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Más de 2 años de obras en la plaza de Salamero: "En Madrid y Barcelona estaría terminada mucho antes. Van superlentas"

Comerciantes y hosteleros acusan la caída de clientes y esperan, junto a vecinos y empleados de la zona, que su reinauguración sea "lo suficientemente atractiva" para que compense las molestias sufridas.

Una mujer pasa junto a Comercial Algodonera en una vallada calle del Teniente Coronel Valenzuela, afectada por las obras en la plaza de Salamero de Zaragoza
Una mujer pasa junto a Comercial Algodonera en una vallada calle del Teniente Coronel Valenzuela, afectada por las obras en la plaza de Salamero de Zaragoza
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"¡Mira cómo está todo de tierra! Y los vecinos tienen toda la casa llena de polvo". Con una escoba en una mano Adolfo Cabello, conserje desde hace 26 años en una finca de la calle del Teniente Coronel Valenzuela de Zaragoza, barre el portal este martes por la mañana. Lo tendrá que hacer de nuevo por la tarde, cuando antes solo era necesario una vez al día. Es lo que tiene para su trabajo las obras de la plaza de Salamero. ¡Imagínate lo que conlleva de barro, suciedad... Sin olvidar el ruido!, advierte.

Alberto Gómez y Daniel M., empleados de la tienda de juguetes Toy Club Express (esquina con la calle del Azoque), aún recuerdan la expectación que hubo cuando se iniciaron los trabajos, allá para enero de 2020, tras ceder el techo del parquin subterráneo de la plaza (por un fallo de tipo constructivo). "Hubo momentos incluso divertidos, como cuando el concejal Fernando Rivarés (de Podemos) se encadenó a un olivo (al estilo Tita Cervera, junto a un tilo y su 'no a la tala', en el paseo del Prado de Madrid). Vino la Policía y se lo llevó", cuentan ambos jóvenes esbozando una sonrisa.

Eso fueron los primeros meses. Ahora, transcurridos 32 de obras, las percepciones en el entorno son otras y, por cierto, no muy positivas cuando se les pregunta. Los comerciantes y hosteleros de la zona acusan la falta de clientes, lo que se traduce en una merma para sus economías ya de por sí poco boyantes tras la crisis sanitaria del coronavirus.

"Hemos notado un descenso de ventas por la menor afluencia. No solo afecta a los viandantes, que evitan esta zona, sino también a la gente que venía al parquin. Mucha era de los pueblos, que aprovechaba para comprar en la ciudad. Ese tipo de perfil de cliente ha bajado mucho; está el parquin de Palafox, pero es más pequeño y con plazas reservadas a residentes o trabajadores", explican los empleados de Toy Club Express, al tiempo que añaden: "De momento, solo hemos visto la cara negativa de las obras. Ruidos, suciedad, polvo en el ambiente, caos de tráfico en la calle del Azoque... Deseamos que la reinauguración sea lo suficientemente atractiva para que compense estos meses de molestias", subrayan.

"De momento, solo hemos visto la cara negativa de las obras"
Alberto Gómez, trabajador de la tienda de juguetes Toy Club Express, en una esquina de la calle del Azoque.
Alberto Gómez, trabajador de la tienda de juguetes Toy Club Express, en una esquina de la calle del Azoque.
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Por su parte, Luis Fernando Fernández, gerente de Comercial Algodonera (66 años de tienda en la zona y ya por la tercera generación), se pregunta si los clientes que han dejado de venir retornarán una vez terminados los trabajos. "¿O ya nos habrán olvidado comercialmente hablando? Es muy difícil predecir eso. Y aunque la plaza quede muy bien, lo que hemos pasado lo llevamos aquí dentro", dice con cierta amargura. Habla de una caída de ventas de "entre bastante y mucho" y apunta que se han quedado en una isla. "A la izquierda había un local y cerraron y el bar de la derecha ha cerrado también. Las obras no han favorecido nada. Aún tenemos que dar gracias a Dios de que seguimos abiertos, pero lo hacemos peleando día a día con el público", afirma.

Al mismo tiempo, Fernández cuestiona el ritmo con el que marcha la reforma de la plaza. "En Madrid y Barcelona estaría terminada mucho antes. Las obras van superlentas. Durante mucho tiempo ha trabajado muy poca gente. Una plaza de estas dimensiones requiere más empleados trabajando y más en el centro de Zaragoza, con lo que tanto molesta", dice.

No obstante, el consejero de Urbanismo y Equipamientos del Ayuntamiento de Zaragoza, Víctor Serrano, informaba a mediados del pasado julio de que "se van cumpliendo los plazos del cronograma marcado por la dirección de la obra" y que se espera que "a finales de 2022 o inicio del 2023" los ciudadanos puedan disfrutar "de la plaza exterior, que estará urbanizada". Y es que los trabajos se han intensificado con la cimentación de las 'entrañas' del nuevo parquin mientras en el exterior se compaginan ya las tareas de reforma del tramo de la calle de Teniente Coronel Valenzuela, junto al Coso, tal y como pudo comprobar 'in situ' el edil. Además, Serrano quiso "pedir disculpas" a los vecinos por las molestias que generan las obras y reclamó confianza en el resultado final. "Porque el futuro próximo de esta plaza es ser una referencia y emblema de la escena urbana de la ciudad", añadió.

"Aparte de todas las molestias, que son infinitas, lo peor de todo es la sensación de que nos han dejado como si no importáramos nada"

Pese a estas palabras, Juanjo Frej, uno de los propietarios de Verones (tienda de ropa de caballero esquina con 5 de marzo), se muestra crítico con el Consistorio y se refiere a "una sensación de abandono". "Aparte de todas las molestias, que son infinitas: de polvo, ruido, el parquin cerrado, los inconvenientes que tiene la gente para pasar... Lo peor de todo es la sensación de que nos han dejado como si no importáramos nada; como si no fuéramos nadie", se lamenta. Recuerda que al inicio, llamó a Urbanismo y la persona con la que le pasaron al teléfono le comentó que estarían en contacto con los comerciantes y vecinos. "Y han pasado dos años de eso y es mentira. Hay un encargado de obra con el que podemos hablar cuando queramos, pero lo que reclamo es que se pasara una vez cada tres meses alguien de Urbanismo y nos explicara cómo van las cosas", resalta.

Eduardo Martínez, socio de Canterbury Salamero, en la avenida de César Augusto.
Eduardo Martínez, socio de Canterbury Salamero, en la avenida de César Augusto.
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En cambio, Eduardo Martínez, uno de los socios del Canterbury, señala que aguantan la situación que generan las obras con "estoicidad". "No me quejo; son cosas que hay que asumir y que le puede tocar a cualquiera. Entendemos que luego va a haber una mejora y que nos va a beneficiar", asegura. De momento, como a otros hosteleros de la zona, su facturación se ha resentido y agosto y septiembre prevé que pueda caer hasta un 20% al tener que cerrar la terraza: 15 mesas con capacidad para 60 personas. "Son 200 personas al día de menos y era lo que nos salvaba estos dos meses de poca afluencia porque la gente está de vacaciones o al estar las oficinas cerradas. Y al cerrar esta entrada del parquin, también se nota", explica Martínez, quien recuerda que los trabajos de la plaza comenzaron nada más salir de la pandemia. "En uno de los peores momentos".

"Aguantamos con estoicidad. Entendemos que luego va a haber una mejora y que nos va a beneficiar"

Así las cosas, vecinos, comerciantes y hosteleros ansían que llegue el día de su reinauguración. Finales de año o inicio de 2023 son los plazos previstos. Aunque hay algunos, como Luis Fernando Fernández, que se muestran escépticos con esas fechas. "No me fío. Será el 15 de marzo, no el 15 de enero", aventura con convicción.

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