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"Me equivoqué al sacar el arma, pero los disparos fueron fruto del forcejeo"

El acusado del crimen de Reyes, en el que la víctima murió tras recibir cuatro balazos, dice que con la pistola solo buscaba «intimidar».

Abogado defensor y acusado interpretaron sobre el estrado su versión de los hechos. El letrado intentó utilizar con una pistola falsa, pero el presidente de la sala lo impidió.
Abogado defensor y acusado interpretaron sobre el estrado su versión de los hechos. El letrado intentó utilizar con una pistola falsa, pero el presidente de la sala lo impidió.
A. M. B.

Wilson de la Cruz Méndez, acusado de asesinar a Ariel Alberto Carrasco Viola mediante cuatro disparos a bocajarro, reconoció ayer haber subido armado al piso de la víctima, pero negó la intencionalidad y atribuyó la muerte de su compatriota dominicano a la mala suerte. La Fiscalía solicita para el procesado una pena de 30 años de cárcel por el conocido como crimen de Reyes, ocurrido el 5 de enero de 2015 en Zaragoza, y por otros delitos como robo, tenencia ilícita de armas y tráfico de drogas.

De la Cruz estaba junto a un compinche en el domicilio del fallecido para llevar a cabo una compraventa de 200 gramos de cocaína. A las puertas de la vivienda, en la calle de Navas de Tolosa, un tercer hombre que los acompañaba les facilitó un arma de fogueo y otra real «para intimidar», según defendió el encausado. El arma estaba cargada y preparada para disparar, aunque De la Cruz negó estar al tanto de esta circunstancia.

El acusado, y especialmente el abogado defensor, Daniel de Andrés, mantuvieron ante la Sección Primera y el jurado popular la tesis de la involuntariedad. «En un momento determinado tomé una decisión errónea, me equivoqué al sacar el arma y agarrar la sustancia, pero no quité el seguro en ningún momento», afirmó el procesado, quien acudió a acometer la transacción sin llevar suficiente dinero encima.

Fue en el momento en que trataba de abandonar el piso cuando, siempre según la versión de De la Cruz, la situación se descontroló: «Caminaba hacia la puerta y se me echaron encima. Ariel –la víctima– me agarró del brazo e intentó arrebatarme el arma. No solté la pistola en ningún momento y le decía que me dejara y fue entonces cuando se disparó. Ocurrió todo muy rápido y bajé corriendo al coche tras reponerme de un trompón».

Acusado y letrado repitieron a continuación el relato de los hechos mediante una inusual representación teatral en pleno estrado. El abogado trató de utilizar durante la ‘función’ una «pistolita de juguete», un punto al que no accedió el presidente de la sala. El encausado aseveró que ninguno de los disparos fue a quemarropa y que se enteró de la muerte de Ariel, miembro de la banda latina DDP, «por las noticias», cuando ya estaba huyendo de España «por los temores» ante unas posibles represalias.

«Una balacera total»

La hermana de la víctima, presente en el momento de los hechos, fue citada a declarar en calidad de testigo. Negó que el fallecido llegase a tocar el arma y aseguró que el procesado mostraba una actitud «esquiva» desde que llegó al piso. «Escuché unos gritos y vi cómo comenzaba la pelea y el tiroteo, porque en mi casa hubo una balacera total, así que llamé a la Policía», expuso la mujer, a quien su hermano, en plena trifulca, pidió ayuda:«Me decía que le alcanzara un cuchillo, que no se iba a dejar matar, pero la verdad es que en mi casa no se derramó más sangre que la de mi hermano». El juicio continúa hoy con la declaración de los agentes.

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