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Peluquería Pilar Lacué, en Jaca: “Por suerte, el pelo crece y nos da cierta garantía de que trabajo vamos a tener”

Abrió su salón hace siete años aunque trabaja en el sector desde hace 29. A raíz de la pandemia se demandan servicios menos sofisticados pero la agenda siempre está llena.

Pilar Lacué abrió su propia peluquería en Jaca hace siete años
Pilar Lacué abrió su propia peluquería en Jaca hace siete años
Heraldo

Aunque ahora los servicios que se demandan en la peluquería Pilar Lacué son menos sofisticados, por suerte, la agenda siempre está llena. Este salón situado en la calle Mayor de Jaca se abrió hace siete años, pero Pilar, su dueña, lleva dedicada al sector casi tres décadas. Como prácticamente todos los negocios, el suyo se ha visto afectado por la crisis de la covid-19 pero, en su caso, no se puede quejar. “Afortunadamente, el pelo crece y eso nos da cierta garantía de que trabajo vamos a tener”, reflexiona.

Una reflexión que se materializa en el día a día de esta peluquería jacetana donde clientela no falta. De hecho, cuando pudieron volver a abrir tras el cierre obligatorio de los primeros meses de confinamiento, no consiguieron ponerse al día con las citas pospuestas hasta mediados de julio.

Pudieron, en plural, ya que junto a Pilar trabaja Leire Lozano desde hace muchos años. En tiempos normales, suele haber alguna otra persona contratada para refuerzo en época de mucha actividad o para cubrir vacaciones pero desde la pandemia se mantienen ellas dos como pueden.

La peluquería tiene 90 metros cuadrados por lo que en condiciones normales se podría atender a un buen número de clientes al mismo tiempo. Pero por seguridad, el aforo del salón lo han restringido a seis personas en total, incluidas ellas dos. Esto hace que solo puedan atender a cuatro clientes a la vez, cuando habitualmente podrían ser más. “Esto afecta a la rentabilidad del negocio pero ahora no son tiempos de priorizar eso. Preferimos trabajar en un ambiente seguro, con distancias y dando confianza al cliente”, asegura Pilar.

Para ello, en la Peluquería Pilar Lacué ha habido ciertos cambios que la situación ha obligado a hacer. Algunos de ellos parece que han llegado para quedarse, como el requisito, imprescindible ahora, de coger cita con antelación. “Antes, mucha gente pasaba por aquí a ver si les podíamos hacer un hueco rápido. Ahora solo atendemos con cita, lo que nos permite organizarnos y también repercute en un mejor servicio al cliente”, asegura Pilar.

Otro de los cambios, en este caso más bien impuesto, es que si de normal los sábados a partir de Semana Santa la peluquería se dedicaba por completo a peinados para bodas, comuniones y otros eventos de este tipo, a raíz de la covid-19, este día se prestan los mismos servicios que el resto de la semana. “Nos hemos adaptado a la demanda que hay actualmente y los sábados aprovechamos para hacer mechas o un alisado con queratina, tratamientos que llevan más tiempo y que antes solo hacíamos entre semana”, explica.

Casi todas estas adaptaciones, como el uso obligatorio y en todo momento de la mascarilla, o la desinfección y posterior guardado de abrigos y bolsos en una bolsa a la entrada del salón, se han hecho pensando en la seguridad del cliente. Pero hay una medida que también se ha tomado por el bienestar de Pilar y Leire. “Al principio trabajábamos de lunes a viernes, todo el día en jornada continua y los sábados por la mañana. Pasábamos tanto tiempo con la mascarilla puesta que teníamos dolores de cabeza y un médico nos advirtió de que no era saludable”, comenta Pilar. Por ese motivo, desde hace un tiempo, los lunes, de los días más flojos de la semana, la peluquería está cerrada. El resto, abren mañana y tarde con un descanso para comer, y los sábados por la mañana.

Pilar, en su peluquería de Jaca.
Pilar, en su peluquería de Jaca.
Heraldo

Una clientela que nunca falla

Aunque el negocio de Pilar se ha resentido por la crisis económica de la pandemia, no ha habido ni un solo día en este último año en el que no haya habido clientes en la peluquería. “Tenemos nuestro público habitual, que ya está fidelizado y cada cierto tiempo viene. La mayoría son mujeres jóvenes y de mediana edad que quieren probar nuevas técnicas y productos”, explica Pilar.

Lo que sí han notado en el salón es que, aunque prácticamente acude el mismo volumen de personas, los servicios que se piden no son tan sofisticados. Esto se nota empezando por los cortes, que ahora son más de saneamiento de puntas y secado al aire. “Nos piden que no nos esmeremos mucho porque de aquí se van a ir a casa a ponerse el pijama”, asegura. Aun así, a Pilar y Leire les gusta hacer las cosas bien y dejar a cada clienta tan bien peinada como si se fuera de boda. “Creemos que parte de nuestra labor es hacer que el cliente se vea bien y esté feliz. Animar a la gente e intuir una sonrisa detrás de la mascarilla cuando ven el resultado es muy gratificante para nosotras”, reflexiona Pilar.

Pese al importante descenso de los eventos típicos de la temporada de primavera y verano, cuando más se notó en la peluquería la falta de actividad social de la pandemia fue en navidades. “No hubo comidas, cenas ni vermús, el comercio y los restaurantes cerraban pronto y había poco movimiento”, recuerda. Esa ausencia de reuniones con amigos y familia es la gran culpable de que los servicios de peluquería que antes se demandaba un poco por capricho hayan prácticamente desaparecido.

Pese a ello, desde que estalló la pandemia, la peluquería de Pilar Lacué solo ha tenido que cerrar los meses obligatorios y un par de semanas el verano pasado, para vacaciones. Este año se repetirá la misma dinámica. “El turismo y las segundas residencias no se está notando mucho en este sector. Además la mayor parte de mis clientas también están fuera en estos meses y la actividad en la peluquería baja mucho”, asegura.

Mientras tanto, Pilar confía en que la normalidad se vaya recuperando poco a poco y, pese a todo, su balance es optimista. “La agenda la llenamos todos los días y eso es lo importante”, reconoce. De hecho, si alguien quiere pasar las manos de Pilar o de Leire, deberá coger cita con antelación porque casi nunca hay hueco para la misma semana. 

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