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HOSTELERÍA

La casa rural El Rincón del Mielero, en Fuendetodos, levanta cabeza tras un 2020 casi sin reservas

Montse Gascón y su marido Fernando Pérez restauraron hace 13 años la casa que habían recibido en herencia para convertirla en un alojamiento turístico.

Montse Gascón regenta la casa rural El Rincón del Mielero, en Fuendetodos.
Montse Gascón regenta la casa rural El Rincón del Mielero, en Fuendetodos.
Heraldo

Montse Gascón nació en Fuendetodos y, tras una época viviendo en Zaragoza y trabajando en la confección, hace 30 años que regresó a su pueblo natal para no irse más. Allí tiene la carnicería, que también es obrador y reparte pan y otros productos a la comarca Campo de Belchite. La buena marcha de este negocio, al frente del cual le acompaña su marido, Fernando Pérez, les hizo aventurarse con la apertura de una casa rural en el pueblo.

Así nació, hace 13 años, El Rincón del Mielero, un alojamiento turístico en una casa antigua, que Montse recibió en herencia, y que restauraron para el nuevo uso. Su nombre hace un guiño a su tío, anterior propietario del inmueble y conocido como el mielero en Fuendetodos por su dedicación a la miel.

La casa tiene capacidad para 10 personas, con cuatro habitaciones dobles con baño y una quinta con dos camas. Solo se alquila de forma íntegra, lo que ha limitado mucho las reservas en tiempos de pandemia. “La gente no podía desplazarse y los grupos eran de pocas personas o solo de convivientes”, explica Montse. Este es el principal motivo por el que su alojamiento apenas ha tenido ingresos desde marzo de 2020. “Hasta el puente del Pilar no recibimos a nadie y en navidades apenas vino una familia, cuando de normal todos los fines de semana está reservada”, asegura.

Y es que el principal público de El Rincón del Mielero son grupos de amigos o familias que proceden de varios puntos de la geografía española y emplean este lugar como punto de encuentro para sus reuniones. Esto hace que, aunque tanto el verano pasado como este de 2021 haya mayores libertades de movimiento, la casa rural de Montse no esté demasiado demandada, ya que no vive del turismo. “Mis huéspedes aprovechan estas fechas para irse de vacaciones y hacer otros planes. Nuestra temporada alta es el otoño-invierno y algo la primavera”, explica Montse.

"Habitualmente, a no ser que sea una razón de fuerza mayor, el importe de la reserva lo guardamos para otro fin de semana, pero ahora siempre lo devolvemos"

Aun así, por lo que está viendo este año, hay más reservas de las que esperaba, teniendo en cuenta lo sucedido el pasado. Eso sí, también ha notado cómo los clientes esperan más a última hora para reservas y, por supuesto, se han tenido que flexibilizar las condiciones de cancelación. “Habitualmente, a no ser que sea una razón de fuerza mayor, el importe de la reserva lo guardamos para otro fin de semana, pero ahora siempre lo devolvemos”, comenta.

Esta no es la única adaptación del servicio que Montse ha tenido que hacer a causa de la pandemia. También ha tenido que invertir en más material para limpieza y desinfección, ha adquirido una máquina para oxigenar el aire y los tiempos se han dilatado. Junto con ella, una chica que trabaja tanto en la tienda como en la casa, la ayuda con estas tareas en épocas de mucha actividad.

Y es que no hay que olvidar que la principal fuente de ingresos y donde más tiempo tiene que invertir Montse es en la carnicería. Por suerte, este es su negocio más importante y, en tiempos de coronavirus, ha funcionado mejor que bien. “Sobre todo durante los primeros meses confinados, cuando todo se tenía que comprar en el pueblo, fue una locura”, recuerda. “Hasta junio se vendió bastante, era casi demasiado, pero gracias a eso hemos podido mantenernos económicamente, porque la casa no han tenido nada de ingresos”, añade. Una situación que, con una serie de gastos fijos a los que seguir haciendo frente, no es nada fácil de afrontar. A pesar de todo, Montse hace un balance positivo de los últimos meses. “No me puedo quejar porque hemos tenido salud, que es lo importante”, asegura.

Y no solo eso, sino que pese a todas las adversidades, en plena pandemia, la familia Pérez Gascón, ha abierto una segunda casa rural en Fuendetodos. Se llama El Mirador de Goya y es un proyecto que, aunque vio la luz a finales de 2020, lleva fraguándose siete años. En 2013, adquirieron una paridera en el pueblo y, entre su marido y su hijo, que trabaja en los parques eólicos de la zona, fueron construyendo la casa poco a poco, en los ratos que tenían libres.

Cuando ya casi estaba lista, llegó la pandemia, pero después de tanto tiempo invertido en el proyecto, no dejaron que la covid-19 truncara sus planes. La casa rural El Mirador de Goya abrió sus puertas con motivo de la Nochevieja de 2020, alojando a un grupo que quiso pasar allí el fin de año. La capacidad de este segundo alojamiento turístico es de 16 personas y dispone de barbacoa, jardín y zona de recreo infantil, entre otros servicios.

Al tratarse de una inversión más reciente, Montse todavía está pagando la hipoteca de este terreno, un gasto más que añadir a una lista que parece todavía más extensa cuando los ingresos son mínimos.

Por este motivo, aunque no es el tipo de clientela habitual ni la que más rentable sale, en los últimos tiempos, las casas se han ido alquilando a trabajadores que están en la zona, empleados en la construcción de nuevos parques eólicos y solares. “Sacamos menos dinero que cuando es para turismo rural porque no puedes pedir lo mismo por un alquiler de un mes que de un solo fin de semana”, asegura. Pero, frente a esto, ha podido más el importante descenso de la ocupación y Montse prefiere tener su casa alquilada antes que verla vacía, como le ha pasado durante tantos meses a causa de la pandemia.

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