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Absuelven al joven de 30 años que se acostó con una niña de 12 porque nunca supo su edad real

La Fiscalía solicitó una pena de cárcel de una década por abuso sexual. La menor le hizo creer que tenía 21 años.

La Audiencia Provincial ha absuelto a la farmacéutica acusada.
El hombre fue juzgado recientemente en la Audiencia Provincial.
Raquel Labodía

El noviazgo de un mes y las relaciones sexuales completas y consentidas que un treintañero mantuvo con una niña de apenas 12 años se han zanjado con la absolución del hombre, para el que la Fiscalía pedía una pena de cárcel de una década por un supuesto delito de abuso sexual. Y la sentencia de la Audiencia de Zaragoza es absolutoria no solo porque la menor accediese a los encuentros íntimos, como aseveró varias veces durante el juicio, sino también porque no se ha podido probar que el encausado conociese la edad real de la que fuese su pareja. Esta sostuvo desde su primera charla que ya había cumplido los 21 años.

El fallo de la Sección Tercera sería muy distinto sin el contundente testimonio de la chica, que durante toda la vista disculpó a su expareja y reconoció haber tejido un engaño en torno a su edad a base de continuas mentiras. De haber sabido el encausado que su exnovia en realidad tenía 12 años, la sentencia habría resultado condenatoria, ya que el consentimiento de un menor de 16 años no exculpa si el adulto es conocedor de la edad.

El joven y la niña se conocieron el 5 de mayo de 2017 a través del chat de Terra. Dos días después, tras intercambiarse los números de teléfono, comenzaron «una relación amorosa», tal y como la definió el acusado ante el tribunal. La chica le convenció de que tenía 21 años, pero que aparentaba muchos menos, una circunstancia que le «molestaba mucho».

Entre otros engaños, le hizo creer que trabajaba los fines de semana como camarera en un bar de La Muela, al que iba conduciendo. También que usaba el coche para llevar a su abuelo al hospital o a sus sobrinos al colegio. La chica fumaba y consumía alcohol y acompañó al procesado y a sus amigos a bares de copas, donde se desenvolvía con total naturalidad. Además, le convenció de que compartía piso con un amigo y de que se llamaba Anais, cuando su nombre real es otro. A las pocas semanas, y en vista de que la relación progresaba, la niña se escapó de casa y se marchó a la vivienda del hombre, con el que ya había trazado planes para vivir juntos.

Conoció la edad al ser detenido

Preguntada por la fiscal, la menor consideró que su edad real no se refleja en su cuerpo y psique: «Siempre he aparentado tener más años de los que en realidad tengo. Quizá no parecía tener 21 años, aunque me esforcé en contar muchas anécdotas para hacérselo creer». En el fallo, la Audiencia valora que «respondió a las preguntas que se le formularon segura, con determinación y soltura, actuando de forma desenvuelta y madura teniendo en cuenta que no ha cumplido aún los 17 años».

Del examen de la menor practicado por el IMLA se desprende que «tenía una edad biológica de 12 años y no de 18 años, si bien se la veía experimentada y con una madurez mental superior a su edad». También recogieron en sus conclusiones que la relación fue «buscada» y que se sentía «muy a gusto y cuidada» y en una situación «muy confortable», algo que no había ocurrido «en otras relaciones anteriores que también habían surgido a través de las redes sociales y que le habían hecho sentir como un trozo de carne, como un objeto».

El joven, defendido durante el proceso por la letrada Raquel Ginés, conoció la edad y el nombre de la que era su pareja cuando los agentes de la Policía Nacional le pusieron las esposas en su propio domicilio. Ocurrió el 1 de junio, precisamente el día en que la chica cumplía 13 años. Los agentes también encontraron en el piso a la menor, a la que buscaban después de que su familia denunciase que se había escapado de casa.

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