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Torrero se despide de su último mercadillo

El Mercado Torrero, situado en la avenida de América 3, abrió en 1954 y actualmente contaba con 5 puestos que bajaron la persiana la pasada semana.

Mercado de Torrero.
Mercado de Torrero.
Heraldo

El barrio de Torrero se despidió el pasado sábado del último mercadillo que quedaba en funcionamiento. Situado en la avenida de América, 3, el Mercado Torrero abrió sus puertas en 1954 y contaba con una clientela habitual extensa. Los vecinos lamentan el cierre ya que la desaparición de los mercados de proximidad siempre supone una mala noticia para un barrio.

Este mercado hace años llegó a tener cerca de 20 puestos y se vendía de todo”, explica Raúl Bernal, miembro de la Asociación Vecinal Torrero-Venecia. Actualmente contaba con cinco puestos de diversa índole, desde carnicería hasta pescadería pasando por alimentación y verdulería. “Era el mercadillo de referencia en Torrero y estaba bien ubicado”, expone Bernal quien además asegura que las causas del cierre no están relacionadas con una bajada en las ventas, sino porque los propietarios del establecimiento lo han vendido.

Mercadillo de Torrero.
Mercadillo de Torrero.
Heraldo

De hecho, Bernal explica que era un mercado muy activo y que “especialmente a raíz de la pandemia las ventas aumentaron muchísimo porque la gente comprendió la importancia del tendero de proximidad, el que te conoce, el que si hace falta te lleva la compra a casa”.

María José Almudí lleva más de 40 años vendiendo alimentación, y alrededor de los últimos 15 años su puesto ha estado situado en el Mercado de Torrero. “Vendía alimentación en general: encurtidos, bacalao, legumbres, latas”, explica Almudí a quien no le ha sobrado casi género tras el cierre. “Tengo clientes que son lo mejor y poco a poco se han ido llevando todo para que no me quedara nada”, agradece.

Bajar la persiana del mercado ha supuesto que los titulares de los puestos hayan tenido que buscarse otro lugar donde trabajar o se hayan jubilado. Para Almudí, el cierre ha conllevado la jubilación anticipada. “Me queda un año y medio para jubilarme, así que no me puedo poner a trabajar en otro sitio ni invertir en montar otro negocio para tan poco tiempo”, admite y añade que esta jubilación le ha supuesto “una pérdida económica sustancial”. Si bien es cierto que admite que “este trabajo machaca mucho porque son movimientos repetitivos, paso unas 10 o 12 horas de pie sin parar y físicamente se necesita un descanso, así que por esa parte bien, pero con este retiro anticipado se pierde mucho económicamente”.

Mercadillo de Torrero.
Mercadillo de Torrero.
Heraldo

Bernal apunta a que “la gente del barrio nos ha transmitido que tiene muchos recuerdos en este mercado, de venir a hacer la compra con sus padres cuando eran niños, por ejemplo”. También señala que desde los años 80 “se han cerrado los 10 mercados que había activos en la zona de Torrero-La Paz”. “Este cierre supone perder un punto de encuentro, la pérdida de puestos de trabajo, el suministro de alimentos de calidad y, sobre todo, supone perder un lugar que da una cierta calidad en cuanto a la salud mental de la gente”, explica Bernal. Y es que, asegura que “esa atención personalizada, vendedores que te preguntan cómo estás, no te pasa en grandes superficies” y afirma que “que todo esto desaparezca destroza la estructura social del barrio”.

Este miembro de la Asociación Vecinal destaca también que todos los productos que se vendían en este mercado eran de “artesanos y de proximidad”. Almudí explica que sus clientes valoraban “la calidad de los productos, la atención, el servicio personalizado y la cercanía, que son cosas que se pierden en las grandes superficies”. “El día de cierre, vino mucha gente llorando porque hace 41 años que estoy a su servicio y aunque antes estaba en otro mercado la clientela me ha ido siguiendo. Algunos me trajeron hasta flores”, añade.

Almudí recalca que “cada tienda que se cierra en el barrio es una pérdida para los vecinos que no se recupera jamás y esa calidad de servicio no se va a reemplazar por mucho que los productos sean más baratos en otros lugares”. Y subraya que “una tienda cerrada invita a los vecinos a no relacionarse y obliga a estar cada día más aislado”.

Bernal asegura que una de las cosas que va a plantear próximamente en la asociación es que se busquen fórmulas para potenciar los mercados de barrio porque “no solamente es un mercado que te abastece de alimentos, también de espíritu, de relación social y apoyo”.

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