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Viajar en transporte público con la bici es un placer... siempre que la admitan y no debas despiezarla

Las condiciones para acceder a autobuses y trenes son muy restrictivas. Solo la línea de bus a Villamayor y el Cercanías lo ponen fácil.

Un ciclista accede a un tren de la línea de Cercanías Casetas-Miraflores.
Un ciclista accede a un tren de la línea de Cercanías Casetas-Miraflores.
Francisco Jiménez

Joaquín salió el pasado viernes de su piso en Utebo un poco antes de las 7.00. En poco más de cinco minutos llegó a la estación de Cercanías, pese a que se encuentra algo alejada del casco urbano. Se subió al vagón con su bici (sin coste adicional) y a las 7.21 ya estaba en la confluencia de la avenida de Goya con Fernando el Católico y la Gran Vía. Cuatro pedaladas y se sentó en el escritorio que ocupa en su trabajo. 

El trayecto fue cómodo. "Aún sería mejor si las frecuencias fuesen algo más espléndidas. Hay días que vuelvo en bici, pero otros en coche con mi pareja por la falta de trenes", valoraba Joaquín, sabedor de que la única línea de Cercanías constituye uno de los pocos ejemplos de intermodalidad ciclista que, a día de hoy, existen en Zaragoza y su entorno.

Porque no todos los viajes en transporte público son un camino de rosas si se pretende completar el itinerario sobre dos ruedas. La misma línea Casetas-Miraflores tiene sus limitaciones: los convoyes admiten un máximo de tres bicicletas a bordo, una regla que impide viajes en grupo y que, en momentos de especial demanda, pueden dejar a los usuarios en tierra. Una norma que, sin estar escrita, también aplica a los usuarios del Tranvía de Zaragoza: si la ocupación es alta, la bici, que en condiciones normales tiene reservado el mismo espacio que los carritos de bebé, se queda fuera.

Tampoco los autobuses rurales ni los del consorcio de transportes, que conectan la capital aragonesa con los pueblos del entorno, lo ponen, a día de hoy, especialmente fácil. Solo en la línea que llega a Villamayor de Gállego se puede subir la bicicleta y engancharla en unos anclajes colocados en febrero de 2017, los primeros en una línea de transporte público. El resto de líneas entienden este medio de transporte complementario como un equipaje, lo que obligaría, en cualquier caso, a desmontar la rueda delantera, el manillar y los pedales y enfundarla. Una labor que lleva no pocos minutos y que desnaturaliza la pretendida intermodalidad.

Entre los planes de la consejería de Vertebración del territorio, Movilidad y Vivienda se encuentra ampliar las opciones de los ciclistas, ya busquen desplazarse por trabajo o en busca de nuevas rutas de ocio alejadas de la ciudad. "El servicio seguro para transporte de bicis entre Villamayor de Gállego y Zaragoza es un hito ya que, al contar la bicicleta con un espacio propio y seguro, permite que el ciclista viaje de manera más cómoda. El nuevo mapa concesional de transportes -previsto para 2023- que está impulsando el Gobierno de Aragón contempla la extensión de este tipo de vehículos a más líneas metropolitanas", indican fuentes del departamento. José Luis Soro, presidente del Consorcio, agrega que “se trata de una clave para avanzar en el uso de la bicicleta”.

Interior de uno de los dos autobuses de la línea de Villamayor de Gállego, utilizada como experiencia piloto en el uso de bicicletas
Interior de uno de los dos autobuses de la línea de Villamayor de Gállego.
HA

La odisea de la larga distancia... y de viajar en grupo

Algunos operadores ferroviarios europeos reservan vagones enteros para el viaje de bicicletas, una quimera en los servicios que se prestan en España. Por ejemplo, un grupo que pretenda viajar en el Canfranero para hacer una tirada por el valle del Aragón podrá subir tres bicis sin desmontar y el resto, despiezadas y en una bolsa especial. Lo mismo ocurre si se pretende recorrer el camino paralelo al Canal Imperial desde su inicio, empezar en Teruel la vía verde de Ojos Negros o hacer cualquier ruta tomando como partida una localidad a unos cientos de kilómetros.

En los ferrocarriles de larga distancia y en la alta velocidad no se permiten, de ninguna de las maneras, una bici que se sostenga de pie. Para subirla a bordo, además del citado ritual de desmontaje, se ha de pasar por caja: este 'equipaje especial', como lo denomina Renfe, tiene un coste adicional de tres euros a sumar al billete. La recién aterrizada Ouigo tampoco ve un nicho en los ciclistas, ya que las condiciones que pone sobre la mesa sobre las mesas y la tarifa especial, incluso superior: acceder con un velocípedo a piezas cuesta nada menos que nueve euros.

En los autobuses privados, a veces, el asunto se enreda aún más. Depende de la compañía, claro, aunque la mayoría cargan un extra al viajero -similar al del transportín de una mascota o una tabla de surf- por subir la bici al maletero. En ocasiones, y atendiendo a la teórica integridad de las maletas, no basta con que esté desmontada y metida en una funda de tela y se exige que vayan embaladas en una caja.

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