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Zaragoza

Tribunales

Dos años de cárcel, 3.000 euros y cursos de educación sexual por los tocamientos a una niña

La Fiscalía pedía 5 años de prisión para Dagoberto Buitrago por abusar de un menor de 9 años, hija de unos amigos.

El acusado, junto a su abogada, Trinidad Paño, en el pasillo de la Audiencia de Zaragoza antes del juicio.
El acusado, junto a su abogada, Trinidad Paño, en el pasillo de la Audiencia de Zaragoza antes del juicio.
Heraldo

Los tocamientos a una niña de 9 años no llevarán a Dagoberto Buitrago a pisar la cárcel. El hombre, que en el momento de los hechos tenía 56 años, ha sido condenado por la sección tercera de la Audiencia de Zaragoza por un delito de abuso sexual a menores. La sentencia, ante la que cabe recurso, lo condena a dos años de cárcel, pero al no tener antecedentes penales evitará, a priori, ingresar en prisión.

Por otro lado, tras el cumplimiento de la pena, se impone al acusado la medida de libertad vigilada durante un plazo de seis años, tiempo en que deberá someterse a programas de educación sexual. Y deberá hacer frente a una indemnización de 3.000 euros con la que resarcir los daños morales de la víctima, «cuya personalidad, en período de formación, ha quedado sin duda afectada». La defensa, ejercida por la letrada Trinidad Paño, había solicitado la libre absolución, mientras que la Fiscalía pedía cinco años de cárcel.

Los hechos por los que Dagoberto Buitrago ha sido condenado ocurrieron el 11 de julio 2019. Hacia las 19.00 de aquel día, la abuela de la víctima se encontraba con esta y su primo –de dos años– en un centro de culto evangélico al que solían acudir. Como los niños se aburrían, accedió a que fuesen a casa del condenado, amigo de la familia y en especial del padre del más pequeño. En el domicilio estaba también la esposa de Dagoberto.

Fue en el piso donde se produjo la agresión sexual. La niña, tras sufrir los tocamientos, se marchó al baño durante unos momentos y, al salir, solicitó regresar a la iglesia. El condenado le contestó que esperase a que viniesen a buscarlos, algo que ocurrió al poco tiempo, cuando llegó al domicilio su tía, que en ese momento no sospechó nada.

La víctima, afectada por la experiencia, no contó nada de lo sucedido hasta una semana después porque tenía miedo de que no diesen veracidad al relato. «Todos dicen que es muy buena persona, nadie me iba a creer», llegó a decir. Primero le reveló los hechos a su hermana mayor y después a su madre, la cual acudió a la comisaría a presentar la denuncia con la que arrancaron las pesquisas.

El informe pericial de la psicóloga del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA) y de la trabajadora social con la que se entrevistó la niña ratifica que «la menor no tiene alterada la percepción de la realidad», por lo que «lo narrado por la niña cumple todos los requisitos para considerarlo creíble».

Negó en rotundo los hechos

Durante el juicio, el hombre se justificó y negó en rotundo las acusaciones. «Yo no toqué a la niña. Para mí todo esto resulta increíble», declaró ante el tribunal. Preguntado por lo ocurrido contó que aquel día le dejaron a su cargo a la pequeña y a su primo: «Era la primera vez que ella subía a mi casa. Pero el niño es como mi nieto porque conviví durante un tiempo con sus padres y tenemos una gran relación».

La sentencia recoge que «la realización de tocamientos tuvo un inequívoco carácter sexual» y que esto «no puede haber escapado a la conciencia del autor». Sin embargo, no agrava la pena ya que «no se aprecia en la conducta del acusado una superioridad sobre la víctima más allá de la que todo abuso sexual a una menor conlleva de por sí».

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