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medio ambiente

El espectáculo de los estorninos apura su temporada en Zaragoza

Miles de estas aves duermen a diario en la capital aragonesa. Su salida por la mañana y su vuelta por la tarde generan gran expectación… y también molestias.

Es un espectáculo diario, gratuito, al aire libre y sin aforo límite. La salida y llegada de los estorninos a sus dormideros de Zaragoza concitan cada día la atención un buen número de vecinos, que observan boquiabiertos las maniobras que realizan miles de ejemplares sobre los tejados de la capital aragonesa. Su presencia, no obstante, también genera quejas, principalmente por la ‘lluvia’ de excrementos que provocan. En algunas ciudades, como en Huesca, se han llegado a convertir en todo un quebradero de cabeza.

La especie que llega hasta estos lares suele ser el estornino pinto. Se trata de un pájaro que cría en el norte de Europa, pero que en invierno viaja al sur en busca de lugares más templados en los que poder buscar alimento. En Zaragoza su presencia no es para nada extraña, y todos los inviernos se cuentan por miles el número de ejemplares que pasan unas semanas o meses, distribuidos en dormideros más o menos grandes.

José Antonio Pinzolas, experto naturalista y técnico del Ayuntamiento de Zaragoza, explica que eligen la ciudad porque “es una isla de calor” en la que disfrutan de temperaturas más confortables y porque “hay menos depredadores” que en el campo, por lo que pueden estar más tranquilos. Todas las mañanas, salen de su refugio capitalino y vuelan varios kilómetros en busca de comida. Al anochecer, regresan a su refugio de Zaragoza.

Miles de estas aves duermen a diario en la capital aragonesa. Su salida por la mañana y su vuelta por la tarde generan gran expectación… y también molestias.

Tanto el momento de la partida como el de la llegada resultan realmente impresionantes, con miles de ejemplares volando de forma coordinada y dibujando en el cielo unas ondas muy características, con la banda sonara que provoca el sonido silvante que emiten para no chocar entre sí. Esos movimientos sincronizados, con constantes cambios de dirección, buscan evitar y despistar a los depredadores. En algunos puntos de Zaragoza, aficionados a la ornitología y a la fotografía se reúnen todos los días para captar un momento que suele ser fugaz, pero muy impresionante. “Dura un minuto o menos, pero te deja sin respiración”, comenta uno de ellos.

Los estorninos también generan problemas y quejas, que el Ayuntamiento de Zaragoza trata de atender. No es fácil, porque si se ahuyentan de un lugar, buscan otro cerca, así que el conflicto se traslada. “A los que nos llaman ahora les decimos que aguanten un poco, porque hacia el 15 de febrero volverán al norte de Europa”, señala Pinzolas. Este técnico de Medio Ambiente ha acudido recientemente a un “enorme” dormidero en una congregación religiosa del entorno del edificio Pignatelli, así como a otro ubicado en Casetas.

También tuvo que ir a una urbanización privada de Vía Hispanidad, donde se visibilizó el conflicto que generan: “Llevé los aparatos ahuyentadores, pero salió un vecino diciendo que por qué los queríamos espantar, que son una riqueza natural para todos. Le dije al presidente de la comunidad que lo sometiera a votación. No sé si lo hizo, pero no han vuelto a llamar”, explica Pinzolas.

Según informa, la mayoría de las quejas que llegan son “por los excrementos”. En el entorno de la ciudad generan problemas cuando se ceban con las olivas, uno de sus alimentos preferidos. “También hay quien protesta del ruido… Yo no lo entiendo, no nos quejamos del que generan los coches y nos quejamos de los pájaros”, apunta Pinzolas. Hasta hace unos años, el Ayuntamiento llevaba un censo del número de ejemplares que llegaban en invierno a la ciudad y de sus dormideros, pero ahora ya no se hace.

En Huesca conocen bien el problema de los estroninos, especialmente en el parque Miguel Servet. El Ayuntamiento mantiene una lucha contra esta especie desde 1992, ya que hay miles de ejemplares que se han acomodado en la capital oscense y ya no vuelan de regreso al norte de Europa. Llegó a haber picos de 131.000 pájaros en Huesca capital, una cifra que para 2017 se redujo en más de un 93%.

El 'tordocop', guardado en un almacén de Huesca.
El 'tordocop', guardado en un almacén de Huesca.
Javier Blasco

Sonidos de alarma, disparos de cohetes y candelas, luces con linternas o focos, aceites aromáticos… Se han probado todo tipo de métodos para ahuyentar a esta especie de las calles de la ciudad. A mediados de los años 90 se hizo famoso el conocido como ‘Tordocop’ (o ‘estorninator’), un muñeco con forma de cazador equipado con potentes altavoces que simulaban el sonido de los disparos… y que se acabó encariñando con los estorninos a los que tenía que espantar.

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