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Más de 15 años sin 'picar' el mítico bonobús

Durante 23 años fueron la forma de pago de de los viajes de autobús urbano. Dejaron de utilizarse el 15 de septiembre de 2006, pero muchos zaragozanos todavía los recuerdan con nostalgia.

Se pusieron en funcionamiento el 15 de febrero de 1983 y hasta su desaparición en septiembre de 2006 se vendieron más de 111 millones de unidades. Eran los bonobuses, unos tiques casi desconocidos por los 'millenials', pero que durante décadas fue la forma de pago habitual para los zaragozanos que utilizaban el autobús urbano como medio de transporte público. 

Los había de diferentes colores, con fotos de los lugares más representativos de la capital aragonesa: desde espacios verdes hasta puentes y esculturas. Tenían diez viajes que se iban sellando uno a uno en la máquina ubicada a la entrada de cada autobús y ya entonces no era raro que los usuarios los coleccionasen. 

"Recuerdo que los guardaba siempre que podía y los ponía cogidos con una goma, como los cromos. Me mudé de vivienda y los tiré, pero me encantaban", asegura Antonio Mas, vecino zaragozano de 56 años. Nostalgia también la de Rosario Traín, de 76 años, que asegura que, además "de que eran muy fáciles de usar, parece que cundían más", dice sonriendo. "Lo guardaba siempre en el monedero metido en su correspondiente funda que, si no recuerdo mal, era de colores", dice Rosario. 

Fundas que daban si las pedías cuando adquirías el tique, pero que no recuerda Santiago Blasco, de 71 años. "Yo los llevaba en el bolsillo... Era un poco problemático, porque a veces se me doblaban y luego no entraban en la máquina", sostiene Blasco.

El mítico bonobús de Zaragoza.
Anuncio del adiós al mítico bonobús de Zaragoza.
Juan Carlos Arcos

También hacían las veces de marcapáginas, como bien cuenta Magdalena Gómez, zaragozana de 63 años. "No te creas, que a veces, cuando estoy con un libro, aún me acuerdo de lo útiles que eran para saber en qué página me había quedado leyendo".

Vagos en el olvido quedan los bonobuses para quienes tienen entre 25 y 30 años. Es el caso de Andrés Vicente, de 31. "Tengo que pensar mucho... creo que en alguna ocasión lo piqué en aquella máquina, pero no sé si era mío o de mis padres...", asegura el joven. 

Recuerdos de cartón que, hace mucho para unos y no tanto para otros, dejaron paso a las tarjetas, ya fueran de abono mensual o anual, o simplemente recargables, para pagar cada viaje. 

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