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sucesos

El repartidor que se fugó tras el atropello mortal de Ejea se enfrenta a 2 años de cárcel

La Fiscalía lo acusa de homicidio por imprudencia, pero él dice que era de noche y no creía haber embestido a una persona.

Los especialista de la Guardia Civil inspeccionan el vehículo que atropelló a la víctima.
Los especialista de la Guardia Civil inspeccionan el vehículo que atropelló a la víctima.
Guardia Civil

Hacía solo un día que había llegado desde Almería a Ejea de los Caballeros para buscar trabajo. El 27 de marzo de 2018, Daniel O. N., de 23 años, madrugó para probar suerte en el matadero del polígono Valdeferrín. Sobre las 6.10, caminaba por el lado derecho de la A-125 cuando un vehículo lo atropelló y le causó la muerte en el acto, según dirían luego los forenses. Su cuerpo quedó tendido en la cuneta y no fue hasta las 7.45 cuando un camionero que pasó por allí lo avisó a la Guardia Civil.

Gracias a los fragmentos hallados en el asfalto, el Grupo de Investigación y Análisis de Tráfico (GIAT) pudo saber que el peatón había sido embestido por una furgoneta Iveco. Por ello, buscó todos los vehículos similares matriculados tanto en Zaragoza como en Navarra, ya que la carretera donde se produjo el atropello une la capital de las Cinco Villas con Tudela. Las grabaciones de las cámaras de la Policía Local de Ejea fueron también determinantes.

Apenas 38 horas después, los especialistas de la Guardia Civil habían averiguado que el joven de origen ghanés había sido arrollado por la furgoneta conducida por Jesús R. C., de 58 años. Descubrieron que el investigado trabajaba como repartidor en una empresa de frutas de Zaragoza que servía mercancía por la provincia. Al ser detenido, el hombre dijo que no era consciente de haber atropellado a un ser humano y solo admitió que al pasar por Ejea, todavía de noche, notó un impacto y creyó haber golpeado a un animal.

No había amanecido todavía

Pero con los informes de la Guardia Civil, la Fiscalía no opina lo mismo y mantiene que el conductor atropelló a atropelló a Daniel O. N. porque ignoró las «normas de cuidado más elementales» y «no prestó atención a la conducción». Según el atestado, el tramo donde se produjo el atropello es recto, con una ligera pendiente inferior al 5% y la calzada, de 6,30 metros de anchura, presenta buen estado de conservación. «En el momento del accidente no existían circunstancias atmosféricas adversas y la superficie estaba limpia y seca», describe la Fiscalía. Añade que, aunque cuando se produjo el atropello aún era horario nocturno, faltaba muy poco para que amaneciera y no era noche cerrada. Además, el tramo está iluminado con farolas y delante de la Iveco circulaban dos coches con las luces puestas.

«Tras el accidente, el acusado ni siquiera bajó de su vehículo, a pesar de los importantes desperfectos que presentaba la furgoneta y continuó su ruta de reparto sin avisar a las autoridades», dice la acusación pública. Por estas razones, considera que el conductor es autor de un delito de homicidio por imprudencia grave y solicita una condena de dos años de cárcel y la privación del carné de conducir durante cuatro años. Como responsabilidad civil, reclama el pago de una indemnización de 34.706 euros para el hermano del acusado, cantidad de la que deberá responder solidariamente junto con la compañía MGS Seguros.

La defensa, a cargo de Ana Alcay, mantiene que su representado sintió un golpe en su furgoneta y pensó que debía ser un ciervo, porque en esa carretera hay señales que alertan del paso de animales y ya le había salido alguno en otras ocasiones. Alega también que la víctima iba sin chaleco reflectante y andando por donde no debía en el mismo sentido de marcha de los vehículos. Por ello, pide la absolución. 

La muerte de un vecino de Paracuellos de Jiloca, sin resolver

El pasado 19 de mayo se cumplieron cuatro meses del hallazgo de un cadáver en la cuneta de la N-234, carretera que une Calatayud con Paracuellos de Jiloca. El fallecido resultó ser Georgel P., de 52 años y vecino de esta última localidad. Sin embargo, hasta la fecha ha resultado imposible poner nombre al conductor del vehículo que lo embistió, ya que se dio a la fuga. En un primer momento, no se podía descartar nada. Ni siquiera que la muerte se hubiera producido en otro lugar y hubieran arrojado después el cuerpo en la cuneta. Sin embargo, parece que la autopsia ha revelado que las lesiones que causaron la muerte al inmigrante rumano eran compatibles con un atropello.

El fallecido, al que apodaban ‘Gelu’, estaba viviendo en casa de un amigo de Paracuellos de Jiloca ya jubilado. Se había instalado en su casa a principios de enero, por lo que apenas lo conocían todavía en el pueblo.

La Guardia Civil no lo está teniendo fácil para resolver el caso. Cuando se produjo el accidente llovía y se borraron algunas huellas. Pero confía en localizar al responsable.

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