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Seis años de cárcel para el joven que intentó disparar a 4 policías y fue abatido en El Gancho

El pistolero llegó a apretar el gatillo, pero no llevaba la munición correcta. Cargó contra dos patrullas distintas.

Joven juzgado por abrir fuego contra una patrulla de la Policía Nacional en la calle Pignatelli
El joven juzgado por abrir fuego contra una patrulla de la Policía Nacional en la calle Pignatelli
Oliver Duch

Empuñar un revólver y martillear el gatillo cuando apuntaba a cuatro agentes de la Policía Nacional le costará una condena de seis años y medio de cárcel a Tahirou Ndiaye, el pistolero que el pasado 22 de noviembre alteró la tranquilidad que reinaba en el Gancho aquella tarde de domingo. La Audiencia de Zaragoza entiende como probados los delitos de atentado (cuatro años de prisión) y de tenencia ilícita de armas (dos y medio).

El hombre, de 31 años y originario de Malí, se encontraba en la calle Cerezo cuando fue interceptado por una patrulla que le preguntó si llevaba algo que le pudiese comprometer, a lo que él contestó que llevaba «algo peor». Acto seguido desenfundó un revólver color plateado de su cazadora. El joven apuntó a ambos funcionarios, que retrocedieron, sacaron sus armas reglamentarias y le requirieron reiteradamente que les entregara la suya. Lejos de acatar la orden, salió con paso acelerado hacia la calle de Boggiero. Para proteger a los viandantes, los agentes se abstuvieron de disparar y les indicaron que se fueran del lugar al mismo tiempo que pedían refuerzos.

El condenado se topó entonces de frente con otra patrulla que, alertada por sus compañeros, le cortó el paso en la calle Cerezo. Se acercó a los agentes, volvió a desenfundar su revólver y les apuntó a través de la luna delantera del coche oficial. Ante esta situación, los policías bajaron del vehículo y se parapetaron detrás de las puertas. Uno de ellos salió al encuentro del detenido, que le apuntó a la cabeza a poca distancia, ante lo cual el agente se escondió tras una esquina. El encausado se dirigió entonces hacia el otro policía y martilleó su arma mientras le apuntaba a la cabeza.

Por fortuna, tal y como relató una perito durante el juicio oral, el arma estaba cargada «con munición de 9 milímetros», cuando el revólver está «diseñado para munición más pequeña», lo que evitó que las balas saliesen disparadas.

Temiendo por su vida, los dos funcionarios iniciaron una ráfaga de disparos contra el hombre. Apuntaron a zonas no vitales, de cintura para abajo, para evitar heridas de gravedad al sospechoso y a otras personas, ya que a raíz de la intervención policial había decenas de vecinos asomados a las ventanas de la calle Boggiero.

Uno de los cerca de veinte disparos impactó en la pierna derecha del acusado, que cayó al suelo y pudo ser reducido y asistido. Los policías le preguntaron por qué motivo no soltaba el revólver, a lo que él contestó que estaba «harto de todo» y que quería que «todo terminara». El arrestado fue llevado momentos después al hospital Miguel Servet, si bien la herida de bala en el muslo de la pierna derecha, con orificio de entrada y salida, no precisó de intervención quirúrgica.

Durante la vista ante la Sección Primera, Tahirou Ndiaye afirmó que desconocía que el arma era real y que pensaba que era «de fogueo». También sostuvo que la había adquirido «días antes». La realidad es que se trataba de un revólver en mal estado de conservación, pero todavía funcional. Está catalogado como arma de fuego corta y para su tenencia y uso por parte de particulares es necesaria la licencia de tipo B, algo de lo que carece.

La defensa, representada por la letrada Carmen Sánchez, podrá recurrir el fallo de la Sección Primera ante el Tribunal Superior de Justicia de Aragón (TSJA).

Salió de Zuera 15 días antes

El condenado está en situación irregular en España y cuenta con antecedentes por dos delitos de resistencia y otro de quebrantamiento de custodia. En estas causas se acordó la sustitución de las penas de prisión por su expulsión del territorio nacional durante cinco años. Finalmente, bien porque no pudo ser expulsado o porque regresó a España, acabó por cumplir la pena impuesta y salió de Zuera el 7 de noviembre, apenas 15 días antes de encañonar a los cuatro agentes.

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