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"Ni intenté matarla ni le quemé con el cigarro, las cicatrices son de las chinches"

Un jubilado de Caspe se enfrenta a 12 años de cárcel acusado de un delito de tentativa de homicidio y dos de maltrato. 

El acusado, durante el juicio celebrado en la Audiencia de Zaragoza.
El acusado, durante el juicio celebrado en la Audiencia de Zaragoza.
Guillermo Mestre

No hubo cortejo ni relación previa. El Miloud B. perdió a la mujer con la que había estado casado casi 30 años y apenas tardó unos meses en pedir la mano de la que acabaría convirtiéndose en su nueva esposa. La ceremonia se celebró en Marruecos, pero la pareja se trasladó enseguida a vivir a Caspe. Y si rápido fue el matrimonio, no menos lo fue el divorcio, ya que el hombre terminó detenido por maltrato y tentativa de homicidio. La denuncia puso fin a la convivencia y ahora podría costarle hasta doce años de prisión al acusado, que este lunes lo negó todo durante el juicio celebrado en la Audiencia de Zaragoza.

«Ni intenté matar a mi mujer ni le quemé con el cigarro, las cicatrices que lleva en los brazos son de las chinches», declaró el presunto agresor. Los hechos que se le imputan se produjeron el 20 de septiembre de 2020, pero su expareja asegura que llevaba tiempo siendo víctima de malos tratos físicos y psicológicos. «Los tres primeros meses de matrimonio fueron buenos, pero después…», explicó. Según la denunciante, los reproches e insultos eran continuos, pero aquella tarde su marido cruzó la raya. «Me echó en cara que fuera más joven que él, porque tenía miedo de que lo dejara y me fuera con otro menos viejo», señaló la mujer, que ahora tiene 51 años. «Tiró la mesa al suelo –continuó–, me agarró del cuello con las dos manos y empezó a apretar. ‘Te voy a matar’, gritaba».

"Me echó en cara que fuera más joven que él, porque tenía miedo de que lo dejara y me fuera con otro menos viejo", declara la víctima

La versión del encausado fue bastante distinta. De hecho, aseguró que su exmujer se había dado cuenta de que él ya no la quería y le preparó una especie de emboscada. «Fue ella la que tiró la mesa y todo lo que había en la cocina. Yo no la agarré del cuello. Puede que las heridas se las hicieras con el velo o ella misma de forma intencionada», manifestó.

El hecho cierto es que la mujer salió al balcón pidiendo ayuda y minutos más tarde la encontraron prácticamente inconsciente en las escaleras del edificio, en el número 7 de la calle de Ramón y Cajal de Caspe. Según explicó la propia denunciante, gracias a su corpulencia logró zafarse de su agresor y emprender la huida. Sin embargo, cuando trataba de alcanzar la calle, le fallaron las fuerzas. «Estaba muy, muy nerviosa. No dejaba de llorar», contaron los dos policías locales que respondieron a la llamada de socorro.

La víctima apenas habla castellano, por lo que fueron dos hermanos de 11 y 14 años, también de origen marroquí, quienes ayudaron a los municipales a traducir lo que decía. Los menores, que viven justo debajo del matrimonio, declararon este lunes por videoconferencia. «Cuando salió al balcón pidiendo ayuda, yo vi que el señor la agarraba por los hombros, pero no por el cuello. Era la primera vez que escuchaba jaleo en el piso», explicaron los chicos.

La mujer «vio la muerte»

Las lesiones de la víctima no fueron graves, lo que llevó a la Fiscalía a preguntarle por qué declaró en su día que «vio la muerte».Sin dar una respuesta clara, la mujer se limitó a explicar que «al recuperar la consciencia y la respiración» se sintió «muy aliviada». En cualquier caso, parece que el informe de los forenses le permitió apuntalar la acusación por tentativa de homicidio. «La víctima tenía una contusión frontal compatible con un golpe de la cabeza contra la pared. Y los hematomas en ambos lados de la mandíbula son compatibles con un estrangulamiento manual. No se puede descartar que estas heridas fueran autoinflingidas, pero no tenían ese aspecto», explicaron. Los médicos reconocieron que la víctima tenía picotazos de chinches. «Pero estas heridas nada tienen que ver con las marcas de las quemaduras de tabaco", aclararon.

La acusación particular, a cargo de Javier Fernández Huguet, pidió idéntica pena que la Fiscalía, mientras que la defensa, por parte de Alejandro Sarasa, propuso la absolución o, de forma alternativa, 60 días de trabajos en beneficio de la comunidad por un delito de violencia familiar.

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