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Un Real Zaragoza pendular

El equipo de Raúl Agné oscila entre la esperanza y la decepción. En Alcorcón borró el brillo ofrecido contra el Levante la semana anterior. El próximo domingo, ante el Nástic de Tarragona, se impone un inmediato regreso a la mejor versión para alcanzar unas metas todavía posibles.

Ángel acosa a Raúl ante el Levante.
Un Real Zaragoza pendular
Oliver Duch

Bajo la acción gravitatoria de su inestable fútbol, oscila el Real Zaragoza entre la esperanza y la decepción. El último viaje, el más reciente de este movimiento singularmente periódico, orientó el péndulo hacia la decepción. Y eso, como el último sabor que se cata, es lo que hoy queda tras la comparecencia en Alcorcón. Apenas una semana antes, la trayectoria que se dibujó en La Romareda ante el Levante fue la opuesta: esperanza, ilusión, después de jugar bastante mejor que el Levante, líder indiscutible de la competición. Así navega el Zaragoza pendular por la Segunda División, una categoría que no admite vaivenes, que exige regularidad para alcanzar los objetivos.

Fue breve la distancia temporal que separó el bien y el mal, el todo y la nada. El Real Zaragoza y el Levante firmaron probablemente el mejor partido de la temporada, no solo entre los disputados en la capital aragonesa, sino en la que llevamos de curso en la Segunda División. El Zaragoza pendular lo bordó ante el pope liguero, con una propuesta de juego notable y fases de fútbol extraordinarias. Perdió por 0-1 porque Irureta se comió un rematito de Roger Martí, no por otra causa argumentable. Mereció muchísimo más el equipo del león rampante. La Romareda incluso aplaudió a los jugadores pese a la derrota. De algún modo, se confirmaba la sensible mejoría apuntada en la media hora final en El Alcoraz, cuando se le dio la vuelta al marcador con una enérgica reacción, eso sí, tras la monumental cantada del portero del Huesca.

La visita a Alcorcón aparecía en el itinerario de la Segunda División como una magnífica oportunidad para estirar el buen momento de juego exhibido en dos partidos consecutivos, o, mejor dicho, en la fase final de uno y en todo el desarrollo del otro. Con tiempo para alcanzar la zona del ‘play off’ de ascenso a la Primera División, el Zaragoza se perdió sobre el campo de Santo Domingo. Es cierto que se empató, que se rascó un punto; pero el gol zaragocista llegó en una tragada rival en la fase terminal del encuentro. Fue fruto de un error garrafal del Alcorcón, no consecuencia del inexistente fútbol zaragocista. Pese al empate, llevaría a error extraer conclusiones positivas más allá del punto sumado. Poco más que ese punto se llevó el Zaragoza de Alcorcón.

Imagen inversa

Desde luego, las sensaciones que destiló el equipo no fueron agradables. Respecto al equipo presentado ante el Levante,

Raúl Agné cambió al portero y robusteció la defensa con Marcelo Silva, que no pudo actuar ante los granotas al estar sujeto a sanción por acumulación de amonestaciones. Teóricamente, el equipo estaba en disposición de crecer, hecho que no consumó en los arrabales de Madrid ni por asomo. El Alcorcón fue el dueño del partido. El Zaragoza solo fue capaz de sumar rentabilizando un gol del rival. En verdad, el mismo encuentro fue el inverso al inmediatamente anterior. Jugando bien, no se fue capaz de sumar ante el Levante porque el portero zaragocista falló. En Alcorcón, la pifia fue del oponente, y, pese al pobre fútbol mostrado, sí se fue capaz de sumar.

El punto en sí, exclusivamente el punto, permite al Zaragoza adquirir una distancia de cinco créditos sobre la cota del descenso. Al fin y al cabo, el punto fue lo único positivo de la gris tarde en Alcorcón. Sin embargo, también los puntos, la trayectoria última del Real Zaragoza (no la concreta de la última jornada), pone en una situación cada vez más incómoda al equipo y, por extensión, a su técnico. Agné, como todos los entrenadores, es preso de los resultados. Con cinco puntos capturados de los últimos 21 jugados, se impone una reacción inmediata, una oscilación en el péndulo hacia la cara opuesta de la mostrada en Alcorcón. Ese es el viaje al que obligatoriamente hay que embarcarse el domingo ante el Nástic de Tarragona.

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