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El arte de averiguar la edad cuando no existe partida de nacimiento

El IMLA aplica desde 2019 un avanzado protocolo con el que determina el rango de edad de los menores no acompañados en los casos que resultan dudosos.

Los doctores Baena y Obón observan la 'foto' de una dentadura tomada con un ortopantomógrafo.
Los doctores Baena y Obón observan la 'foto' de una dentadura tomada con un ortopantomógrafo.
Guillermo Mestre

Toda persona vulnerable tiene derecho a un apoyo de las instituciones, pero este sustento cambia en función de variables como la renta o la edad. Por eso es importante precisar la fecha de nacimiento, o como poco acercarse a ella con un mínimo margen de error, una labor de la que se encargan los profesionales del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA), en los casos dudosos, sobre todo los que afectan a los menores no acompañados. ¿Y cómo se acredita la edad de una persona cuando no hay, si quiera, partida de nacimiento? «Desde 2019 aplicamos un protocolo que, entendemos, es del todo garantista. Consta de dos fases de valoración y una tercera que solo se aplica en casos excepcionales», cuenta Salvador Baena, médico forense del organismo público.

La primera de las pruebas comienza al poco tiempo de que la Fiscalía de Menores u otros órganos judiciales o administrativos la soliciten. En ella se valora el grado de madurez de los genitales y el vello corporal del chico –el 100% son varones–. En esta fase inicial también se le practica una exploración odontológica, en la que se ‘recuentan’ las piezas dentales que han salido por completo y se comprueba cuántas faltan o sufren de caries o desgaste. La tercera parte de esta tanda de exámenes concluye con una radiografía de la mano izquierda. «Los huesos tienen mapas de fusión que arrojan una edad ósea estimada», matiza Baena. Estos se leen a través de ‘líneas’ que se van modificando durante la vida.

Si tras el compendio de pruebas se determina que el chaval es mayor de 16 años, se pasa a la segunda fase valoración. Es entonces cuando entra en juego la joya de la corona del IMLA, el ortopantomógrafo digital, que permite hacer una fotografía en 360º de la dentadura para, después, estudiarla en dos dimensiones. Con ella se obtiene el tamaño de varias raíces dentales, clave en este paso, y se compara con las tablas de su país de origen, obteniendo así una cifra que se introduce en una fórmula estandarizada y que arroja un rango de edad.

El IMLA es el único organismo autonómico de su naturaleza que cuenta con un ortopantomógrafo digital.
El IMLA es el único organismo autonómico de su naturaleza que cuenta con un ortopantomógrafo digital.
Guillermo Mestre

Estas fotos tardan solo unos días en estar reveladas. «Solemos hacer las pruebas los miércoles y enviar los resultados el viernes a la Fiscalía», precisa Jesús Obón, odontólogo del Salud. Esta rapidez del sistema aragonés –es la única Comunidad que dispone del aparato– es un elemento disuasorio para aquellos que buscan aprovechar unos recursos pensados para los menores. «En términos médicos, es una medida preventiva», replica Baena.

Si llegados a este punto sigue sin saberse a ciencia cierta si el joven ha alcanzado la mayoría de edad, se pasa a la tercera fase de valoración. «Consiste en un TAC externo-clavicular. Se pide solo en casos muy dudosos porque, a diferencia de las anteriores, es una prueba con un índice de radiación alto. Por ello, el chico llega acompañado de un educador y un intérprete, cuando es necesario, para firmar un consentimiento expreso», detalla el forense.

El 64% son mayores de edad

El IMLA viene notando desde hace tiempo un aumento en la petición de periciales de este tipo, lo que le llevó a solicitar la adquisición del pantomógrafo. Desde entonces, ha concluido más de 42 informes relativos a menores no acompañados o a jóvenes que decían serlo. Del total de pruebas, el 64% revelaron que el chico en cuestión ya había cumplido los 18.

«Los dientes son la caja negra del organismo»

Hasta hace unos pocos años, las radiografías y las exploraciones superficiales eran las únicas pruebas a las que se podía recurrir para determinar si un joven era menor o mayor de edad. Pero los resultados no eran todo lo precisos que los profesionales de la medicina y la judicatura podían desear. «Sumar la ortopantomografía al proceso nos permite ser más precisos. Gracias a la comparación con tablas de población de referencia podemos dar un rango de edad más ajustado», cuenta Jesús Obón, odontólogo del Salud. No en vano, la dentadura funciona a modo de archivo histórico de todo lo que acontece en la vida de una persona. Para Baena, «los dientes son la caja negra del organismo, en ellos vemos reflejado las duras condiciones de vida que afrontan, sus viajes en patera, si han trabajado en una mina a los catorce años...». «Esa vertiente social –añade– se tiene en cuenta».

En un caso reciente en el que se cotejaron las condiciones de un joven guineano –al que corresponde la dentadura y los resultados de las fotos– pudo comprobarse como, pese a tener más de veinte años (así lo determinaron los expertos), a este le faltaba una pieza dental y tenía afectadas por las caries un total de catorce, teniendo «destruidas» cuatro más. Por si fuera poco, esta persona también tiene apiñamientos en un grupo de dientes. «Esto nos habla de un cuidado de la salud bucal inexistente, de una mala alimentación y de otros hábitos nocivos», argumenta Obón.

En las conclusiones extraídas de la prueba del ortopantomógrafo, se establece que estaría en una edad de 22,3 años, con un rango de error de 2,4 años. Este resultado se consigue comparando las distancias medidas «en los ápices de la raíz distal» con la media de su lugar de origen.

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