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Los personajes de antaño inundan las calles de Navarra

Los belenes vivientes y clásicos como el Olentzero, que dan vida al espíritu navideño por las calles de la comunidad.

Cabalgata.
Cabalgata.
Archivo fotográfico de Turismo Navarra

Música, magia y juegos infantiles, personajes de cuento e históricos, desfiles, ferias, exposiciones... La llegada de la Navidad marca en el calendario un periodo de tiempo lleno de actividades fantásticas que desafían al frío invernal y llenan las calles de luces, familias y risas. El espíritu navideño se siente en cualquier rincón, iluminado por un mercadillo navideño, un espectáculo o una melodía.

Navarra añade a los clásicos de estas fechas sus tradicionales belenes vivientes, representados a lo largo de todo el territorio y un auténtico reclamo turístico de la zona. Especial protagonismo tiene el nacimiento que se recrea en la localidad de La Ribera.

En el caso del Belén del municipio de San Adrián, una representación que tiene ya 35 años, participan más de 200 voluntarios. A lo largo del desfile se realizan varias pausas en las que se escenifican diversos fragmentos de la Biblia, a las cuales este año han decidido incorporar una danza hebrea.

Peralta, por su parte, acoge cada año a cerca de 4.000 visitantes que llenan las calles del casco antiguo del municipio espectantes por ver una obra de arte en la que participan más de 400 integrantes. Durante el recorrido, trazado cada año desde la iglesia de San Juan Bautista hasta los alrededores del Campanar, los visitantes pueden disfrutar de la bella estampa del nacimiento con la Sagrada Familia mientras el párroco narra el auto de celebración.

Treinta escenas componen el belén viviente de Cortes, que se celebró el pasado 18 de diciembre y cuenta con un elenco de 200 vecinos para dar vida a este capítulo de la vida de Jesús. En este caso la actuación no recorre las calles del municipio, sino que tiene lugar en un los jardines del castillo. Cualquiera de las representaciones preparadas con mimo y esfuerzo por los propios vecinos transporta a la antigua Judea de hace más de dos mil años al tiempo que reúne a miles de personas en una época donde lo más importante es el calor de los seres queridos.

Otra de las grandes tradiciones navarras es el peculiar personaje de Olentzero, un antiguo carbonero barrigudo y bebedor cuya tradición dicta que cada año baja desde las montañas del norte para repartir regalos a los niños.

Esta alternativa a la figura tan extendida a nivel internacional de Papá Noel, habituado con ropa de época, con la cara tiznada, una pipa y una boina, proviene de la cultura vasca, y en Navarra se celebra con un gran desfile en el que, Olentzero, que puede ser un muñeco o un actor, es llevado en volandas sobre una plataforma en la que está sentado por las calles de la localidad, al son de los villancicos populares, los txistus y los fanfarres, instrumentos típicos de la zona.

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