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Provincia de Huesca, encanto natural y patrimonial únicos al alcance del visitante

Además de una riqueza natural que ofrece infinitos paisajes de gran belleza, la provincia oscense alberga un variado patrimonio cultural que invita a perderse en el legado de las culturas que descubrieron la magia de esta tierra.

Las gradas de Soaso, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, que este año celebra su centenario.
Las gradas de Soaso, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, que este año celebra su centenario.
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La provincia altoaragonesa se puede descubrir siguiendo las huellas de sus primeros moradores, los dinosaurios, y también dando un paseo por la Corona de los Muertos, uno de los mejores conjuntos megalíticos del Pirineo, ubicado en la Selva de Oza. Vestigios milenarios que invitan a descubrir la larga historia de una región donde el patrimonio cultural de las distintas épocas es inacabable.

Pero no solo la Prehistoria dejó su impronta en esta tierra. Envueltos por una naturaleza salvaje y de gran belleza, se pueden avistar castillos y fortalezas –en sus diez comarcas– que desvelan las vidas de quienes ahí moraron. Su paso por Huesca dejó construcciones tan espectaculares como el castillo de Loarre, tan imponente que se utilizó como escenario para rodar la película ‘El Reino de los Cielos’; el de Monzón, que vigila desde las alturas el pueblo; la Ciudadela de Jaca, la única fortificación española de este estilo que se conserva intacta; o el de Montearagón, en Quicena, donde el rey Sancho pasó sus últimos días. También los palacios tienen gran protagonismo en esta tierra, pues dotan de una identidad única al municipio que los cobija. El de los marqueses de Urriés, en Ayerbe; el de Villahermosa, en la capital oscense, o el de Montcada, en Fraga, son algunas de las muestras más relevantes de la región.

Además de las grandes construcciones medievales, los admiradores de los edificios religiosos encuentran en la provincia oscense un patrimonio muy bien conservado y fascinante, que culmina con los municipios aragoneses participantes en el Camino de Santiago. El arte Mozárabe en las iglesias de Serrablo; el Románico de los monasterios de San Pedro El Viejo, San Juan de la Peña o Villanueva de Sijena; o el Barroco y su majestuosidad, presente en la basílica de San Lorenzo, de Huesca, y en la catedral de Monzón son algunas de los estilos de los que se puede disfrutar.

Contrastes

Aunque castillos, museos, iglesias y otros monumentos ya consiguen que Huesca sea una provincia mágica, el visitante no puede irse de la región sin disfrutar de la naturaleza salvaje que protege sus comarcas. Recorrer los valles del Pirineo, desde Ansó hasta Benasque, y seguir el curso de sus ríos; descubrir los ibones más impresionantes, como el de la Basa de la Mora, Estanés o Anayet, para observar como en sus aguas cristalinas se reflejan las altas cumbres; apreciar el encanto de la laguna de Sariñena, uno de los mayores humedales de España; o seguir las rutas de los tres parques naturales oscenses (Guara, Posets-Maladeta y el de los Valles Occidentales) están entre las excursiones más valoradas de esta provincia de fuerte carácter natural.

Además, este año, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido cumple un siglo de historia. Para celebrar la grandiosidad de sus más de 15.608 hectáreas y su carácter pionero en materia de conservación, más de 80 actividades ocuparán una efeméride tan importante para la provincia y la Comunidad, pues es el único Parque Nacional de Aragón. Más allá de los eventos organizados, es una maravilla paisajística en la que disfrutar de la fauna y flora típicas del Pirineo a través de excursiones y rutas para principiantes o para montañeros experimentados, como la senda por la Cola de Caballo o la ruta circular a las cascadas del Estrecho, Arripas y la Cueva.

Fiestas y leyendas

Visitar la provincia altoaragonesa implica vivir sus tradiciones y conocer sus leyendas (como las del origen de los Pirineos, del Santo Grial en el Monasterio de San Juan de la Peña, o de la Cruz de Sobrarbe en el escudo aragonés), pues ayudan a entender el carácter mágico de sus municipios y sus gentes. También es obligatorio participar en los Carnavales del Sobrarbe, animar cuando acaba un dance y brindar durante las fiestas de San Lorenzo, entre otras celebraciones, para poder disfrutar del encanto que inunda cada rincón de Huesca.

Turismo en familia y para todos

Viajar con niños es una experiencia maravillosa, sobre todo si el destino elegido está preparado para que los más pequeños de la casa disfruten y aprendan. En territorio oscense son muchas las excursiones que están adaptadas a los menores, pues combinan patrimonio cultural y natural con mucha diversión para contentar así a los visitantes infantiles. Buscar un tesoro en el castillo de Loarre y estrellas en el planetario, en Huesca; viajar en los trenes de montaña; trabajar como pastor durante un día, en Sabiñánigo; hacer la Vuelta a los Tres Lugares –Plan, Gistaín y San Juan de Plan– y admirar los contrastes de los municipios pirenaicos con la naturaleza que los rodea o seguir el itinerario interpretativo señalizado de Montfalcó y acabar merendando en el embarcadero del embalse de Canelles son algunas de las excursiones que las familias más aventureras no deben perderse.

Las barreras naturales de muchos emplazamientos han sido modificadas para que las personas con diversidad funcional y nuestros mayores puedan disfrutar de la magia de la provincia y los deportes al aire libre. El Parque Natural de los Cañones y Sierra de Guara o los miradores de Siresa, San Quílez y Castanesa tienen senderos accesibles; así como muchos museos oscenses, como el Centro de Interpretación ARCAZ de Riglos o el Ecomuseo de Aínsa.

Cuatro estaciones para vivir aventuras

Montañas infinitas donde el verde, el azul y el blanco componen paisajes únicos. La provincia de Huesca presume de unos parajes de gran belleza que invitan al ocio al aire libre, ya sea de las formas más activas a las más relajadas, y en cualquier momento del año, pues cada estación los viste de una forma única.

De cara a la primavera y el otoño se pueden seguir las rutas para descubrir el encanto de las altas cumbres del Pirineo o de la estepa monegrina, visitar sus tres parques naturales (Guara, Posets-Maladeta y el de los Valles Occidentales) o recorrer los valles pirenaicos, desde Ansó hasta Benasque, para contemplar su flora y fauna. Todos, planes perfectos para los amantes del senderismo.

El invierno, una de las estaciones más potentes en la provincia, es ideal para los seguidores de los deportes blancos. Practicar esquí alpino, de fondo o ‘snowboard’ en sus cinco estaciones (Candanchú, Cerler, Formigal, Panticosa y Astún) o esquí de travesía para descubrir la montaña en su plenitud son algunas de las actividades más usuales. También, para los aventureros invernales, se puede dar un paseo en moto, sobre raquetas o en trineo tirado con perros para contar con una visión diferente del Pirineo.

El verano oscense es 100% adrenalina. Hacer caída libre desde un puente, sobrevolar en parapente el Pirineo, descender las aguas bravas de un río de montaña, practicar barranquismo, escalada y vías ferratas o acudir a un parque multiaventura... Hay decenas de actividades, pues Huesca es una oportunidad única de vivir grandes aventuras.

Descansar también es hacer turismo en Huesca

Relax y aguas medicinales en entornos únicos. En parajes de paz y naturaleza se ubican tres de los balnearios más destacados de Aragón: los de Panticosa, Vilas de Turbón y Benasque. Invitan al descanso y a la contemplación de paisajes de gran belleza, pues se localizan en uno de los entornos más visitados de la Comunidad: el Pirineo. Aguas medicinales, tratamientos corporales y de belleza son algunas de las opciones de las que disfrutar si se busca una forma diferente de descubrir la magia de Huesca. Alojamientos que se adaptan al visitante. Una de las ventajas de la provincia oscense es la diversidad de alojamientos a los que se puede acudir según los gustos y apetencias del turista. Hoteles con spa, casas rurales o albergues de montaña son algunas de las opciones con más encanto y de las que disfrutar en cualquier estación.El sabor del Pirineo, en la mesa

Turismo enológico. Huesca se puede descubrir a través del color, olor y sabor de sus vinos, pues el mundo de la enología envuelve con su encanto paisajes, pueblos, viñedos y bodegas cargados de historia, belleza y calidad. La Denominación de Origen Somontano y la marca Vinos de la Tierra ofrecen diversas actividades para descubrir el proceso de elaboración de referencias de gran calidad. Cocina tradicional. La variedad de la huerta oscense, la calidad de la ternera pirenaica y de los embutidos artesanos y la fuerza de las recetas tradicionales, como las migas del pastor, el pollo a la chilindrón o los crespillos, consiguen que el visitante descubra la magia de Huesca a través de los cinco sentidos. Cabe destacar que son tres los restaurantes de la provincia que ostentan una estrella Michelin.El apunte: los más bonitos de españa

Tres pueblos oscenses han sido declarados, en los últimos años, los más bonitos de España. Ansó es uno de ellos, y destaca por ser un almacén de las esencias pirenáicas, ya que conservan gran parte de sus tradiciones y su traje típico. También Alquézar forma parte de este listado, un municipio declarado Conjunto Histórico Artístico, que se extiende, apiñado y amurallado, a los pies del Castillo-Colegiata de Santa María la Mayor. El conjunto es un pequeño reino anaranjado que cautiva y emociona. El tercer pueblo que forma parte de este grupo es Aínsa, capital del antiguo reino del Sobrarbe y de la actual comarca. Visitar esta localidad es viajar a la Edad Media debido al alto grado de conservación y la espectacularidad de las construcciones.

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