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Sucesos en Zaragoza

Juicio en Zaragoza: un eructo respondido con un botellazo acaba en un empujón mortal

Un joven fue juzgado ayer en Zaragoza por la muerte de un hombre al que recriminó que atacara a un disminuido psíquico en la terraza de un bar del Rabal.

El juicio se celebró ayer en Zaragoza.
El juicio se celebró ayer en Zaragoza.
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Un eructo. Un simple eructo emitido por un discapacitado psíquico en la terraza de un bar. Ese fue el detonante de un altercado de impredecibles pero fatídicas consecuencias, ya que un hombre de 53 años resultó muerto y otro de 23 podría acabar ahora en prisión. Como quedó claro durante el juicio celebrado ayer en la Ciudad de la Justicia de Zaragoza, el infortunio pesó mucho en el resultado del suceso, pero no menos lo hizo el alcohol. Porque    la persona que desencadenó la bronca al lanzar un botellín de cerveza al disminuido iba bastante bebida. Y cuando uno de los clientes del establecimiento le afeó su conducta y le dio un empujón, perdió el equilibrio y cayó de espaldas al suelo, con tan mala suerte que se golpeó la cabeza y sufrió un hematoma cerebral que resultó letal: no en el instante, sino varias horas después.

Los hechos se produjeron sobre las 21.45 del 22 de diciembre de 2019 en el bar el Capricho, ubicado en el andador Alberto Casañal, en la zona de Zalfonada del distrito del Rabal. Y por ellos se enjuició este lunes a Luis Javier R. H., uno de los hombres que se encaró con el almeriense Valentín M. G. –el fallecido– por atacar con la botella al disminuido.    Como explicaron los forenses que le practicaron la autopsia, su muerte se produjo como consecuencia de una fractura del hueso temporal, que le provocó una hemorragia interna de evolución lenta. La lesión no tendría que haberle costado necesariamente la vida, ya que podría haber sido tratada en el quirófano.

Sin embargo, la víctima, que llevaba varios años afincado en Zaragoza, se negó a ir al hospital y ayudado por varios amigos regresó a casa. A la mañana siguiente, su compañero de piso lo encontró muerto en la cama. De ahí que la Fiscalía no acuse ahora de un homicidio por imprudencia, sino solo por un delito de lesiones graves. El encausado «debió medir» el golpe o empujón y «representarse» las consecuencias que este podía tener, señaló durante su informe tras pedir a la titular del Juzgado de lo Penal número 6 que lo condene a tres años de prisión y le obligue a indemnizar al hijo de la víctima. «Estoy teniendo problemas psicológicos a raíz de esto», declaró ayer el joven por videoconferencia cuando le preguntaron si exigía alguna compensación económica. Sin embargo, no vino a recoger el cadáver de su padre y le dijo al juzgado que hiciera lo que tuviera que hacer con él.

"La Fiscalía quiere castigar con prisión la actitud de un señor al que debería poner de ejemplo", alega la defensa

Respuesta "proporcional"

«La Fiscalía quiere castigar con prisión la actitud de un señor al que debería poner de ejemplo. Nos quejamos de la pérdida de valores de la sociedad y se nos pide que ante el ataque a un desfavorecido nos quedemos de brazos cruzados. Nos parece una barbaridad», manifestó la defensa, a cargo del letrado José Cabrejas. Para este, solo cabe la absolución de su cliente, ya que «respondió de forma proporcional a una ataque previo e ilegítimo». «Salvo las dos personas que acompañaban al fallecido, que en lugar de reprocharle su actitud con el disminuido parecían reírle las gracias, nadie ha hablado    aquí de un puñetazo, sino de un simple empujón. Y no olvidemos que este joven estaba sentado tranquilamente con su mujer y sus hijos y se vio obligado a intervenir cuando una persona ebria en actitud claramente agresiva    puso en peligro no solo al discapacitado y a su familia, sino a todos los allí presentes», concluyó el abogado.

Se negó "dos o tres veces" a que lo llevaran al hospital

Una vecina escuchó gritos y al asomarse a la ventana vio como la víctima caía desplomada al suelo. Aunque las dos acompañantes del fallecido declararon ayer que Luis Javier R. H. asestó un puñetazo «de arriba a abajo» a Valentín M.G. cuando ellas lo sujetaban, esta testigo no vio que hubiera nadie rodeándolo. La vecina llamó también a una ambulancia, pero, tras una primera asistencia, la víctima se negó a que la trasladaran a un hospital para hacerle una exploración radiológica. «Se lo pedimos dos o tres veces, pero se empeñó en irse a casa. Y nosotros no podíamos obligarle», explicó uno de los sanitarios.

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