barrios de zaragoza

Continúa la pelea por conseguir agua corriente en los caminos de Montañana

La Plataforma Vecindad Sin Agua, que representa a unas 50 viviendas de la zona, recuerda que decenas de vecinos carecen de este suministro y pide una solución definitiva.

Acequia en Montañana
Acequia en Montañana
A. E.

El problema del agua corriente en los caminos que rodean el zaragozano barrio de Montañana es un asunto complejo y que viene de mucho tiempo atrás. Hoy día continúa siendo una de las principales reivindicaciones del barrio, que reclama agua corriente para las torres y viviendas agrícolas que hay diseminadas en la zona.

La Plataforma Vecindad Sin Agua ha vuelto a señalar que, en pleno siglo XXI, algunos habitantes de los caminos Ronda y Jarandín siguen viviendo como lo hacían sus antepasados: recogiendo agua de lluvia y de las acequias para abastecerse. La entidad surgió hace más de un lustro para dar voz a esta antigua demanda y asegura que “el fin último” es que la red de abastecimiento llegue hasta estos inmuebles.

Nos obstante, la solución no es sencilla y la lucha por el agua no ha estado exenta de escollos. Uno de los episodios que más revuelo causó se produjo en 2015, cuando un camión cisterna del Ayuntamiento de Zaragoza tuvo un accidente mientras rellenaba un aljibe. El incidente puso de manifiesto que, hasta ese momento, el agua se suministraba de manera gratuita a los moradores de estas viviendas, por lo que el servicio se interrumpió.

A raíz de aquello, el consistorio estableció que los vecinos tenían que pagar una tasa de 14 euros por metro cúbico. “Llenar un aljibe de 10.000 litros cuesta 140 euros. En Aragón se consume de media 150 litros por persona y día, por lo que una familia de 4 miembros consume unos 600 litros cada día”, explica Ángel Escuín, presidente de la plataforma. Las cuentas dicen que esa familia media pagaría unos 3.000 euros al año por disponer de agua potable. “La gente aquí no gastamos tanto, somos mucho más conscientes”, añade.

Por ello, muchos vecinos optan por comprar el agua embotellada para beber y usar la de las acequias y la lluvia para los quehaceres diarios o, directamente, comprarla a empresas privadas. “Cada uno se busca la vida. Hay empresas privadas, y más baratas, que suministran agua a los vecinos cuando la necesitan”, añade el portavoz.

Uno de los mayores problemas de estas viviendas, según la alcaldesa del barrio, es que se encuentran en suelo rústico no urbanizable. “Se supone que por él no pueden pasar tuberías”, explica Cristina Vargas desde alcaldía. Por este motivo, hace unos años presentaron una moción para intentar cambiar la catalogación del suelo en la que hubiera viviendas diseminadas por la de núcleo rural tradicional. Aunque no prosperó, Vargas se plantea trabajar en una nueva moción para conseguirlo.

Depósitos de agua en Montañana
Depósitos de agua en Montañana
A. E.

Vargas calcula que hay unas 45 viviendas sin agua en la zona, aunque reconoce que hay “unas cuantas más” que son ilegales. No obstante, recuerda que la mayoría son edificaciones construidas antes de 1959, “por lo que son viviendas legales”.

Con todo, fuentes del Ayuntamiento de Zaragoza recuerdan que el servicio de abastecimiento solo se presta a las viviendas que están construidas conforme al planeamiento y que la construcción de la acometida siempre corre a cargo del propietario. Su coste depende de la envergadura de la obra y de la distancia que haya desde la vivienda hasta la tubería general.

Escuín, desde la plataforma, reconoce que el consistorio no tiene obligación de llevar la red de abastecimiento hasta estos caminos, pero lamenta las trabas que año tras año les pone la administración. “Queremos que nos faciliten que podamos tener agua. La gente está dispuesta a pagar el enganche y la tasa, pero nos dicen que los caminos no se pueden levantar… Solo hay excusas”, apunta.

Desde alcaldía abogan por que a corto plazo se pueda establecer alguna subvención o ayuda para que el precio del agua de los camiones cisterna sea similar al precio de la capital y, a medio plazo, por que las viviendas cuenten con conexión a la red.

Además, Vargas critica el estado actual de los caminos señalados tras varias semanas de obras. A pesar de que a los vecinos siempre se les ha dicho que esas vías eran impenetrables, desde comienzos de julio se trabaja para instalar bajo tierra el cableado de fibra óptica de Amazon. “La zanja ha estado abierta cerca de un mes y los caminos han quedado muchísimo peor que antes”, concluye.

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