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Olek, ucraniano que vivió en Zaragoza: “Solo pienso en cómo salvar a mis hijos”

Este joven de 31 años ha vivido 12 veranos en la capital aragonesa gracias a un proyecto de acogida de niños huérfanos.

El refugio de Olek, joven ucraniano que pasó un periodos en Zaragoza.
El refugio de Olek, joven ucraniano que pasó un periodos en Zaragoza.
O.

Una vecina de Zaragoza nos puso el viernes pasado, cuando acababa de estallar la guerra entre Rusia y Ucrania, en la pista de Olek, un ciudadano ucraniano de 31 años que pasó 12 veranos en la capital aragonesa gracias a un proyecto de acogida de niños huérfanos. Son las 9.50 del lunes 28 de febrero. La llamada no durará mucho tiempo. Durante varios días nos ha ido contando por WhatsApp que hay mucho miedo. “Disparan a gente civil por la calle, como hicieron los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial”, explica.

Olek tiene miedo. Mucho. De hecho, pide que no pongamos su nombre completo ni dónde se encuentra en estos momentos con su mujer y sus dos hijos, un niño adoptado y la primera hija de ambos, de apenas un mes de vida. Suena muy agitado, la situación no es para menos. Una vez más, la noche no ha sido tranquila. No ha pegado ojo. “Es imposible, las sirenas, el miedo. Estamos en un refugio y nos vamos turnando para dormir”, relata.

Actualmente se encuentran en algún lugar cerca de Rumanía. Cuatro días antes, del 24 de febrero, día de que Vladimir Putin desatara la guerra, se encontraban en la mismísima capital, la castigada Kiev. “Decidimos irnos porque se decía que podía estallar el conflicto, pero no te lo acabas de creer del todo. De hecho, ese mismo jueves que comenzaron los ataques, pensábamos volver”, señala.

Hoy, con la mirada puesta en la supuesta negociación que podría determinar el futuro de Europa, Olek asegura que Putin no se va a detener: “Lleva ocho años preparándose, y si nadie lo para, él no va a parar”. Los hechos, explica, le recuerdan a la invasión de Checoslovaquia en 1938, la conocida como Crisis de los Sudetes que se convirtió en uno de los sucesos más significativos que tuvieron lugar antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial: “Europa tiene que entender que, si perdemos, Europa pierde”.

También recuerda lo ocurrido en Crimea en 2014, lugar que se convirtió en el foco de una de las peores crisis entre Rusia y Occidente desde la Guerra Fría. “Los ucranianos hemos luchado por defender los intereses de la Unión Europea y de una Europa libre. No atacamos a nadie, pero nos vamos a defender”, explica Olek.

“Ningún ucraniano quiere dar un trozo de nuestra tierra. Aquí cada hombre sabe qué hará todo lo necesario para defender su país”, admite. Unas palabras que quizás nunca imaginó tener que pronunciar, y una situación que ha hecho que el pueblo ucraniano se vuelque, más que nunca, con su gobierno actual. Parte de su familia, entre otros sus abuelos, residen muy cerca de la capital, donde se libra, desde hace días, la peor parte de la contienda. “Me cuentan que allí han destrozado edificios con misiles. Mi familia ha pasado los cuatro días escondida en un sótano”, relata.

También destaca la solidaridad que ha surgido entre los habitantes del país, que han creado redes de ayuda, envío de dinero y recursos para quienes afrontan situaciones más complicadas. “Ahora mismo tan solo pienso en cómo salvar a mis hijos”, admite.

Poco después de esta confesión se escucha el sonido de una sirena: “Lo siento. Lo siento. Tengo que colgar”. Al rato, cuando le preguntamos si están bien, manda una fotografía de una puerta carcomida y un angosto habitáculo que parece sacado de una película bélica. Pero no lo es. Aunque todavía resulte impensable a muchos, esta guerra no es ficticia: “Por favor, haz saber a la gente lo que está pasando aquí. Putin no va a parar. Están matando a gente civil”.

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