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Juicio en Zaragoza: "No me he atrevido a ver el vídeo de la agresión, esa noche cambió mi vida"

Una noche de fiesta en la popular discoteca La Casa del Loco ha marcado para siempre la vida de dos jóvenes, uno perdió el ojo y el otro podría pasar hasta 12 años en prisión.

El acusado, durante el juicio celebrado en la Audiencia de Zaragoza.
El acusado, durante el juicio celebrado en la Audiencia de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Han pasado más de dos años, pero nadie sabe todavía a ciencia cierta si fue un inoportuno empujón o un simple mal gesto el que desencadenó la agresión que se produjo en la madrugada del 3 de febrero de 2019 en La Casa del Loco de Zaragoza y que ha marcado para siempre la vida de dos jóvenes. Los dos tenían 23 años y los dos acudieron a la popular discoteca de la calle Mayor con sus amigos para pasar un buen rato. Pero uno se marchó de allí en ambulancia y el otro se enfrentó ayer a un juicio que podría costarle hasta doce años de prisión.

«No me he atrevido a ver el vídeo de la agresión, pero ese día cambió mi vida. Me siento disminuido, tanto físicamente como a nivel de confianza. No soy la misma persona», reconoció ayer Jesús A. Z. cuando declaró ante los magistrados de la Audiencia Provincial. Este ingeniero de diseño industrial era árbitro de fútbol y  al día siguiente tenía que pitar, por lo que se despidió de su cuadrilla y se encaminó hacia la salida del local. Pero apenas había dado unos pasos cuando se cruzó con Aarón B. F., el ahora acusado y al que hasta entonces no conocía de nada. Ni el uno ni el otro dicen recordar con claridad qué pasó. Y tampoco el visionado infinito de las grabaciones de las 16 cámaras de seguridad de la sala ha permitido precisarlo. Pero el hecho es que un vaso de cristal acabó estampado en el rostro de Jesús, le causó un estallido del globo ocular derecho y lo ha dejado tuerto.

La víctima: "No recuerdo ningún pisotón ni incidente previo. Solo tengo ‘flashes’, me marchaba a casa y me desperté en la cama del hospital"

«No recuerdo ningún pisotón ni incidente previo. Solo tengo ‘flashes’, me marchaba a casa y me desperté en la cama del hospital», explicó la víctima, al que representa el letrado Santiago Palazón. El cubata que portaba el encausado se rompió en mil pedazos y varios de ellos atravesaron sus párpados. La primera operación de urgencia sirvió para suturar las heridas, pero habría de someterse a una segunda en Valencia por un desprendimiento de retina.

Según explicaron los forenses, el joven ha perdido el iris y el cristalino del ojo derecho, con el que apenas distingue sombras. Le han diagnosticado además una fotofobia que condiciona su vida. «Puedo trabajar, pero no como diseñador    industrial 3D, que fue para lo que me preparé. He tenido que abandonar el arbitraje y tampoco puedo practicar deportes de contacto», contó con Jesús. El zaragozano sufre también un trastorno depresivo reactivo.

El acusado: «Solo me acuerdo de que vino un chico alto a pegarme y yo solo quería marcharme"

Los recuerdos del acusado no son tampoco muy diáfanos. «Solo me acuerdo de que vino un chico alto a pegarme y yo solo quería marcharme. Pero no pude hacerlo porque me estaban agarrando», declaró Aarón B. F., al que dos psicólogas propuestas por la defensa definieron como una persona «conciliadora y con una tendencia nula hacia la agresividad». El abogado Rafael Ariza citó también como perito al cineasta y premio Goya Gaizka Urresti, al que encargó que visionara una hora de grabaciones para intentar hacer ‘hablar’ a los fotogramas.

«Lo que se aprecia es que el joven más alto –la víctima– choca con el acusado. Se miran un segundo. Y, a partir de entonces, el primero hace retroceder al segundo hasta que se produce el impacto del vaso. No se percibe una voluntad de atacar del acusado, que incluso se había cambiado el vaso a la mano izquierda», señaló el director de cine. La defensa cree que  concurren las eximentes de legítima defensa, miedo insuperable e intoxicación por consumo de drogas y alcohol y pide la absolución.

Tras escuchar las versiones del acusado y del joven que perdió el ojo, la Fiscalía decidió elevar también a definitivas sus conclusiones iniciales y solicitar ocho años de prisión para el agresor, que carece de antecedentes penales y se encuentra actualmente en libertad provisional. De hecho, la jueza instructora del caso decidió sacarlo de prisión a los pocos días de su ingreso tras visionar las imágenes de lo ocurrido que aportó la sala de fiestas a la Policía Nacional.

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