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El dueño del BMW que arrastró 400 metros a un guardia civil en Tauste lleva dos meses escondido

El coche fue hallado destrozado cerca de Tauste, donde la víctima fue arrollada en un control. 

El BMW implicado en los hechos fue hallado destrozado en Boquiñeni.
El BMW implicado en los hechos fue hallado destrozado en Boquiñeni.
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La experiencia confirma que no es fácil huir de la Guardia Civil o la Policía Nacional cuando se ha cometido un grave delito. Máxime, cuando se da la circunstancia de que la víctima de dicho delito es un miembro de alguno de estos cuerpos. Pero lo cierto es que hay alguien que lo está consiguiendo: se trata del conductor del BMW Coupé de color blanco que el pasado 23 de marzo arrastró 400 metros a un agente de la Benemérita tras darle el alto en un control preventivo en Tauste (Zaragoza). Este jueves se cumplirán dos meses de un suceso que pudo costar la vida al funcionario. Sin embargo, poco o nada se sabe del fugado, al que posiblemente alguien podría estar dando cobertura.

El autor del atropello circulaba solo en el vehículo cuando una patrulla le dio el alto en un rotonda situada a la entrada del polígono industrial Las Rozas. A los guardias les llamó la atención que se moviera por allí un sábado de madrugada, por lo que le hicieron indicaciones para que se detuviera. Al pedirle la documentación, el conductor dijo que no llevaba ninguno encima y les facilitó sus datos de palabra. Uno de los agentes fue a comprobar la filiación a través de la radio, mientras que su compañero se quedó esperando junto al BMW. Y en ello estaba cuando sintió que el hombre al que habían parado le cogía con fuerza del brazo y acto seguido pisaba el acelerador a fondo.

Por increíble que pueda parecer, dado el largo trecho que circuló prendido de un coche de gran cilindrada que huía a toda velocidad, el agente evitó ser atropellado y no sufrió lesiones graves. Eso sí, llegó al centro de salud de Tauste con una brecha en la cabeza que precisó de varias grapas de sutura. También presentaba múltiples magulladuras y erosiones por arrastre. El susto fue tremendo y hace unos días todavía continuaba recuperándose.

El guardia que prestaba servicio junto a la víctima consiguió apuntar la matrícula del BMW que se dio a la fuga, lo que resultó esencial para iniciar las pesquisas y tratar de encontrar tanto al vehículo como a su conductor. El primero se halló a las pocas horas del suceso aparcado en una calle de Gallur, a unos 10 kilómetros de Tauste. Y en la fotografía que publicó este diario, el turismo se encontraba en aparente buen estado. Sin embargo, parece que los investigadores no se lo llevaron de allí y días después apareció totalmente destrozado en la cuneta de la carretera VP-24, en el término municipal de Boquiñeni.

Destrozaron el BMW para destruir pruebas

Al BMW le faltaban las ruedas y tenía el parabrisas y resto de lunas rotas. El portón trasero estaba desencajado y la carrocería presentaba graves daños. Le habían arrancado hasta los tiradores de las dos puertas. La investigación sigue abierta, pero a todas luces no parece que se trate de un accidente sino de desperfectos claramente intencionados. Posiblemente, quien los haya causado, sea el conductor fugado o algún cómplice. Quería hacer desaparecer evidencias que podrían ser importantes a la hora de apuntalar la autoría del atropello. Por ejemplo, huellas. El hecho de que falten los neumáticos también podría dificultar la comparación del dibujo con las posibles marcas sobre el asfalto en el lugar del suceso.

El dueño del coche es vecino de Zaragoza

Las placas de la matrícula permitieron identificar al propietario del BMW, pero cuando la Guardia Civil se presentó en su domicilio preguntado por él no lo encontró. Y a día de hoy, parece que sigue en paradero desconocido. Porque es obvio que los investigadores le siguen el rastro de cerca y siguen practicando pesquisas para intentar localizarlo. Tanto a él como a cualquier otra persona en la que haya podido apoyarse para huir de la justicia. Su temeraria huida hará ya imposible saber si circulaba bajo el efecto del alcohol o las drogas, o si ocultaba algo que no quería que se descubriera en el vehículo. De lo que no se librará, una vez localizado y detenido, es de una previsible imputación por tentativa de homicidio, ya que su acción pudo tener fatales consecuencias. Como prueba, lo sucedido el 4 de marzo de 2016 en Barbastro, cuando un coche conducido por un menor arrolló y mató a un agente de la Benemérita en otro control.

Ocho años de internamiento en régimen cerrado y cuatro de libertad vigilada. Esa fue la condena que el Tribunal Supremo impuso al responsable de la muerte del guardia civil José Antonio Pérez, de 54 años. El conductor tenía entonces 17 años: le faltaban solo dos meses para la mayoría de edad. Se le acusó de conducción temeraria, homicidio doloso, tres delitos de lesiones y uno de conducción sin haber obtenido nunca el permiso. Los tres amigos del menor que viajaban con él, de 17, 15 y 14 años, resultaron ilesos.

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