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Ganchitos, tartas de nata y centollos reconvertidos en ceniceros

Ganchitos, tartas de nata y centollos reconvertidos en ceniceros

Las fiestas de cumpleaños se solían celebrar en casa.
Las fiestas de cumpleaños se solían celebrar en casa.
Yo fui a la EGB

Sándwich de jamón de york y queso y también medias noches de Nocilla, acompañados de un vaso de bebida de color naranja que nuestra madre había preparado horas antes mezclando varios sobres de Tang, porque el Kas daba muchos gases y la Coca-Cola era para mayores. Este era el menú de cumpleaños del 90% de los niños zaragozanos en los años Ochenta. El otro 10% acudía con media docena de amigos, los ‘mejores’, a merendar a alguna de las hamburgueserías de la ciudad, a locales como el Mc Donalds, de plaza España, el Burguer Rubios o el Pokins.

Como previa a la merienda, los más pequeños, que acudían solos, sin la compañía de sus padres, eran recibidos por el cumpleañero con una enorme fuente de duralex verde llena de ganchitos. Y así, rodeados de vasos y platos de plástico, arrancaban las celebraciones, que acababan a una hora prudente, porque luego había que tomar algo con la familia, el mismo día que se cumplían los años, nada de dejarlo para el fin de semana.

Las fechas eran sagradas y había que respetarlas. Y, si a la mañana siguiente había que madrugar porque tocaba cole, los regalos se abrían cuando se podía. Detalles entre los que no podían faltar esos maravillosos libros de la serie naranja del Barco de Vapor, con un clásico entre los clásicos ‘Fray Perico y su borrico’.

Fiestas navideñas

Un regalo que también ocupaba espacio en los trineos de Papa Noel, que llegaba puntual a la cita la noche del 24 de diciembre, después de que la familia, cuñado incluido, se reuniera alrededor de una mesa rellena de platos, copas y cubiertos para carne y pescado.

En estas celebraciones navideñas no podían faltar los langostinos con mayonesa y los cócteles de marisco, que en realidad eran copas con muchas gambas y poco percebe. En todo caso algún centollo, cuyo caparazón servía luego de cenicero, una vez lavado en la fregadera, porque no había fregaplatos.

Para compensar, nunca faltaba el ternasco de Aragón, con patatas a lo pobre, la macedonia de frutas, la sidra el Gaitero y el turrón duro, productos fijos en las cestas de Navidad que entregaban en las empresas.

Si quieres recordar todas estas anécdotas tienes una cita en ‘Yo fui a EGB La Gira’, el sábado 15 de diciembre, en el pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza, donde más de 30 artistas se subirán al escenario para animar y divertir a todos los asistentes.

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