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Se traspasa la centenaria ferretería de Méndez Núñez en Zaragoza

Fundada en 1925, Ferretera Aragonesa cuenta con más de 30.000 referencias y objetos que tan solo se encuentran aquí, como herraduras, pujavantes o cerraduras hechas a mano.

Miguel Ángel y Jesús, en la Ferretera Aragonesa
Miguel Ángel y Jesús, en la Ferretera Aragonesa
Camino Ivars

Desde hace unos días, quienes transitan por la calle Méndez Núñez de Zaragoza verán el cartel de ‘Se traspasa’ en la fachada de uno de los negocios con más solera de la ciudad: La Ferretera Aragonesa. Esta ferretería fundada en 1925 es actualmente propiedad de Miguel Ángel Ruber, Francisco Aparicio y José Binaburo, quienes han decidido ceder las riendas del negocio a punto de cumplir 100 años de actividad.

Quien más y quien menos ha pasado en algún momento por este mítico establecimiento. En su interior encontramos un completo catálogo con más de 30.000 referencias relacionadas con el mundo de la ferretería, la pintura, la decoración, la limpieza, la  cerrajería o el herraje de muebles, pilares fundamentales sobre los que se ha venido asentando este negocio de toda la vida. En la tienda, Miguel Ángel Ruber (66 años) se afana en ordenar y reordenar ajadas cajas de madera con letreros escritos a mano en los que se lee lo que contiene cada una de ellas: tornillos, bombillas, cerraduras, asas de arcones... 

“Nos hemos hecho muy conocidos porque aquí hay cosas que difícilmente se pueden encontrar en otros sitios”, afirma con orgullo; al tiempo que saca unas herraduras de la caja 003. “Tenemos los tornillos, el martillo de herrar y hasta pujavantes -un instrumento que se usa para cortar el casco a los animales de carga-”, relata. Pero, ¿eso se vende?, se preguntarán, “¡hombre que si se vende!, no todos los días, pero si no no estaría aquí”, responde enseguida.

Su fundador fue Eloy Aznar Val, natural de Fuendetodos, quien hace 97 años se trasladó a la capital aragonesa para “buscarse la vida”. Lo que no sabía es que lograría convertir su pequeña ferretería ubicada por aquel entonces en el número 8 de la calle San Jorge de Zaragoza en todo un referente, y en lugar de encuentro de ebanistas, carpinteros, cerrajeros, constructores y todo tipo de gremios. Sin olvidarse, eso sí, de los particulares. "Por este mostrador han pasado varias generaciones de la misma familia. Hemos atendido a abuelos y nietos”, asegura Ruber.

Se traspasa la Ferretera Aragonesa, en la calle Méndez Núñez de Zaragoza
Se traspasa la Ferretera Aragonesa, en la calle Méndez Núñez de Zaragoza
Camino Ivars

Pronto se mudaron a Méndez Núñez, a un local de amplias dimensiones que, aseguran; apenas ha sufrido modificaciones. Pasaron los años y el negocio siguió avanzando, a la vez que lo hacía el tiempo. De Aznar pasó a sus hijos, Saturnino, Ambrosio y Eloy. Este último se jubiló a los 92 años. “Lo recuerdo perfectamente, siempre vestido de traje, de negro, con sus gafas. Sabía mucho de todo, llevaba aquí toda la vida”, asegura José Miguel I. uno de los clientes de siempre.

“Cómo no lo iba a conocer bien si se criaron en la tienda desde niños”, añade Ruber. En 2005, Eloy decidió jubilarse y cederle el testigo a tres trabajadores de la casa que llevaban décadas a su lado y conocían sus entresijos de maravilla. Se trataba de Miguel Ángel, Francisco y José. De ellos, Ruber llegó el primero. Fue en enero de 1971. Tenía 15 años. “Mi tío era el cartero del barrio. Conocía al dueño y un día le dijo: tengo un sobrino que busca faena”, relata. Dicho y hecho: al día siguiente comenzó a trabajar en la oficina.

Se traspasa la Ferretera Aragonesa, en la calle Méndez Núñez de Zaragoza
MIguel Ángel Ruber, atendiendo a un cliente, este viernes por la tarde
Camino Ivars

Hoy, rodeado de cajas que se cuentan por cientos, apiladas unas sobre otras en estanterías que parecen infinitas en perfecto orden, Ruber se mantiene tras el vetusto mostrador del local ubicado a la entrada, a la derecha, hasta el cual no paran de acercarse clientes de todas las edades. Aitor García (18) acaba de mudarse a la ciudad desde Guipúzcoa, y ha entrado a comprar un destornillador. “Me ha llamado la atención la tienda. Vivo cerca y he entrado”, explica.

También llega Federico A., vecino de 75 años que cuenta con varios pisos, a los cuales realiza él mismo el mantenimiento. Tras toda una vida, la noticia le ha pillado por sorpresa: “Me he quedado frío. Es un comercio de los de siempre. En el que la gente entiende y sabe, y el personal te trata de maravilla. Es una pena”.

Se traspasa la Ferretera Aragonesa, en la calle Méndez Núñez de Zaragoza
Se traspasa la Ferretera Aragonesa, en la calle Méndez Núñez de Zaragoza
Camino Ivars

Una segunda oportunidad

La pérdida de un establecimiento con tantos años de historia a sus espaldas siempre es una mala noticia. Por eso, Ruber asegura que es importante que se siga apoyando el pequeño comercio, que es el que da vida a los barrios: “lo estamos dejando morir”. Aunque la decisión está tomada, los tres gerentes están dispuestos a esperar hasta agosto de 2023 para que aparezca el candidato perfecto. “Yo confío en que aparezca alguien, pero le tiene que gustar. Hay que saber y, sobre todo, tener ganas. Ojalá el negocio cumpla 100 años más, por lo menos”, afirma.

Sin embargo, aunque dar el paso ha sido “muy duro”, Ruber cree que ha llegado el momento de, por fin, tener una vida. “Hay días en los que mandarías todo a hacer puñetas, y otros no lo dejarías nunca. Lo único que me apetece tras más de 50 años detrás del mostrador es poder estar con mi familia, sobre todo con mi nieta. Confío en que aparecerá alguien, y lo voy a estar esperando hasta el último día”, concluye.

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