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El nuevo barrio junto al Ebro toma cuerpo: "Cada vez hay más gente, sobre todo familias con niños"

La extensión del Barrio Jesús ha entregado 456 pisos y tiene otros 160 en construcción. Su ubicación junto al Ebro y su cercanía al centro, lo más valorado por los nuevos vecinos.

Las viviendas que dan al río se estrenaron hace dos años.
Las viviendas que dan al río se estrenaron hace dos años.
Francisco Jiménez

El nuevo desarrollo urbanístico junto al Ebro, extensión del Barrio Jesús, ya tiene la mitad de sus viviendas terminadas y entregadas. Sin que aún se hayan cumplido cinco años desde que empezaran los movimientos de tierras, ya hay 456 pisos terminados y otros 160 en construcción, de los 882 que hay previstos. La cercanía de la ribera del Ebro y su ubicación relativamente cerca del centro de la ciudad es lo más valorado por los nuevos vecinos, familias jóvenes que poco a poco van dando vida a las nuevas calles.

La urbanización de los viales se hizo en paralelo a la construcción de las primeras viviendas, pero hace tiempo que está terminada. Se han construido calles anchas, en general de un solo carril, y una zona verde con un parque infantil en la zona más cercana a Marqués de la Cadena. Este vial, la calle Cosuenda y la ribera del río son los bordes que delimitan este nuevo barrio, que queda encuadrado entre el Barrio Jesús (al oeste), Vadorrey (al este), La Jota (al norte) y el Ebro (al sur).

Los edificios acabados en general se levantan en la zona más cercana al río, donde se concentran los balcones decorados y los vecinos que entran y salen. “Cada vez se ve más gente, sobre todo familias con niños”, cuenta Antonia Rubio, que pasea con sus hijos Martín y César. A ellos les sedujo “el aire que te da la ribera y la cercanía al centro”. Aún sin tiendas, los servicios del día a día los buscan en Vadorrey -donde van los niños al colegio-, en La Jota o en el Barrio Jesús. Ante el aumento de cartillas sanitarias, Rubio pide “que se acelere el nuevo centro de salud” de la zona, ante la “saturación” que a su juicio sufre el de La Jota.

Alejandra Rubio, con sus hijos Martín y César (5 y 2 años).
Alejandra Rubio, con sus hijos Martín y César (5 y 2 años).
Francisco Jiménez

Ignacio Pemán, abogado de la junta de compensación que impulsa el desarrollo del barrio, confirma que los principales motivos de los nuevos vecinos son “el Ebro y su cercanía al centro”. “Son viviendas que están en un entorno urbano, eso es fundamental. Vas a ciudad hecha, no tienes que esperar 30 años a que vayan los vecinos”, comenta en comparación con otros desarrollos urbanísticos de Zaragoza.

Además, a su juicio “el Ebro cada vez tiene más importancia”, especialmente tras la profunda transformación que sufrió con los planes de acompañamiento de la Expo 2008. Ya para entonces el Ayuntamiento de Zaragoza quería que esta zona se hubiera impulsado. Por un lado, para aprovechar mejor la obra de la ribera; pero, además, para acabar con la marginalidad y el deterioro que se acumulaba en este terreno, lleno de viejas naves (la mayoría abandonadas) y de chabolas.

Sin embargo, la crisis inmobiliaria se cruzó y los planes se postergaron. A partir de 2014 se reactivaron, aunque los promotores pidieron al Ayuntamiento poder dividir el plan en varias fases. A finales de 2016 empezaron los primeros trabajos de urbanización, y en la primavera de 2019 llegaron los primeros vecinos. Carlos Iriarte fue de los primeros en llegar a la zona, y ahora observa “mucho movimiento de nuevos vecinos”, tras el “parón” que supuso la llegada de la pandemia. Cree que la zona “es muy agradable”, que las calles “están limpias” y que tan solo le faltan “algunas tiendas más”, después de los cierres que ha habido últimamente en el paseo de Longares.

Carlos Iriarte, vecino de la zona.
Carlos Iriarte, vecino de la zona.
Francisco Jiménez

Actualmente, en la zona se están levantando cuatro bloques que suman 160 pisos. Se construyen mediante el sistema de cooperativa en una parcela municipal y será VPA, aunque 36 de ellas serán viviendas sociales que gestionará el Ayuntamiento de Zaragoza.

Muy cerca de estas obras, en el ‘corazón’ de este nuevo desarrollo, sigue resistiendo la fábrica de los cosméticos Paquita Ors, la única empresa que quiso mantenerse en la zona y que no entró en el plan del Ayuntamiento para sacar la industria de este punto de la ciudad. Al no ser contaminantes, se permitió que mantuvieran la pequeña fábrica, que mantiene un hermoso jardín con una naranjos y una fuente que ahora quedan algo hundidos con respecto al nivel del resto del barrio. 

En medio de los 76.500 metros cuadrados de nuevo desarrollo urbanístico, el laboratorio supone un reducto del pasado industrial de la zona, aunque sus propietarios se aseguraron la posibilidad de terminar saliendo del barrio con la posibilidad de construir un pequeño bloque de viviendas.

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