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Un Plan General con 20 años y algún achaque

Dos décadas después de la aprobación del documento, surge el debate sobre el camino que debe tomar la estrategia urbanística de la capital aragonesa.

Rafael Gómez Pastrana, José Atarés, Juan Alberto Belloch, Manuel Blasco y Antonio Gaspar, en abril de 2001, en el pleno de aprobación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU).
Rafael Gómez Pastrana, José Atarés, Juan Alberto Belloch, Manuel Blasco y Antonio Gaspar, en abril de 2001, en el pleno de aprobación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU).
Heraldo.es

Tras meses de reuniones maratonianas y noches en vela, el 30 de mayo de 2001 hubo fumata blanca. Los grupos municipales del Ayuntamiento de la capital lograban un acuerdo unánime histórico que ponía fin a un proceso iniciado 10 años antes y que involucró a tres alcaldes. Zaragoza, hasta entonces sin capacidad de crecer, ya tenía el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). Nacía una nueva ciudad, la de hoy.

Era una urbe con capacidad para más de 90.000 nuevos pisos, de los que un tercio estaban al sur. Dibujaba el barrio del AVE, la Expo de 2008, la salida de las industrias del casco urbano y la expansión residencial de los núcleos rurales. Al calor de las desgravaciones fiscales por la compra de vivienda y los bajos tipos de interés, el PGOU permitió sacar al mercado grandes bolsas de VPO en Valdespartera, Parque Venecia y Arcosur, cuando el ‘ladrillo’ alcanzaba el perímetro máximo de su burbuja.

20  años después, se abre el debate de si Zaragoza necesita otro PGOU. Solo con mencionarlo, los funcionarios veteranos ponen cara de espanto. Y no solo por el trabajo ingente o la tensión política, social y en el mercado inmobiliario. También por la suspensión de licencias que conlleva y que puede paralizar uno o dos años la actividad de un sector estratégico para el empleo.

Los que defienden un nuevo plan sostienen que la ciudad ha cambiado mucho y que el documento no puede asumir más remiendos (acumula 178 modificaciones). Otros creen que hace falta una Edusi o Estrategia de Diseño Urbano y hay quien dice que, con un texto refundido y un lavado de cara, el PGOU, aún con reservas de suelo para miles de viviendas, tiene vida por delante.

Al margen del instrumento, todos coinciden en que el documento empieza a tener achaques y que Zaragoza precisa una nueva política urbanística, no solo por las exigencias medioambientales o de movilidad, sino porque las necesidades han cambiado. El mercado ya no urge tanta VPO, a las que los jóvenes no pueden acceder por mera precariedad . ¿Cómo garantizar viviendas de calidad con alquileres asequibles y activar políticas de rehabilitación en un contexto postpandémico, verde y digital? Ese es el pacto que, 20 años después, la ciudad empieza a necesitar.

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