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crónica política

Operación Romareda: en busca del acuerdo más difícil

El Ayuntamiento de Zaragoza inicia este martes un proceso de escucha a entidades y expertos que debería ser la base para lograr un proyecto de estadio consensuado por todos.

Operación Romareda.
Operación Romareda.
Guillermo Mestre

Como quien ve a Sísifo empujar por la ladera de la montaña una pesada roca que al llegar a la cima caerá de nuevo, los veteranos del Ayuntamiento de Zaragoza se sonríen cuando ven a los munícipes volver sobre la vieja aspiración del campo de fútbol. ¿Otra vez? Después de tres fracasos y millones de euros en el desagüe de los concursos de ideas, Zaragoza se adentra en la cuarta intentona con la desconfianza propia del que cuando se levanta siempre se vuelve a tropezar. Pero como el fútbol tiene mucho de ilusión, soñar con un estadio digno –el de hoy no es ruina, pero casi– parece obligado.

Los concejales se embarcan este martes en un proceso de participación publica –de escucha, le llaman también– en el que recabarán las opiniones de unas 50 asociaciones, colegios profesionales, expertos, instituciones y el Real Zaragoza, principal usuario del equipamiento municipal. Se esperan aportaciones sobre uno de los asuntos más remirados en el Consistorio desde que el 20 de enero de 1999 una delegación de la UEFA visitara Zaragoza y confirmara que La Romareda era ya entonces obsoleta.

El objetivo último es que entre unos y otros formulen una propuesta consensuada que no se trastabille como las anteriores. Se supone que con un acuerdo no habría un frenazo de la DGA (así pasó con el campo en Valdespartera en 2003), de los tribunales (es lo que ocurrió en 2006 con la reforma de La Romareda) o se lo llevaría por delante la falta de financiación (fue el caso del proyecto en la periferia de San José presentado en 2008).

¿Es posible? Vistos los antecedentes, es el acuerdo más difícil. En 2019, estuvo a punto de ocurrir. Eran los tiempos en que el presidente de Aragón, Javier Lambán, y el alcalde, Jorge Azcón, presumían de "buen rollo", como suele decir el regidor, y el socialista se sentía "concernido" con el estadio. Pero el 'feeling' se acabó esfumando: el PP sostiene que el PSOE tenía miedo de la foto del alcalde cortando la cinta de La Romareda, mientras que los socialistas no veían clara la recalificación de suelo público para construir 400 pisos con los que pagar el nuevo coliseo futbolístico. La llegada del virus puso la puntilla de aquello.

En noviembre del 2021, pasado lo peor de la covid, volvió a rodar el balón sobre el ‘folio en blanco’, sin líneas rojas. Pero ya no era igual. Las relaciones entre Lambán y Azcón renqueaban tras la pandemia y el ascenso del alcalde a la presidencia del PP las deterioró más. El campo se atascó en mensajes de Whastapp y conversaciones de café, según el PP porque el PSOE quería dormir el partido para evitar que se apuntara el tanto, según los socialistas porque el alcalde no proponía nada claro.

A un año de las municipales y con los nervios de todos a flor de piel, Azcón no dejará que su gran promesa electoral se atasque en el barro de una negociación con un PSOE de perfil que busca tiempo. Y que esconde lo crucial: ¿cuánto pondría el Gobierno de Aragón para pagar el campo? "¿Por qué tanta prisa después de 3 años? ¿Qué esconde? Interés electoral. El campo no va a estar en 2023, solo juega con las expectativas", dicen los socialistas. "El PSOE quiere frenar el estadio por tacticismo y conforme pasan los días se va a meter en un agujero más profundo", sostienen en el bipartito PP-Cs.

Llega la hora de la guerra de los relatos. Pero el gobierno municipal desliza ya algunas fechas: quiera o no el PSOE, participe o no la DGA, en julio debe haber una propuesta y en septiembre se lanzará el proyecto para que Zaragoza figure en la candidatura del Mundial 2030. ¿Llegará Sísifo a la cima de la montaña?’.

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