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Roban los datos de 228 personas que buscaban empleo para pedir créditos rápidos a sus espaldas

Los acusados se enfrentan a penas de entre 6 y 7 años de cárcel por apropiarse presuntamente de 200.000 euros.

Solo la acusada acudió ayer al juicio, ya que el otro investigado está en paradero desconocido.
Solo la acusada acudió ayer al juicio, ya que el otro investigado está en paradero desconocido.
Oliver Duch

La Audiencia de Zaragoza comenzó ayer el proceso contra una mujer acusada de participar en una estafa con 228 afectados a los que les robaron los datos personales para pedir créditos en su nombre. La Sección Primera sentó en el banquillo a Naima K., a la que la Fiscalía imputa los delitos de estafa agravada y suplantación de identidad y para la que solicita una pena de cárcel de 6 años y 3 meses. Debería haberle acompañado el supuesto cerebro de la trama, Carlos S., para el que el Ministerio Público pide 7 años, pero se encuentra en paradero desconocido.

Fue este último quien, presuntamente, urdió la estafa, en la que simulaba tener abierta una convocatoria de empleo para una empresa ficticia. El hombre habría citado a los aspirantes al trabajo en una oficina del paseo de la Independencia y en un espacio en el World Trade Center, en el Actur. Tras las entrevistas, el hombre se quedaría con los curriculums y las fotografías de carné de estas personas para, después, pedir créditos rápidos en internet. El encausado solicitaba sumas que partían de los 300 euros, pero en muchos casos se ampliaba el montante y en algunos llegó a alcanzar las cuatro cifras. Ninguna de ellas fue devuelta a las entidades crediticias.

Los 200.000 euros solicitados en total se ingresaban en distintas cuentas corrientes. Y aquí es donde entraba en juego la acusada, que en el momento de los hechos contaba con solo 19 años, y cuya presunta participación en la estafa consistiría en abrir las cuentas y retirar el dinero para enviárselo a su «jefe», como lo definió en todo momento durante la sesión, que le ofreció el puesto a través de una web. A cambio de algunas operaciones, la chica se quedaba con porcentajes de entre el 10 y el 25%, si bien defendió que ningún mes cobró más de 1.200 euros y que nunca tuvo contrato.

Naima, defendida por el letrado Rubén Cobo, sostuvo que desconocía lo ilícito de la actividad: «Confié en él desde el principio, me dijo que era abogado y que el dinero era de sus socios, que estaban en el extranjero, y que necesitaban los envíos para evitar trámites que yo no entendía. Y que, de hecho, sigo sin entender». Los hechos se desarrollaron durante 2017, año en que varias amigas y el hermano de la acusada también abrieron varias cuentas.

Anotaciones incriminatorias

El fraude se desmoronó cuando las sociedades crediticias comenzaron a reclamar el dinero de los préstamos, así como los intereses, a personas que jamás habían recurrido a este tipo de productos. Los agentes instructores del caso pudieron atar cabos gracias a la cascada de denuncias y a la colaboración de varias de las empresas, que encontraron patrones en las operaciones hasta localizar las cuentas a las que se destinaba el dinero.

Finalmente, la Policía detuvo al presunto cerebro en su domicilio en Logroño y le intervino diversos cuadernos donde anotaba los créditos obtenidos y las transacciones entre cuentas.

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