempre fue muy difícil en todas sus modalidades, y más en tres bandas y artístico. Fue yendo a menos poco a poco con la llegada de las máquinas recreativas, pero últimamente el billar ha resurgido con mucha fuerza, arrastrados por Corea del Sur (sólo en Seúl hay más de l0.000 clubes de billar carambola) y ya existen circuitos de jugadores profesionales muy bien remunerados.

¿Dónde acarició su primer taco?

En el colegio La Salle Montemolín, con 7 años, y fue un flechazo. A los 12 disputé allí mi primer campeonato siendo yo claro favorito, pero no gané. Venció Rafael Urroz, buen amigo, que después fue futbolista profesional. El debut fue un poco amargo. Pero sirvió para engancharme y dedicarle todas las horas de mi vida, que siempre han sido muy gratificantes. La pelea contra las bolas, llegar a dominarlas lo más posible y progresar, fue desde entonces mi claro objetivo.

El 26 de junio de 1967 se convirtió en el primer aragonés campeón de España de billar a tres bandas. ¿Qué supuso?

Tenía 26 años y tuve mucha suerte porque creo que aún no estaba al nivel de algunos contrarios: era muy difícil compitiendo con Joaquín Domingo, claro favorito, que era entonces campeón del mundo de artístico; Avelino Rico, que lo fue posteriormente de tres bandas, y Claudio Nadal, varias veces campeón de Europa. Quizá la espina que me ha quedado es que al billar tres bandas, que era mi especialidad, no he tenido la oportunidad de ganar un Europeo. Pude conseguir a lo largo de los años un subcampeonato y doce terceros puestos. A partir de los 33 años me centré en el billar artístico y alcancé cotas muy altas. Es una disciplina en la que tienes que realizar un programa de 68 figuras de una dificultad enorme y se requieren muchas facultades en el ataque a las bola. El control de esto es un sacerdocio. Llegué a batir el récord de España -329 puntos, a tres del de Europa- que se ha quedado de por vida ya que se cambió el sistema de juego.

"La pelea contra las bolas, llegar a dominarlas lo más posible y progresar, fue desde entonces mi claro objetivo"

También destacó en el tenis...

Me gustó desde el primer momento y me ha valido para mantener una buena forma física. Me convenció con 22 años mi cuñado, Alfonso Pina. Con 30 ya estaba disputando Campeonatos de España con el Stadium Casablanca. He conseguido títulos de mixtos, dobles e individual en campeonatos de Aragón de veteranos entre 70 y 80 años de edad.

Hace unos días cumplió 80 años, ¿todavía tiene ilusión por seguir jugando?

Jugar al billar siempre ha sido mi gran pasión, no hay edad. Disputo competiciones a nivel nacional: estoy sobre el noventa del ranquin español… y subiendo (risas). Valeriano Cascallar, el alma máter del billar aragonés, se percató de que tengo dos copas del mismo campeonato de Aragón con 60 años de diferencia. Aunque este año no creo que haga mucho billar ya que estoy volcado con la empresa que fundé hace 55 años (Inelas Poliuretanos S. L.) y voy a ayudar en su modernización, ampliación y traslado de Malpica a Empresarium.

De todas las carambolas que ha firmado en su vida, ¿con cuál se queda?

Con tres, como las bolas del billar. Una, mi mujer: no se puede jugar al billar, al tenis, tener una empresa, cuatro hijos extraordinarios (Eva, Cayo, Víctor y Jorge) si no se cuenta con una mujer como Carmen. Abnegación ejemplar y merecedora de todo mi cariño por siempre. Dos, he sido un hombre de objetivos con mis cuatro ‘p’: posibilidad de hacer una cosa, pensamiento para llevarla acabo, paciencia y y perseverancia. Y tres, la suerte de haber tenido toda la vida una salud de hierro que me permite a mi edad estar feliz, con fortaleza y ganas de seguir haciendo cosas. Estoy muy agradecido a la vida. Más aún en estos tiempos en que muchas familias se han visto afectadas por tantas desgracias como el coronavirus. Hay que confiar en una vacunación rápida y masiva que nos saque de esta pesadilla.

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